mayo 16, 2022

La Guerra del Chaco vista por historietistas bolivianos y paraguayos

Por Luis Oporto Ordóñez *-.


Luego de seis años desde su edición logré adquirir un ejemplar de Epopeya II Binacional. La guerra del Chaco vista por historietistas bolivianos y paraguayos (Asunción, Paraguay, 2016), una muy bien cuidada edición de Javier Viveros y Juan Moreno, que en este segundo volumen reúne a un selecto grupo de historietistas conformado por 10 guionistas (seis paraguayos y cuatro bolivianos), 16 dibujantes (10 paraguayos y seis bolivianos) y cuatro coloristas (paraguayos), quienes dan a luz de la imprenta 22 historietas. El mundo de las historietas sigue siendo dominado por el sexo masculino pues cuatro tan solo son mujeres (dos paraguayas, una boliviana y una salvadoreña), sin que esto signifique, necesariamente, que el volumen tenga sesgo patriarcal, pues cinco de las historias tienen a la mujer como tema central.

Este selecto grupo dirigido por Juan Viveros asumió el desafío de narrar, describir e interpretar diversos personajes, episodios y el peculiar hábitat donde se desarrolló la Guerra del Chaco, conflicto que enfrentó a dos países hermanos: Bolivia y Paraguay, entre 1932 y 1935.

Basados en diversas fuentes impresas y orales, estos profesionales gráficos nos dan la oportunidad de aproximarnos a esa guerra fratricida a través de “variedad de estilos y de autores, acción, aventura, drama, humor, magia, misterio, leyenda” a tiempo de ofrecer “distintas visiones sobre el sentido o sinsentido de la guerra”, para proponer una “reflexión más creativa sobre el trágico –pero no por ello menos heroico– episodio que enfrentó a dos pueblos hermanos, y es a la vez el más valioso puente o abrazo cultural para mantener críticamente viva la memoria, valorar la historia en su debida dimensión temporal, derribar los mitos y prejuicios que quedan y construir un nuevo proceso de integración”, como afirma el periodista y escritor paraguayo Andrés Colmán Gutiérrez en el prólogo de esta estupenda compilación binacional, escrito a dos manos con Jorge Siles, quien comparte ese interés superior afirmando que “no debemos recordar la guerra con el interés de hallar ganadores y perdedores, sino con la intención de honrar la memoria de nuestros caídos y alentar una firme voluntad de que hechos así no se repitan otra vez y ahí es cuando Epopeya II se vuelve un aporte necesario e importante para mantener viva la historia de nuestros pueblos”, pues como señala Joaquín Cuevas, en una acertada síntesis de contratapa, “tratar el tema de una guerra entre dos países [trabajando simbióticamente uno en el guion y el otro en el dibujo] es un experimento interesante y enriquecedor, y es a la vez una especie de declaración respecto al deseo de las nuevas generaciones de cerrar esas heridas”.

En efecto, esta excelente edición binacional nos trae un repertorio de lujo, con retazos de diarios de campaña, relatos de la tradición oral familiar, poemas y canciones compuestas en el frente de guerra e inspirada en la obra de escritores consagrados como Augusto Roa Bastos o Augusto Céspedes. Ese amplio espectro se puede ver en: “Un carpintero en la guerra del Chaco” (Roberto Goiriz, Kike Espinoza); “El amuleto” (Jorge Siles, Oscar Zalles); “Guitarra y fusil” (Andrés Colmán, Carlos Argüello); “La decisión” (Luis Gutiérrez, Mauro Bordón); “Que Dios me perdone” (Norma Flores, Esteban Orrego, Vania Boidanich); “Muñeca brava” (Andrés Indaburu, Kike Espinoza); “Amor de madre” (Juan Viveros, Andrés Peralta, Mauricio Franco, Ariel Oporto); “Piromanía” (Javier Viveros, Diego torres); “El obsequio” (Javier Viveros, Salvador Pomar); ZPO [sistema de radiocomunicación] (Eliana G. Ugarte, Gustavo Barrios, Edgar Arce); “Experto en explosivos” (Javier Viveros, Iván Moral); Gedekesnasóngi [El niño Lluvia] (Javier Viveros, Joaquín Cuevas); “El trueno entre las sábanas” (Andrés Colmán, Juan Moreno); “Una pequeña justicia” (Corven Icenail, Rafaela Rada, Herrera); Yvi’A [la planta del agua] (Javier Viveros, Mauro Bordón); “Especialidad” (Javier Viveros, Yasser Hentaro); “Encuentro” (Javier Viveros, Kike Olmedo); “Tres tristes Tigres” (Andrés Indaburu, Edgar Arce); “Donde mis pies se detuvieron” (Rigel Jáuregui, Mauro Bordón, Rafaela Rada, Herrera); “El patrullero perdido” (Vigray, Roberto Goiriz, Kike Espinoza); “Infierno verde” (Jorge Siles, Oscar Zalles) y “As de ases” (Javier Viveros, Juan Moreno).

La combinación de roles (guionista paraguayo, ilustrador boliviano y viceversa), es un excelente ejercicio para propiciar el diálogo y la reflexión sobre el conflicto. Los ejemplos son interesantes: un guionista y dibujante paraguayos dan vida y gloria a un aviador boliviano; el mismo guionista, acompañado por un dibujante boliviano, recrea la reunión de confraternidad de los jefes militares al término de la guerra en Villamontes: la historia de un médico boliviano que recibe la orden para envenenar Laguna Arce antes de que esta cayese en manos enemigas y opta por no hacerlo (“No quiero regresar como héroe y ser un desconocido para mi familia”), por lo que se le dio de baja con ignominia.

Muchas historietas narran pasajes de la historia del conflicto, como la del cura que sube al cielo al recibir el único beso de su vida, que le ofreció una madrina de guerra en el andén del ferrocarril, que “le enviaba cartas, cigarrillos, caramelos, hojas de coca y poemas”; la sacrificada existencia de una enfermera que atiende soldados heridos en el hospital de campaña, pero no pudo auxiliar a su propio hijo que murió en combate; la historia de un piromaníaco que obtiene un lanzallamas como arma de especialidad; la historia edificante de los radioperadores, héroes anónimos de quienes se escribió muy poco; el viaje de una compañía de bisoños asuncenos en una nave de guerra hasta las puertas del Chaco; la curiosa historia de un recluta que tenía como especialidad la mentira, con la que burló a su capitán; la genial historia de una mujer stronguista que “fue esposa y novia, dos veces viuda, madre y abuela y madrina de batallón”.

Las historietas de este volumen constituyen una lección para los historiadores profesionales de ambas naciones, máxime si esta viene de un grupo profesional ajeno a la Historiografía, lo que motiva a recoger el guante.


  • Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

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