agosto 17, 2022

El pequeño librito verde de la justicia climática y bosques

Por Ernesto Jordán Peña *-.


Es frustrante ver que las personas más afectadas por el cambio climático son aquellas que menos han contribuido a exacerbar este problema. Es más frustrante aún saber que hay iniciativas para cargar sobre estas personas con la responsabilidad de no solo adaptarse, sino también mitigar el cambio climático. Y es mucho más frustrante si se toma en cuenta que el 70% de emisiones históricas de gases de efecto invernadero (GEI) provienen de las 100 corporaciones más contaminantes del planeta. Todas estas injusticias se deben tomar en cuenta para organizar una respuesta adecuada, oportuna y pertinente a esta crisis. Entonces no deja de sorprendernos cuando uno se entera que se siguen apoyando y fomentando maneras de perpetuar las injusticias a nombre de luchar contra el cambio climático.

La deforestación es básicamente cuando se transforma el bosque en otro tipo de ecosistema con el fin de aprovechar la tierra de otra manera. Este cambio siempre implica la transformación de la mayor parte de la materia viva (biomasa) en GEI. Por otro lado, los bosques naturalmente transforman dióxido de carbono en oxígeno, siendo sumideros de carbono naturales. Debido a esto se plantea que reducir y detener la deforestación es una estrategia para combatir la crisis climática, sin embargo, los bosques más saludables y eficientes en la absorción de carbono se encuentran en países históricamente excluidos y explotados. En algún momento a alguien se le ocurrió que para detener la deforestación se puede pagar a los habitantes de los bosques para que no deforesten. Hay quien inclusive señaló que dicha reducción de emisiones puede transarse en un mercado.

Bolivia tiene grandes extensiones de bosques naturales que permanecen en pie gracias a la presencia de pueblos indígena originario campesinos que habitan en ellos y los aprovechan sin destruirlos. El mejor ejemplo de esto es el aprovechamiento que se hace en la Amazonía de los frutos que son recolectados y producidos en el bosque. Pero, este beneficio no alcanza para satisfacer las necesidades de la región, que hasta ahora es de las más pobres del país. Por tal motivo hay quienes proponen que “se venda oxígeno”, es decir, que se haga un pago a estas personas por no deforestar su bosque. ¿Quiénes pagarían por algo que ya ocurre de por sí? Todas estas empresas que ya mencioné y que buscan “restar” a su contabilidad de emisiones el carbono absorbido por estos bosques.

A primera vista parece una ganga, porque las comunidades recibirían dinero sin tener que hacer nada a cambio, pero hay varias consideraciones que una vez tomadas en cuenta hacen notar el terrible error que es pretender solucionar el cambio climático con este tipo de enfoques.

En primer lugar, como ya se dijo, la absorción de carbono es algo que ya se da por sí solo, con o sin el pago. Para demostrar la adicionalidad que significaría el dinero del pago, los promotores de los proyectos de pago por servicios ecosistémicos (PSE) tienen que hacer todo tipo de triquiñuelas. Para maximizar la absorción de carbono se limita el acceso a los recursos del bosque, con el pretexto de evitar la degradación del mismo, lo que puede llegar al extremo de usarse la fuerza pública para este fin [1], despojándose así de los derechos que tanto ha costado conseguir para el sector campesino e indígena.

A parte de esto, un proyecto de PSE debería ser permanente para asegurar que el carbono en teoría no emitido, no se emita al acabarse el proyecto. Teniendo en cuenta que muchas de las empresas interesadas idealmente no deberían existir en el futuro (como por ejemplo petroleras o carboneras), es imposible que se plantee un proyecto de esta naturaleza con plazo infinito.

Además, el hecho de recibir dinero por un proceso que ocurre naturalmente, sumado a la limitación de actividades productivas, terminaría causando una dependencia total de los afectados en el PSE. Si el ingreso que reciben viene de una sola fuente, que además no será permanente, cuando se corte aquel la situación será peor que antes de la intervención. Se dejarán comunidades que no tienen base productiva para autosostenerse, que han olvidado las prácticas de aprovechamiento de los productos forestales y que en la necesidad podrían verse obligadas a deforestar el bosque que tanto cuidaron para tratar de salir adelante.

Actualmente los ojos están puestos en la Amazonía. La escasez de alimentos a causa de la guerra entre Ucrania y Rusia, sumado a los efectos de la pandemia que todavía se sienten en el comercio internacional ha aumentado la demanda por tierras cultivables para producir alimentos, la que está empezando a ser saciada por nuevas tierras deforestadas.

Por otro lado, el reclamo de la población mundial por acción climática efectiva está impulsando la aparición de falsas soluciones como los PSE, que permite a las grandes corporaciones contaminantes lavarse la cara a cambio de unos cuantos millones de dólares, que para estas es una pequeña inversión viable para mantener su negocio como hasta ahora.

Bolivia tiene la oportunidad de demostrar al mundo que el manejo sustentable de los bosques es compatible con los objetivos de desarrollo y los de adaptación y mitigación al cambio climático. Lo que hace falta es la voluntad de los tomadores de decisiones y el trabajo de los habitantes de los bosques, y el apoyo del resto de la sociedad civil.


  • Biólogo ecosocialista, militante del Proceso de Cambio.

1       “Conservation International admits failures in its Alto Mayo Protected Forest REDD project in Peru. But uses the failures as part of its success narrative”. Publicado el 30 de noviembre de 2021 en: https://redd-monitor.org

 

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