octubre 22, 2026

Una lógica colonial en “diplomáticos exprés”

Por Tamara Santibañez -.


He leído varias veces y con detenimiento el artículo de la socióloga Carla Espósito Guevara, publicado hace unas semanas en este medio. Debo confesar que desde el título, “Diplomáticos exprés a la carrera “, hasta el último párrafo en que sentencia “el camino equivocado” que ha tomado la Cancillería, no he encontrado más que una crítica estéril, con cierto desconocimiento, superficialidad en el análisis y, lo más preocupante, con un trasfondo de una lógica de pensamiento colonial.

Vayamos por partes. En nuestra Región, así como en el mundo, las academias diplomáticas forman parte de las estructuras orgánicas de los ministerios de Relaciones Exteriores, tal como asegura Espósito. Sin embargo, no son las únicas instituciones encargadas de la formación del cuerpo diplomático. En variados países otros centros académicos e instituciones intervienen en esa importante actividad. Para cursar la carrera diplomática existen licenciaturas, maestrías, diplomados y otros cursos de especialización que, en muchos casos, reciben profesionales ya graduados de distintas carreras, que completan su formación en el servicio exterior con las competencias que les ofrecen esos programas. En todos los casos, de acuerdo con la necesidad de especialización de los funcionarios en cada una de las cancillerías.

Por otra parte, si bien es cierto que resulta ideal que los diplomáticos activos trasmitan sus experiencias y memorias, no pueden sustituir la labor de docentes especializados para la formación. Las academias diplomáticas cuentan con un cuerpo de profesores que, a través de múltiples formatos educativos, forman a los futuros diplomáticos. ¿Tenemos eso en Bolivia? ¿Está la Academia Diplomática Plurinacional cumpliendo esas funciones, a tono con los cambios en el mundo y el país? Creo que no, que esta institución necesita cambios que le permitan lograr la formación de los profesionales en la diplomacia que representarán a la nueva Bolivia Plurinacional. En ese sentido, al contrario de lo que expone Espósito, no veo ninguna usurpación de funciones, sino la voluntad de colaboración entre todas las instituciones que tienen la responsabilidad de la formación de los profesionales de las Relaciones Internacionales.

No hay que olvidar que somos parte de una sociedad multiétnica y multicultural y que nuestra política exterior debe ser reflejo de la plurinacionalidad, además de defender los intereses nacionales. Para eso es necesario liberar el acceso a estas carreras, pues queda claro que no es una casta de elegidos e iluminados la que debe representar al país en la arena internacional. Hemos cambiado y la política exterior debe reflejarlo.

Al parecer, la autora del artículo considera cuerpo diplomático solo a embajadores y ministros consejeros. Me cuesta pensar que ignore que en un equipo de trabajo de una Embajada es necesario considerar funcionarios que, aunque tengan menor rango, realizan un trabajo vital para el funcionamiento de las sedes diplomáticas. Es precisamente para la formación de esos funcionarios que se ha diseñado este curso, a nadie se le ocurriría pensar que, en tres meses, se formaría un embajador. Asimismo, en ninguna parte de la convocatoria se asegura que este curso constituye un programa imperfectible, sino que se trata de un inicio necesario en el largo camino de la carrera diplomática.

Hay cierto desdén en las consideraciones de Espósito sobre la capacidad de entendimiento de los que resulten seleccionados en esta convocatoria, así como del pensum del curso. No es posible, estimada Carla, aprender a negociar ni a tratar temas internacionales en tres meses, eso lo tienen muy claro quienes convocan. Pero le aseguro que esas habilidades no se aprenden en la Academia, sino en el trabajo diario. De la Academia y de cursos como este deben obtener los estudiantes las herramientas necesarias para comprender mejor el mundo, convencidos de la necesidad del estudio sistemático. Sobre esa base funcionará el curso, abierto a los “Mamani, Quispe, Martínez, Huanca, González”, libre de racismo, de exclusión. Muy al contrario de lo que usted considera, no se degrada la formación diplomática, se enriquece y se parece más a nuestra realidad.

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