mayo 18, 2022

Javier Ruibal: “Una canción es algo más que un juguetito sonoro”

Por Enrique Claros *-.


Nacido en Cádiz, Javier Ruibal es un destacado músico y compositor español que en poco más de cuatro décadas de carrera artística ha publicado 14 álbumes como solita, además de musicalizar para cine, siendo acreedor del Premio Goya 2020 a la mejor canción original con una pieza para la cinta Intemperie, de Benito Zambrano.

De paso por La Paz, nos encontramos con él después de la prueba de sonido que hace en el Espacio Simón I. Patiño, para hablar de su relación con Bolivia, de la gira en curso, de su colaboración con Willy Claure en la canción “Eres mi mañana” del disco Cuecas para no bailar, y de sus orígenes, preferencias e influencias musicales.

Enrique Claros (EC).- Esta es tu segunda vez en Bolivia, la vez pasada llegaste para compartir una canción que grabaste con Willy Claure, ¿cómo se dio esa conexión con Willy y aquella visita a nuestro país?

Javier Ruibal (JR).- Se dio muy bien, como siempre. Con Willy la relación ha sido muy amigable. Digamos que cada vez que he estado con él, aquí y en Suiza, ha sido tan inmediato todo, como si nos hubiéramos despedido ayer.

EC.- Antes de tu primera llegada, ¿qué conocías de la música boliviana y de sus artistas?

JR.- Conocía por Marcelo Vega, que es un buen amigo de los dos y creo que tuyo igual, quien me puso al corriente de quién era Willy, lo que suponía en el folklore recreado y, digamos, ya evolucionado de la cueca, y me gustó mucho. Entonces me propuso que cantara con él una cueca, y he cantado; oiga y ¡estamos juntos! Ahora hicimos prueba de sonido y pareciera que la hemos ensayado toda la semana.

EC.- Estás de gira por Latinoamérica, ¿cómo se da esta llegada a La Paz?

JR.- De momento bien, he hecho hartos medios y ahora falta la verdad: ¡Ahora hay que torear!

EC.- Tienes teatro lleno, ¿qué esperas del concierto y del público paceño?

JR.- Sí, está lleno. Espero lo que se espera de cualquier concierto, que nosotros lo hagamos bastante bien y que el público lo disfrute y llegue a puntos de emoción que hay y también a puntos humorísticos que no faltan en mi repertorio.

Contar con invitados como Jenny Cárdenas y Willy Claure es un privilegio aquí en La Paz y en toda Bolivia; pero venir y tenerlos a ellos de invitados es un lujo.

EC.- Los géneros, las etiquetas musicales, actualmente se han ido difuminando, las fusiones permiten variadas cosas, las buenas y las no tanto, ¿dónde ubicas tus esencias musicales?

JR.- He intentado toda la vida salirme de la etiqueta, me gusta el eclecticismo y hacer lo que me da la gana, o sea, si quiero “aflamencarme” un poco, pues lo hago; y si quiero cantar una canción muy lírica por sobre un poema muy solemne, pues podérmelo permitir ¿no?; y si quiero hacer un rock & roll, igual.

Siempre he sido bastante difícil de etiquetar, pero si hay una vocación en mis canciones es encontrar como una música de un lugar que todavía no está trazada con fronteras: una música un poco más en un sentido planetario, donde está la música de mi infancia, la de mi entorno, la de mi generación, el rock, el jazz, la música afrocaribe, la música árabe, es decir, como de todo, porque mi dieta es muy amplia y me gusta que cuanto menos etiquetas haya, mejor. Lo importante es sentir, escuchar y latir con el artista, por tanto una etiqueta no vale, y solo sirve para poner un bote en una estantería y decir: “Esto es azúcar, esto es harina”, pero para nada más.

EC.- Alguna vez te definiste como “músico de frontera”, ¿cuéntanos sobre eso?

JR.- Porque nací en la frontera sur de Europa, pegadito a África, en un lugar que tuvo mucho intercambio con Centroamérica a raíz de la navegación, no digamos el “descubrimiento” porque me parece que es una palabra muy mezquina, sino, bueno, aquello que sucedió y que tanto tenemos que hablar todavía y encontrarle los matices de justicia necesarios.

Pero mi frontera es esa, ese lugar que es puerta del Mar Mediterráneo también, por eso tengo lo mismo de influencia de la música turca, por ejemplo, que del norte de África o que de aquí, del Caribe y de toda Sudamérica, porque a mí me gusta juntar todo y ver qué sale. Lo importante es hacerlo con mesura y precaución, con respeto a todas esas músicas incorporadas.

EC.- Has compartido escenario con muchísimos artistas y grabado decenas colaboraciones, voy a traer una al recuerdo: “Ay no sabes” del álbum 37 canciones para Noel Nicola ¿Cuéntanos sobre esa experiencia? ¿Qué significó para ti? ¿Cómo se dio? ¿Conociste a Noel?

JR.- Lo conocí y nos duró poco, después de eso no tuve otras oportunidades. Anduvimos por La Habana, bien bonito y simpático… y bueno, se nos fue. Dejar testimonio de que tuvimos una cercanía personal y en lo artístico fue importante. Me parece que además es un disco muy trascendental, porque Noel Nicola no ha sido lo suficientemente valorado como piedra angular de la Nueva Trova Cubana.

EC.- Los cantautores de España, más allá del idioma que nos une, han tenido una relación muy fraternal con Latinoamérica, ¿cómo te sientes aquí y cómo percibes esa conexión?

JR.- Creo que son ustedes, los latinoamericanos, los que nos están constantemente echando una flor, brindándonos y haciendo una invitación a la amistad y a la confluencia: el mérito es suyo.

EC.- Tu más reciente disco, Ruibal, fue lanzado el primer año de la pandemia, ¿cómo ha sido recibido?

JR.- Fue escrito en la absoluta soledad, por eso lo bautice como Ruibal, porque era yo conmigo mismo y sin más escapatoria. Ha ido bien. Salimos… nos decidimos a salir aunque los aforos fueran muy reducidos, pero preferimos salir que quedarnos en casa, de tal modo que hemos girado todo este tiempo y se han abierto los aforos, ha sido una alegría para todos. Concretamente, este aforo en La Paz hace tres días estaba limitado al 50%, y hoy está completo y es una alegría.

EC.- Al enfermero hay que pedirle música en vena, ¿nos estamos desangrando? ¿De dónde le viene la música a Javier?

JR.- La música es sanadora siempre: la popular, la clásica, la evolucionada, la de fusión, toda la música es buena y necesaria. Estamos en un momento en que nos hemos convertido en un impulso electromagnético y se ha perdido un poco la importancia y el vínculo que había entre el público y el artista; ojalá la desaparición del disco físico no implique la extinción de ese vínculo sentimental. Pero en ese limbo estamos ahora mismo, en el que esperamos que avance y que haya una nueva manera de vincularse con los artistas que ya no sea el disco.

En fin, esperamos alguna nueva forma. Todos los días salen cosas nuevas, así que hay que estar abierto.

EC.- ¿Cómo ves la canción de autor frente a la vorágine de la industria del entretenimiento?

JR.- Pues como siempre, en franca indefensión, porque hay mucho del cupo sonoro radiofónico y televisivo, y ahora afortunadamente la red viene a contrarrestar eso, porque los tuyos te pueden seguir en cualquier momento y a cualquier hora, no tienen que esperar que te radien ¿no?

Esa indefensión se da porque hay poca defensa de la buena tradición literaria, poética y musical, y de que las canciones trasciendan, que no sean una cosa que las oigo ahora y dentro de un rato ya las he olvidado y a nadie le importe. Lo peor es que incluso a los propios artistas que hacen música así, tan inmediata, ya no les importe lo que han grabado este año y estén pensando en lo que van a grabar el año próximo.

Me parece que una canción es algo más que un juguetito sonoro y debería tener más fondo, y ahí los cantautores tenemos esa labor.

EC.- ¿A que le canta Javier?

JR.- Canto muchas canciones de amor, porque creo que es un gran asunto, lo único que nos importa o que debería importarnos. El reto está en argumentarlo de mil maneras sin que sea contar eternamente el viejo cuento; contarlo de un modo que parezca distinto.

EC.- ¿La guitarra, una compañera?

JR.- La guitarra es una tirana. Y viendo a los grandes de la guitarra española, flamenca, como Paco de Lucía, hay que arrancarle las notas una a una. Ahora, cuando la guitarra se entrega es una maravilla.

EC.- En tus inicios, ¿qué influencias musicales reconoces?

JR.- Todas. Las de la radio de mi época, que era lo mismo la anglosajona que la canción española, el flamenco.

Lo que sonaba en la radio era lo único que teníamos, y después, claro, han ido apareciendo otros artistas que me gustan, pero trato de que me influyan con el suficiente cuidado de no tener la tentación de agarrarme de su logro, y no trastear en sus logros, sino buscarme la vida para ser siempre independiente.

EC.- España genera constantemente una gran cantidad de artistas en la música, ¿podrías recomendar a alguien de estos últimos tiempos? ¿Algún secreto que podamos descubrir?

JR.- Sí, Alberto Alcalá y Jonathan Pocoví. Los dos están entre los más cercanos míos que me emocionan y me parece que tienen una altísima calidad y que están muy cerca de la intención que yo tuve siempre, que es que la canción de autor no tiene porqué ser escueta musicalmente, sino que armónicamente puede ser vistosa.

EC.- Como dijimos, has colaborado con prestigiosos artistas, entre ellos Joaquín Sabina, Juan Luis Guerra, Chico César y Pablo Milanés, y has compuestos para otros tantos como Ana Belén y Javier Krahe, ¿alguna anécdota que puedas contarnos?

JR.- Tendría que pensar, pero con todos siempre nos ha unido el hecho de que nadie compite contra nadie, ni por captar el público del otro; se compite contra sí mismo y lo que se busca es un lazo de unión con cada una de las personas que nos atienden.

EC.- ¿Qué podemos esperar de Javier más adelante?

JR.- Que tenga mucha salud e inspiración sería lo deseable.


  • Productor musical.

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