octubre 6, 2022

Ricardo Zelaya: leyenda viva

Por Sergio Salazar Aliaga *-.


Ricardo Zelaya es una leyenda viva en el medio paceño, diría que también nacional. Trotskista, periodista, dio inicio a lo que todos conocemos como “el templo del rock”, un espacio cultural que alentó a numerosas bandas, el Bar Equinoccio, junto con ser el ideólogo del Marathon Rock. Lo entrevistamos.

La música

“Desde muy pequeño fui aficionado a la música, era fanático de poner discos, y que no dejen de poner discos en ningún momento. Me gustaba bailar. Después seguí lo que estaba de moda, a mis 12 años ya me gustaba Camilo Sesto, el primer disco que me compré de vinilo fue de Julio Iglesias, un concierto en París, de lo cual me avergüenzo a estas alturas de mi vida.

En el colegio, a través del hermano menor del Puka Reyesvilla (Jorge Reyesvilla) –que era muy roquero–, escucho una canción de Deep Purple que se llamaba ‘Burn’, una canción famosísima; me ha gustado tanto que mi segundo disco fue del mismo grupo, el ‘Machine Head’. Ahí me he marcado por la vía del rock.

He sido coleccionista de vinilos en mi juventud, con el tiempo se ha perdido y comencé a coleccionar Cd’s originales, tengo alrededor de unos 800 discos exclusivamente de rock, y algo de jazz que me comenzó a gustar. Entre mis reliquias tengo la colección completa de Jethro Tull, King Crimson, Ten Years After, que son las tres bandas que más me han cautivado, y dentro de ellas hay cosas que son muy difíciles de conseguir, he ampliado mi gusto y tengo Pink Floyd, Led Zeppelin, rock clásico en general.

Me gusta algo del rock latino, por ejemplo, soy enemigo de Fito Páez, Gustavo Cerati, Soda Stereo… lo que me gusta es Luis Alberto Spinetta, Charly García, Pappo, de lo que yo considero un rock más puro y más creativo, estoy alejado de los sonidos más pop.”

POR

“Cuando estoy comenzando la universidad me choco con el Partido Obrero Revolucionario (POR); yo ya venía con ideas socialistas, con ideas revolucionarias, en realidad yo quería entrar al Partido Socialista 1. Los busqué en la universidad por todos lados y no los encontré, es así que choqué con los trotskistas, tenían reuniones en un aula llamada ‘aula libre’, ahí daban sus cursos de marxismo; yo me di cuenta que estaban más adelantados, más desarrollados ideológicamente y eso me ha cautivado, hasta ese momento era estalinista y tenía como mi libro de cabecera Cuestiones del leninismo de Stalin, yo era fanático, para mí era el mayor héroe de la guerra y la revolución mundial.

Cuando me choco con los loros (seguidores de Guillermo Lora) me doy cuenta que es otra la realidad, es ahí que me hago trotskista, hubo un cortocircuito en mi cabeza y comienzo a escuchar Silvio Rodríguez, Savia Nueva, temas de protesta, aprendí a tocar un poco la guitarra. Una paradoja es que nunca he podido incursionar en la música rock, yo, como intérprete, tocaba música de protesta, tuve un grupito que ganó un festival universitario en el Paraninfo.

La banda se llamaba Octubre, en honor a la Revolución rusa de 1917, ha sido algo muy efímera, nos fue bien, ganamos ese festival, presentamos un par de composiciones, hacíamos cover de Savia Nueva, eran camaradas de la Unión Revolucionaria, Universitarios Socialistas (URUS), estaban en el grupo Ronald Carrasco, que ahora es catedrático, Luis Crespo, que se volvió periodista, Alejandro Salguero, un amigo de colegio que ahora es ingeniero petrolero.

Esto fue por el año 1983. Hasta el año 1986 fue que estuve metido en ese estilo de música. Cuando me separo de la actividad política vuelvo al rock, a mis orígenes, no desprecio lo anterior, pero siento que el rock musicalmente es más desarrollado, más completo, más estimulante.”

Trotskismo

“En la escuela del trotskismo uno aprende mucho más que en la universidad, es una escuela aventajada, escuela superior en lo que refiere el estudio sociológico, económico. Nosotros teníamos la suerte de tener a Guillermo Lora, que era un teórico muy reconocido en Bolivia pero internacionalmente también; el marxismo como tal es la síntesis del pensamiento científico, eso fue lo que me ha atraído y militar ahí.

Como recuerdo tengo que Guillermo Lora seleccionaba a los mejores cada tres meses, entones hacía escuela de cuadros, era una actividad de dos a tres días, donde 10 militantes se encerraban en algún lugar a estudiar, te daban una bibliografía y tenías que saberla de memoria, porque en la escuela se debatía esos libros; era una tortura, pero al salir uno estaba muchísimo más preparado.”

Periodismo

“Estuve deambulando por la UMSA un buen tiempo, empecé por la carrera de Economía, es ahí que me choqué con el POR. Después de tres años me pasé a Literatura, que no me gustó mucho; me fui a Comunicación, era una carrera nueva, estaba de moda y ahí encaje mejor. Casualmente mi catedrática de Lenguaje, Amparo Canedo, que actualmente dirige el periódico Los Tiempos en Cochabamba, como yo era buen estudiante me dijo que había una oportunidad de trabajo en el periódico Última Hora, que estaban buscando corrector de estilo.

Me presenté, había varias personas, di la prueba y entré a trabajar ahí. Corregía los errores gramaticales a todos los columnistas, escritores, tenía 21 años; después me dieron una suplencia para ser redactor, me volví titular y me dieron mi espacio, hice una larga carrera de 10 años, desde 1989 a 1999. He llegado a ser editor general en el periódico Último Hora, que quedaba en la Av. Camacho.”

El libro

“Este año publiqué mi libro Guillermo Lora: el último bolchevique. Cuando era militante del POR conocí a don Guillermo, eso me marcó mucho, en mi etapa de periodista siempre lo intentaba buscar; cuando habían temas políticos interesante en la agenda siempre lo buscaba y salían buenas notas.

En esa época generamos una amistad, me recibía con cierta consideración, el año 1996 le propuse hacer su biografía, él de entrada me dijo que no, que eso era para los pequeños burgueses, para los figuretis, que no le agradaba. Tuve que convencerlo meses; aunque pasaron años para que él me dijera que si quería hacerla que lo hiciera.

Sostuvimos tres entrevistas muy largas, de cuatro a cinco horas cada una, le preguntaba todo acerca de su vida. Después ese proyecto lo abandoné, seguramente por el Equinoccio, que no me daba tiempo de escribir; han pasado los años y nada, cuando vendí el boliche dije tengo que retomar el libro, hice un par de entrevistas más, entonces salió. En abril de este año, en mi cumple, mis amigos me preguntaron del libro y eso me animó para comenzar.”


  • Cientista Político.

Sea el primero en opinar

Deja un comentario