mayo 16, 2022

Nuestra lucha entre la geopolítica y la guerra

Por Carlos Rang * -.


La gran crisis capitalista global y sus guerras interimperialistas híbridas, ya sean de información (fake news), biológicas (pandemias), económicas (monedas, sanciones, inflación), financieras (burbujas especulativas y deudas), tecnológicas (5G, 6G, IA, Semiconductores), o bélicas, como la que estamos hoy viviendo entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia (unipolarismo vs. multipolarismo), están llevando a los pueblos del mundo –particularmente a su clase trabajadora– al matadero: con mayor desigualdad social y una hambruna general.

Los y las trabajadores/as debemos retomar la iniciativa para superar toda esta situación antes de quedar acorralados en ella y sin retorno.

La crisis del capital los empuja a la guerra para definir el nuevo orden global, los patrones monetarios, los energéticos y las nuevas instituciones del poder mundial. Esto concentra altas inversiones en gastos improductivos (armamentismo), promueve la especulación comercial y financiera, concentra los mercados en pocas manos y centraliza aún más el capital haciendo predominante al llamado “ficticio”.

Todo es fruto de la transferencia de rentas del sector de trabajo al capital vía hiperinflación, en primer término, con el agravante de la estanflación, producto de la fuerza de trabajo sobrante en una economía estrangulada por sí misma que no genera puestos de trabajo y, en ese marco, la incapacidad de los Estados nacionales de hacer frente a su seguridad alimentaria.

La guerra es presentada como la resolución de un nuevo orden que ya no será unipolar, sino multipolar, donde ninguna potencia será hegemónica.

Pero la guerra es interimperialista y si no se supera revolucionariamente el orden vigente el capital global saldrá triunfante.

Entonces esta guerra es producto de la propia crisis orgánica del capitalismo que ya no puede garantizar la reproducción de sus clases dominantes tal como existen hoy, ni del resto de la vida humana en el planeta: falta de empleo, ingresos bajos, aumentos en el precio de los bienes básicos (alimentos, ropa, vivienda, salud, transporte), crisis sanitaria.

Si analizamos el teatro de operaciones, los países involucrados son Ucrania y Rusia, los que juntos producen 1/3 del trigo y la cebada mundial, el 52% del maíz, más del 50% del aceite y las semillas de girasol. Sus exportaciones de alimentos representan más de la décima parte de todas las calorías comercializadas a nivel global.

Al ser Rusia un gran proveedor mundial de gas y petróleo crece el costo de la logística para el transporte de las mercancías y/o el de las tarifas para servicios.

La subida del precio de los granos como el maíz, la soja, el trigo, impacta directamente sobre los precios del pan, la carne, los huevos, la leche, el aceite.

Hay interrupción de las exportaciones porque algunos países intentan abastecer su mercado interno y porque los grandes fondos de inversión especulan con la conveniencia de los precios. Estas combinaciones empujan hacia arriba el precio de todos los alimentos procesados y hacen que la crisis alimentaria se extienda como una plaga: ya recorre más de 20 de países y miles de millones de personas. Y este es el inicio, porque aún no se llegó a un corte total de los suministros

La oportunidad no es un deseo, sino una tarea que nace del suelo de la sociedad del capital, producto de sus contradicciones insalvables que se expresan como luchas intercapitalistas e interimperialista.

Es en este escenario en el que la clase trabajadora se ve compelida a luchar sin mediaciones en favor de sus condiciones materiales de vida. Y al hacerlo, concreta y sencillamente así, va rompiendo con el disciplinamiento social y la conducción ideológica que imponen las clases dominantes.

Esta lucha funde y consolida la clase que, combatiendo, prepara la situación revolucionaria global en la que sea posible superar las contradicciones en las que está estancada la historia: la relación social capitalista que, con la prepotencia y la feroz competencia del mundo de las mercancías, solo genera destrucción, descomposición, guerras, hambre y muerte.

Por tanto, luchamos para organizarnos y nos organizamos para darle esa dirección a la lucha.


*       Docente de la UNRC, delegado gremial de ATE.

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