octubre 15, 2021

Familia del periodista argentino Sebastián Moro, muerto en Bolivia, reclama justicia

Penélope Moro, hermana del comunicador, inició una campaña internacional para exigir el esclarecimiento de su presunto asesinato, en el marco del golpe de 2019. La acompañaron la Embajada de Argentina en Bolivia y organizaciones de derechos humanos de ambos países.

El golpe de Estado de 2019 dejó a su paso 38 asesinados, la mayoría por balas policiales y militares. Entre ellos, hay un caso particular, porque no fue cometido en el marco de alguna de las masacres, como las de Sacaba o Senkata.
El periodista argentino Sebastián Moro habría recibido una golpiza la noche del 9 de noviembre, horas antes de que fuera derrocado Evo Morales. Fue hallado inconsciente y estuvo en coma seis días en una clínica paceña hasta que falleció.

Dos años después de su muerte sospechosa, Penélope Moro regresó a La Paz para encabezar el reclamo de justicia para su hermano. Durante el Gobierno de facto de Jeanine Áñez (2019-2020) la causa judicial no había avanzado ni un milímetro.

Con la recuperación de la democracia, un año atrás, se reunieron algunos elementos para realizar la investigación correspondiente sobre lo ocurrido al periodista, que entonces se desempeñaba como corresponsal del diario argentino Página 12.

«Vamos a acompañar el reclamo de la familia Moro, como viene haciendo el Gobierno de Alberto Fernández. Solicitamos el esclarecimiento de los asesinatos cometidos en esos trágicos días de noviembre», dijo Ariel Basteiro, embajador de Argentina en Bolivia, durante la conferencia de prensa del lanzamiento de una campaña internacional para exigir justicia por el periodista.

Basteiro recordó que el golpe «dejó un saldo muy alto de vidas humanas, bolivianos que salieron a defender la democracia. En el caso de Sebastián, él venía a tratar de esclarecer al mundo lo que pasaba en Bolivia».

La campaña internacional fue presentada en la Casa Argentina, de la ciudad de La Paz. Allí se reunió personal diplomático, decenas de periodistas locales, así como integrantes de organizaciones de derechos humanos de toda Bolivia. A través de una pantalla llegaba vía Zoom la contraparte argentina: cien entidades de derechos humanos compartían, preguntaban y apoyaban al reclamo que ahora une a ambos países.

«No estamos solas»

«Me he sentido muy abrazada por las organizaciones de Derechos Humanos que aquí he conocido. No pensaba que iba a ser así. Esto demuestra que no estamos solas», dijo Penélope Moro en referencia a su familia: ella, su madre Raquel, su hermana Melody y su sobrina Sabina.

La hermana de Sebastián recordó que cuando estaba en la provincia de Mendoza, de donde es la familia, «veía la tele con la impotencia de no poder estar acá, reclamando junto a los hermanos que perdieron a sus seres queridos en las masacres, mientras Bolivia miraba para otro lado», dijo Moro a Sputnik.

Durante las semanas que lleva en Bolivia, Penélope trató de tomar contacto con las organizaciones de familiares de víctimas de las masacres. Así conoció a Gloria Quispe, cuyo hermano Antonio Ronald Quispe Ticona, de 24 años, recibió una bala en la cabeza frente a la planta de combustibles de Senkata, aquel inolvidable 19 de noviembre de 2020.

«He tenido reparación para mi alma y mi corazón al encontrarme con Gloria Quispe, con quien somos hermanas, porque compartimos el mismo dolor», dijo Moro, quien también es periodista. Y agregó: «Quien no pasa por la misma situación, no tiene idea de lo que atravesamos, más allá de que pueda brindarnos empatía y solidaridad».

Por ello, «solamente entre nosotras podemos calmarnos y fortalecernos», afirmó.

«La idea es vincularme con todos y cada uno de los familiares a quienes les robaron la vida de sus seres queridos, probablemente con balas argentinas, por lo cual también quiero pedir disculpas al pueblo boliviano. No me corresponde, porque no era parte de ese Gobierno criminal, pero me siento avergonzada por eso», dijo Penélope en conferencia de prensa.

«Tratamos de repararnos al generar unidad con nuestros hermanos. Aquí quedó la vida de Sebastián. Lo veo aquí cuando camino por La Paz, cuando me abrazan organizaciones, periodistas y compañeros. Veo a Sebastián cuando puedo compartir el dolor, también la fuerza, con una hermana como Gloria», agregó Moro.

Fotos de los hermanos

Quispe y Moro, permanentemente cargan en sus manos las fotos de sus hermanos. Gloria recordó que en 2019, «truncaron el camino de estos jóvenes, personas que tenían la vida por delante, que formaban una familia, que estaban estudiando y luchaban por tener una mejor vida».

Mientras no encuentren justicia, para esta mujer alteña «se siguen vulnerando nuestros derechos como personas, también la memoria de nuestros seres queridos. Madres, hermanos y viudas no vamos a descansar hasta tener justicia», aseguró.

Y afirmó que «aquí no hay justicia. Queremos que haya un avance. Con la hermana Penélope compartimos este dolor, esta pérdida. Nos quedamos viendo una fotografía, cuando quisiéramos volver a abrazar a nuestros hermanos».

En este sentido, Moro solicitó al Estado Plurinacional «que actúe con rigurosidad. Los periodistas que no forman parte de los medios hegemónicos pero bajan a la calle a defender la verdad, son silenciados y siguen siéndolo».

En estos días, en Bolivia vuelve a enrarecerse el clima político, con una oposición que había apoyado al golpe de 2019 y actualmente amenaza al presidente, Luis Arce, con repetir la historia.

«Esto no es venganza. Queremos dejar las cuestiones partidarias de lado. Esto es en defensa de la democracia de nuestros pueblos, porque no puede haber más derramamiento de sangre. No podemos seguir en debates estériles: tenemos que defender la vida», remarcó Moro.

En la causa judicial para esclarecer la muerte de Sebastián Moro hay varios huecos. En un principio, la justicia del Gobierno de facto no pidió las imágenes de las cámaras de las calles por donde transitó el periodista el 9 de noviembre de 2019. Meses después, dijeron que ya se habían perdido.

Hasta esa fecha, Moro trabajaba en Miraflores, en la sede de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), donde era jefe editor del periódico orgánico Prensa Rural.

Esa vez Sebastián tuvo que escapar de su oficina, porque los grupos civiles golpistas se preparaban para tomar la sede. Su jefe, José Aramayo, había sido atado a un árbol de la acera por los furibundos pititas.

Regresó a su departamento en Sopocachi, donde escribió su última nota para Página 12. Avisó por celular a su familia que salía a dar una vuelta para despejarse, luego volvería a dormir. Pero no se comunicó más.

Al día siguiente, lo encontraron inconsciente en su departamento, que estaba revuelto. Faltaban su libreta de periodista y su chaleco de prensa. Era 10 de noviembre, día en que el entonces presidente Evo Morales (2006-2019) presentó su renuncia, amenazado por las Fuerzas Armadas.

El 11 de noviembre llegó Penélope a La Paz para cuidar de su hermano, internado en la clínica Rengel. Estaba en coma. Había sufrido un ACV (accidente cerebro-vascular) y tenía golpes en todo el cuerpo, que según los médicos habían sido provocados por terceras personas.

Sebastián falleció el 16 de noviembre de 2019. Tenía 40 años. Ante la falta de Gobierno en Bolivia, se le sugirió a su familia que cremara el cuerpo y regresaran a Argentina. La Embajada de ese país, todavía en manos del expresidente Mauricio Macri (2015-2019) se negó a darle atención a sus ciudadanos.

Sin otra opción, y ante el temor por sus vidas, tuvieron que aceptar la cremación, lo cual perjudica a las investigaciones judiciales.

Entre los citados a declarar por el asesinato, resalta el exdirigente de la CSUTCB Nelson Condori. Durante los días del golpe se había pasado al bando de los pititas, a quienes ayudó a invadir su organización. En su testimonio, Condori aseguró que nunca había conocido a Sebastián Moro, a pesar de que trabajaban en la misma casa.

La abogada de la familia Moro, Mery Carrasco, expresó su desconfianza por el testimonio de Condori. Y dijo que evalúan otras maneras para conocer cuál era realmente la relación entre ambos.

A pesar de la lentitud de la justicia, Penélope está segura de que conseguirán lo que anhelan.

Sabemos que va a costar. Sabemos que va a llevar mucho tiempo. Pero no vamos a parar. Tarde o temprano la verdad triunfa. No hay manera de que se vayan a salvar de un juicio, como el que ellos negaron a nuestros hermanos, a quienes asesinaron por la espalda o en la oscuridad de la noche».

Moro sostuvo que «juicio justo les va a llegar. No estamos apurados. Tenemos toda la paciencia del mundo, porque sabemos luchar».

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