mayo 18, 2022

Estrategia y consecuencia, la triste encrucijada


Por Sara Valentina Enriquez Moldez -.


Estamos conscientes que la victoria de Gabriel Boric impidió que el ala más radical de la derecha chilena asuma el poder y reimpulse a nivel regional un nuevo auge de gobiernos de derecha, sin embargo, también somos conscientes de que, para conseguir ese triunfo, se tuvieron que formar alianzas que pueden ser cuestionables en tanto su grado de consecuencia política, tomando en cuenta que gracias a ello se seguirá necesitando del apoyo de la vieja Concentración en el Congreso.

No cabe duda que al no estar insertos en el campo político chileno no podemos dar juicios completamente justos, dado que los contextos dentro de los países latinoamericanos son muy distintos entre sí. El escenario político del vecino país se desenvuelve de una manera compleja por asumir el peso de nuevas propuestas después de muchas décadas de neoliberalismo puro y varios gobiernos de derecha que, en su momento, respondieron a los intereses de la élite local o transnacionales provenientes del Norte. Por lo tanto, algunos analistas políticos sugerían no ser frontales con ciertos temas que de repente resultan ser sensibles para la sociedad de ese país, y así con menor dificultad poder ganar las elecciones y no tener el rechazo de determinados sectores de la población.

Después de la victoria presidencial de Boric el 21 de noviembre de 2021, el mandatario empezó a dar diversas entrevistas a bastantes medios de comunicación que no dudaron en indagar su posición en cuanto a las otras izquierdas latinoamericanas, llegando de ese modo a la cuestión venezolana, a la que se refirió con las siguientes palabras: “Venezuela es una experiencia que más bien ha fracasado”; y en una segunda ocasión más reciente: “Las condiciones democráticas en Venezuela han tenido un retroceso brutal”.

A partir de dichas declaraciones, diversas esferas de la izquierda a nivel continental se sintieron indignadas. Aunque se sabía que en las elecciones primarias de Chile, entre Boric y Jadue, aquel era considerado el más “tibio”, no se esperaba que tan pronto, incluso antes de asumir la presidencia, tuviera este tipo de declaraciones que en cierto momento podían ser concebidas como estratégicas en su ámbito nacional, mas no en el regional.

En una reciente entrevista al presidente electo de Chile, después de criticar las democracias venezolanas y nicaragüenses, hizo mención de su proyecto de nueva izquierda: “Ese no es nuestro camino y nosotros aspiramos a construir una izquierda profundamente democrática, respetuosa de los Derechos Humanos, que sea capaz de ser crítica de sí misma”. Bien, el camino que está tomando Chile es distinto por la simple razón de que los contextos socioeconómicos son sumamente distintos, y en definitiva son procesos incomparables.

Para construir una izquierda profundamente democrática, respetuosa de los Derechos Humanos y critica de sí misma, primero se necesita reconocer la lucha por la dignidad humana de quienes resistieron por tantos años al bloqueo estadounidense. Si se van a criticar modelos fracasados, debería estar la política intervencionista de Estados Unidos. En América Latina es imprescindible asumir al verdadero enemigo, el que históricamente más violó los Derechos Humanos en el mundo, porque de lo contrario los procesos revolucionarios se quedan en meros intentos de reforma, se nubla el horizonte con adornos que no trastocan las vísceras del sistema.

Sea el primero en opinar

Deja un comentario