diciembre 2, 2021

La derecha va por Lucho en noviembre


Por La Época-.


El bloque de derecha, el mismo que interrumpió la continuidad democrática en noviembre de 2019, se dispone a poner en marcha una contraofensiva general contra el gobierno del presidente Luis Arce a partir del 8 de noviembre. La medida, ya anunciada por el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade), es de un paro indefinido de actividades; ¿la excusa?, el pedido de abrogación de la estrategia nacional contra la legitimación de ganancias ilícitas y el financiamiento contra el terrorismo.

Un primer elemento que salta a la vista es la decisión del bloque de derechas de quitarle brillo a la celebración del primer año de gobierno de Luis Arce y David Choquehuanca como presidente y vicepresidente del Estado Plurinacional, respectivamente, y de la posibilidad de la recuperación del Proceso de Cambio, violentamente interrumpido mediante un golpe de Estado. Esta disputa en el plano político-simbólico ya fue ensayada el año pasado, en la misma fecha, cuando la derecha derrotada en las calles y en las urnas falló en su intención de oscurecer la posesión del gobierno popular. ¡La derecha solo es democrática cuando gana elecciones, no cuando las pierde!

Un segundo elemento, bastante preocupante, es la naturaleza de la medida. Los paros indefinidos son desarrollados, por lo general, para derrocar gobiernos y cambiar el curso de la historia. Y como estamos hablando no de elecciones, sino del ejercicio de una medida de fuerza, eso implica que la derecha se ha propuesto expulsar al gobierno popular antes de fin de año.

Esta arremetida opositora confirma que en el heterogéneo bloque de derechas se está imponiendo el proyecto de un nuevo golpe de Estado y que las otras fracciones que quieren desalojar a Arce por una vía democrática, como es el referéndum para la revocatoria de mandato, han sido derrotadas. Algo que tampoco es nuevo, pues no hay que olvidar que la ultraderecha terminó arrastrando tras de sí a las inconsecuentes posiciones demo-liberales en 2019.

La derecha siempre planta falsas banderas para la consecución de sus planes. En 2019 fue el discurso del fraude, trabajado meses antes de las elecciones generales, como elemento gatillador del golpe de Estado contra Evo Morales. Ahora, dada la alta legitimidad del Gobierno, es la estrategia contra la legitimación de ganancias y otras leyes las que buscan construir una relación de fuerzas a favor de una salida anti-democrática e inconstitucional. Es decir, la derecha busca no solo colocar al gobierno popular en una situación de indefensión, lo que ciertamente afectaría la gobernabilidad, sino que el objetivo de fondo es su derrocamiento.

El bloque opositor no tiene más proyecto que el retorno al pasado y eso no es alternativa para nadie. La derecha para alcanzar su objetivo carece de otro método que no sea la violencia y el golpismo. Si el pueblo se lo permite –no hay que subestimar–, como se lo hizo en 2019, la derecha tiene capacidad de hacer daño. La derecha va por Arce en noviembre; si logra o no su cometido es otra cosa. Hay que recoger las lecciones del pasado inmediato y adelantarse a los acontecimientos.

La Época

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