mayo 21, 2022

Esto lo hago pa’ divertirme

Por Carlos Camargo Ticona * -.


Miguel, amigo mexicano, me propuso separarnos del grupo e ir a caminar por los barrios que no fueran Providencia y Las Condes, entonces tomamos el Metro de Santiago de Chile y fuimos sin rumbo hasta que decidimos bajar y caminar.

Buscábamos comprobar la teoría de que Santiago y Chile eran mucho más que esas calles inglesas de arquitectura europea y de personas de andar neurótico, como escena de película de gran metrópoli.

Justo en una esquina visualicé una wiphala colgada en una ventana, al acercarnos vi un café que resultó ser además biblioteca y anticuario, lo atendía una persona de unos 50 años que muy amable nos hizo pasar, pedimos un café y emocionados por ver la bandera esperamos escuchar historias de Allende, de los grafitis en la rivera y la rebeldía del pueblo chileno.

Sin embargo, oímos la teoría de la espuma, que consiste en pensar que la riqueza es como la espuma de un vaso de cerveza y que, por su fuerza, en algún momento se desbordará y caerá en la mesa (los pobres), es así que –nos dijo– solo debíamos esperar tener paciencia para dejar de ser pobres. Más de 10 años después una fuerte corriente social marca los destinos del nuevo Chile.

En analogía, algún opinador económico y boliviano que vive en los “yunaites” nos describe que Bill Gates y su fortuna es esa espuma de cerveza (desigualdad económica) que debería favorecer al crecimiento del mercado y, por suma, mejorar la desigualdad económica, salvo por la actitud distributiva y muy social del expresidente Donald Trump, quien inyectó 484 mil millones de dólares en 2020, destinado a las pequeñas empresas y hospitales para hacer frente al Covid-19.

Los registros económicos muestran una deuda pública de 30 billones de dólares, déficit fiscal en negativo, muy delicado en largo plazo, con tasas de inflación en continuo ascenso, encarecimiento del precio del dinero y problemas de distribución que aún persisten, alza de costes laborales: el país es Estados Unidos, no es Bolivia.

Un amigo que reside ahí recibió de la nada dos mil dólares en dos ocasiones para gastar, o sea, recibió lo que sería en Bolivia su bono Juancito Pinto, algo acorde a los seis billones de presupuesto y una fuerte alza de impuestos a los ricos en Estados Unidos; acá lo llamarían redistribución y lo criticaría.

En definitiva, a nuestro opinador le dedico: “Como le dicen por ahí Josecito, no tienes calle, por eso tiene ‘los nudillo’ blandito’. Aunque cambie de color, yo siempre sé por dónde viene” (gracias Residente). No puedes mascar pobreza o desigualdad económica si alguna vez no comiste tierra.

Solo los pobres o los que pasamos por la pobreza podemos decir si es cuestión de superación, de un proyecto personal o de que alguien nos comparta su riqueza. La mirada reduccionista y alejada de lo que sucede en Bolivia no vuelve.

Mientras tanto esto lo hago pa’ divertirme.


*       Comunicador social.

 

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