mayo 16, 2022

Estados Unidos quiere guerra y no la paz en el Este de Europa


Por La Época-.


Los Estados Unidos apuestan a una guerra, de alcances imprevisibles y planetarios, para resolver la crisis político-militar en el Este de Europa. La administración Biden, ovacionada por el coro europeo, busca que el apoyo al régimen nacionalista de derecha ucraniano, con miles de millones de dólares y armas sofisticadas, termine derrotando a las fuerzas militares rusas. Los estadounidenses desean una guerra larga que debilite a Rusia, ponga en dificultades a China y consolide su condición de hegemón.

Pero mientras asientan toda su estrategia en la guerra –un recurso recurrente que a Estados Unidos le permite mover miles de millones de dólares para beneficio de sus corporaciones–, el aparato diplomático estadounidense, respaldado por la industria mediática, se esfuerza por presentar a los rusos como criminales de guerra y los únicos responsables de la pérdida de vida de miles de personas, el desplazamiento de decenas de cientos de miles hacia otros países y de todas las consecuencias negativas de lo que está pasando.

La “diplomacia de la guerra” no escatima en emplear cualquier recurso disponible para distraer a la población del mundo sobre las razones de fondo que tiene para ponerse de lado de Ucrania. No es precisamente que al “gobierno permanente” de Estados Unidos le conduela el sufrimiento del pueblo ucraniano. Pensar eso es para ingenuos o para los que han perdido el sentido de la mirada crítica de tanto consumir acríticamente Netflix o cualquiera de esas plataformas. Lo que busca Estados Unidos es aprovechar esta crisis en el Este de Europa, quizá empujada por ellos mismos sin que Putin se diera cuenta de ello, para que el orden mundial siga bajo supremacía suya y China tenga que resignar posiciones tras la esperada derrota rusa.

Uno de esos recursos es la mentira. Por ejemplo, Estados Unidos empujó en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la tarde del jueves pasado, una resolución que exige a Rusia el cese de hostilidades. De inmediato su aparato mediático, como Página Siete en Bolivia, construyó la narrativa de que Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia se pusieron en contra de la resolución, lo que implica que esos países “respaldan la guerra”. Nada más canallesco que esa afirmación. Lo que en realidad hicieron estos cuatro países es apoyar una resolución presentada por Sudáfrica que pedía garantizar corredores humanitarios y el cese de fuego a las partes involucradas en el conflicto. Es decir, mientras que Washington le pide al Kremlin detener las acciones militares, al mismo tiempo respalda al Ejército ucraniano y los paramilitares de ese país en sus movimientos represivos contra los pobladores de la región del Donbass. La doble moral imperial no tiene límites.

El esfuerzo de la comunidad internacional y de organismos como Naciones Unidas debe orientarse para acercar a las partes en conflicto y encontrar el camino al establecimiento de la paz. Eso implica que Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que son los actores tras bambalinas, retrocedan de su objetivo de convertir a Ucrania en la puerta de entrada para hostigar y agredir a Rusia, y para debilitar a China.
La Época

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