octubre 28, 2021

Pueblos indígenas y conservación en la ecología-mundo

Por Rafaela M. Molina Vargas *-.


Los territorios indígenas coinciden con las regiones más biodiversas. Por ello se relaciona la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas con los pueblos indígenas. Sin embargo, los pueblos indígenas son un tercio de la población pobre del mundo [1] y son altamente vulnerables [2]. Por lo tanto, asegurar mejores condiciones de vida, reivindicar sus derechos individuales y colectivos, humanos y territoriales, no puede separarse y menos subordinarse a la conservación de los ecosistemas.

Ciertos sectores ambientalistas y conservacionistas han intentado vincular los pueblos indígenas con la conservación de la naturaleza en los últimos años. Sin embargo, evaluaciones del tema [1] reconocen que muchas estrategias de conservación, como la imposición de áreas protegidas, pueden representar una amenaza a los pueblos indígenas [1]. Sin ir muy lejos, en 2020 el gobierno de Estados Unidos paralizó el financiamiento al Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), a la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre (WCS) y otras ONGs conservacionistas por haberse demostrado el uso de sus fondos para “asesinato, tortura severa, abusos y violaciones múltiples” asociados a la creación de Áreas Protegidas en África y Asia [3].

A pesar de que algunas estrategias de conservación sean profundamente criticables en la práctica, no existe suficiente debate de los efectos directos e indirectos que las mismas pueden tener sobre las personas. Tampoco hay suficiente reflexión acerca de las razones profundas por las que buenas y verdes intenciones camuflan el surgimiento de formas diversas de violencia y su reproducción cotidiana.

En los años 80, las políticas de deforestación en Brasil, la emergente noción de degradación ambiental, junto con las investigaciones en etnobiología y ecología cultural, contribuyeron a representar a los indígenas de la Amazonía como símbolos clave para la conservación [4]. A partir de eso empezó a asociarse la idea de la conservación de la biodiversidad al “modo de ser indígena”, a su esencia [5], y, en consecuencia, se fue consolidando la idea del “noble salvaje ecológico” [6].

El origen de esta noción del buen salvaje ecológico se remonta a filósofos europeos del siglo XVIII como Rousseau o Thomas Moore, quienes idealizaron a los indígenas del Nuevo Mundo como inocentes del pecado y en perfecta armonía con la naturaleza [6]. Esta visión primitivista y colonial se basa, por un lado, en la homogenización de sus comunidades y culturas; y por otro, en el énfasis de su “otredad” y hasta exotismo como base de su relación con la naturaleza.

Lamentablemente este enfoque incorporado y amplificado por ONGs conservacionistas internacionales, regionales y locales de América Latina y el Caribe logró instalar esta concepción distorsionada de los pueblos indígenas. Esta concepción llega a concebirlos como objetos o, peor aún, herramientas de conservación, reduciéndolos a un rol de protectores o “custodios de la naturaleza” [5]. En cambio, la pobreza, la precariedad en la que viven, sus necesidades, demandas, los complejos procesos y conflictos, quedan completamente invisibilizados.

Hoy, en pleno siglo XXI, desde ONGs, partidos políticos e incluso activistas bienintencionados, se siguen reproduciendo, ya sea consciente o inconscientemente, comprensiones reduccionistas de los pueblos indígenas, cargadas de colonialidad.

Uno de los más frecuentes y camuflados ejemplos de esta reducción es la diferenciación de indígenas buenos y malos. Los indígenas buenos son aquellos que, como se espera, defienden la naturaleza y promueven la conservación por encima de todo. Los malos son los que, evidenciando la pobreza y marginación en la que viven, además de defender sus territorios demandan mejores condiciones de vida y más servicios públicos, generalmente asociados a nociones de “progreso” o “desarrollo”. Cuando los indígenas deciden involucrarse en la política partidaria son los vendidos, los manipulados o simplemente los tontos útiles.

En cada contexto particular, los escenarios suelen ser mucho más complejos. Sin duda gobiernos, ONGs u otros actores intentan y consiguen cooptar representantes indígenas. Sin embargo, la diferenciación maniqueísta de los indígenas de acuerdo a una agenda particular impide comprender sus realidades y complejidades.

Una muestra de respeto genuino hacía los pueblos indígenas en Bolivia implica respetar sus instancias de organización y representación como legítimas y no asumirlas similares a voces personales. En la mayoría de comunidades indígenas del Oriente, las decisiones y las dirigencias son decididas en asambleas generales. Es decir, la comunidad elige a sus representantes, que se deben a ellas, y a su vez las decisiones definitivas se toman colectivamente. En otras palabras, las voces de representación legítimas sobre la comunidad son las que resultan de estas instancias propias. En contraste, las voces personales, que pueden ser disidentes, son opiniones y posiciones respetables pero personales.

Para empezar a transformar esta visión subordinante y colonial hacia los pueblos indígenas, el primer paso es respetar sus organizaciones, es aceptar que su representación emerge de instancias de decisión colectiva, y es respetar la legitimidad de esa representación, aunque no nos gusten y no coincidan con nuestras propias prioridades. Solo así se puede empezar a pensar y actuar, junto a ellos, en cómo fortalecer la gestión sustentable de sus territorios y facilitar su capacidad para seguir transformando el Estado Plurinacional.


  • Bióloga, con maestría en Ecología, Biodiversidad y Evolución en la Universidad La Sorbona, ecosocialista, feminista, miembro del Comando Madre Tierra.

1       Conklin, B. A., & Graham, L. R. (1995). “The shifting middle ground: Amazonian Indians and eco-politics”. American anthropologist, 97 (4), 695-710.

2       Cimadamore, A., Eversole, R., & McNeish, J. A. (2006). Pueblos indígenas y pobreza. Enfoques multidisciplinarios. Buenos Aires, Argentina: CLACSO.

3       Survival International. 2020. Golpe a la industria de la conservación: las crueldades llevan a EE.UU. a suspender la financiación a WWF y WCS https://www.survival.es/noticias/12476

4       Conklin, B. A., & Graham, L. R. (1995). “The shifting middle ground: Amazonian Indians and eco-politics”. American anthropologist, 97 (4), 695-710.

5       Siffredi, A., & Spadafora, A. M. (2001). “Nativos y Naturaleza. Los infortunios de la traducción en las políticas de la sustentabilidad”. ILHA Revista de Antropología, 3 (1), 101-119.

6       Redford, K. H. (1991). “The ecologically noble savage”. Cultural survival quarterly, 15 (1), 46-48.

 

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