noviembre 5, 2026

Lo que nos van explicando sobre la guerra (Segunda parte)

Por Rafael Poch De Feliu *-.


Al 1 de mayo el Congreso de los Estados Unidos había destinado un total de 13 mil 670 millones de dólares en ayuda a Ucrania en los primeros dos meses. A eso se suman los dineros para armas de Inglaterra y la Unión Europea (UE), así como el desastre y los riesgos, para unos y otros, que se desprenden del demencial objetivo declarado de las sanciones europeas formulado en mayo por la insensata Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen: “Arrasar, paso a paso, la base industrial de Rusia”.

Sobre este panorama, se suceden desde hace meses las declaraciones y reconocimientos por parte de personalidades occidentales sobre la verdadera naturaleza de esta guerra. Preguntado el pasado marzo sobre si en Ucrania los Estados Unidos y Rusia se encontraban en una guerra por país interpuesto (“proxy war”) el exdirector de la CIA, León Panetta, respondía en una entrevista televisada: “Podemos decirlo o no, pero se trata de eso”.

En su visita a Kiev del 24 de abril el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd Austin, un hombre de la industria armamentística, también lo confirmó al explicar a sus interlocutores ucranianos que “el cometido de nuestra reunión es hablar sobre lo que nos permitirá ganar esta guerra”. El uso de la primera persona del plural despeja toda duda sobre quién está librando tal guerra. Por aquellas mismas fechas el editorial de The New York Times explicaba que el objetivo de la guerra “es poner a Rusia de rodillas”, y mientras tanto el Congreso ya ha aprobado 40 mil millones de dólares más de ayuda a Ucrania, de ellos 23 mil para ayuda militar. Sumados a los 13 mil 670 millones de la primera fase, la ayuda asciende a 53 mil millones, casi a la par con el presupuesto militar de Rusia. Nunca un país había recibido tanta ayuda de los Estados Unidos en los últimos 20 años.

La conclusión de todo esto es evidente: no es solo una guerra atroz e injustificable de Rusia contra Ucrania, es, además y sobre todo, una guerra de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia, de momento en territorio de Ucrania y con esta como víctima e instrumento. ¿Por qué “de momento” en territorio de Ucrania?

“En el entorno del presidente Zelenski se dice que habrá una contraofensiva militar ucraniana a mediados de junio”, capaz de ampliarse a territorio ruso, explicó el consejero presidencial Olexij Arestovich, al diario alemán Die Welt. “Para entonces los ucranianos tendrán más armas recibidas del extranjero. Antes es poco probable”, dijo.

“La contraofensiva ucraniana necesita sistemas de misiles de alcance medio y largo, artillería de gran calibre y aviación”, explicaba al Wall Street Journal el general Kyrylo Budanov, el jovencito de 36 años de edad que dirige la inteligencia militar ucraniana.

En las redes sociales y medios de comunicación triunfa una estupidez incapaz de medir los riesgos y consecuencias de lo que se propone. En la tele rusa periodistas y analistas energúmenos frivolizan con la capacidad de “eliminar Gran Bretaña” de un solo misil nuclear ruso “Sarmat”. En el campo opuesto, el delirio de los liberal-estalinistas rusos opuestos a Putin, muchos de ellos en el exilio y trabajando para organizaciones atlantistas, no conoce límites al llamar al desmantelamiento de su propio país, incluso al riesgo de una guerra nuclear. Es un nuevo ejemplo del tipo de oposición que los regímenes autocráticos siempre han generado en Rusia.

Regresan con sus nefastos consejos asesores occidentales de la “terapia de choque” de los 90 en Rusia, como el fanático incompetente Anders Aslund: “Mi humilde consejo a la OTAN sería: 1) Dar cuanto antes el máximo de armas posible a Ucrania; 2) Abrir los puertos del Mar Negro a la navegación; 3) Bombardear preventivamente las ciudades rusas más importantes para garantizar que Putin no usará armas químicas o nucleares”, dice.

“Estados Unidos debería mostrar que puede ganar una guerra nuclear”, escribió Seth Cropsy, presidente del Yorktown Institute en el Wall Street Journal.

Ante este espectáculo hasta el belicista The New York Times siente el vértigo de las consecuencias de aquel “poner a Rusia de rodillas” proclamado en su editorial de abril como objetivo de la guerra. Con la vista puesta en la inflación y el desastre demócrata que se anuncia para las elecciones “midterm” de noviembre, el diario constata en su editorial del 19 de mayo que “el conflicto puede tomar una trayectoria más imprevisible y de potencial escalada”, se pregunta si eso va “en interés de Estados Unidos”, estima que “una victoria decisiva de Ucrania sobre Rusia en la que se recupera todo el territorio arrebatado por Rusia desde 2014 no es un objetivo realista”, aconseja a Biden que debería “explicarle los límites” a Zelenski, y recuerda finalmente que el adversario “todavía es una superpotencia nuclear”.

Tres meses después de su inicio comprendemos mejor el cúmulo de irresponsabilidades multilaterales que han desembocado en esta guerra.


  • Periodista y escritor.

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