agosto 9, 2022

Importancia estratégica de las lenguas indígenas: Los vocabularios de Bertonio, Holguín y Marbán

Por Luis Oporto Ordóñez *-.


La obsesión por dominar las lenguas nativas, tema recurrente en la Colonia, sobrepasó el interés de los religiosos ampliándose al ámbito administrativo y académico de la Audiencia de Charcas, donde se fundó la Cátedra de la Lengua de los Indios en 1583, ratificada por real cédula del 14 de noviembre de 1584. Desde se épocas se estudiaron las lenguas nativas, llevándolas a la imprenta, aunque habrá que recalcar que no son obras lingüísticas propiamente dichas, o cuando menos no solo lo son, sino que destacan en ellas su carácter ideológico al haber sido empleadas como instrumentos de evangelización y dominación colonial. Por ejemplo, Santo Tomás al estudiar la lengua quechua investigó sus costumbres y ceremonias religiosas, consignándolas en escritos que vieron y aprovecharon algunos cronistas del Perú.

El primer libro en quechua fue la Gramática o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú. Nuevamente compuesta por el maestro fray Domingo S. Tomás, de la orden de Santo Domingo, morador de los dichos reinos, seguido de una segunda parte: Vocabulario de la lengua general del Perú llamada Quichua, “impresa en la Imprenta Real con privilegio; acabóse a diez días del mes de enero de 1560” en Valladolid por Francisco Fernández de Córdova.

Santo Tomás nació en Sevilla, España, en 1499. Era religioso de la orden de Predicadores, sacerdote misionero, lingüista, obispo de la Iglesia católica. Falleció en La Plata, Bolivia, el 28 de febrero de 1570. Raúl Porras Barrenechea le dio el apelativo del “Nebrija indiano”, en analogía a la obra de Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática del castellano.

Porras Barrenechea consigna una cronología del quechua en la que se ve que entre 1560 y 1583 tiene vigencia la Gramática y Lexicón de Santo Tomás de Aquino; 1586-1614: Vocabulario de la Lengua General de los Indios de este Reino del Perú, de Alonzo de Huerta; 1612: Vocabulario de la Lengua Quechua, de Diego Gonzáles Holguín; 1633: Arte de la Lengua General de Indios de Perú, de Juan de Roxo Mejia y Ocón; 1690: Arte de la Lengua General, de Juan de Aguilar; seguido del Arte de la Lengua del Chinchaysuyo, de Juan de Figueredo. Señala que “la contribución del siglo XVI al conocimiento de las lenguas indígenas y […] de la historia prehispánica, es fundamental. El quechua y las lenguas subordinadas al romance son descritos e inventariados prolijamente descubriéndose su estructura y un primer caudal de palabras […] Merced a él se verifica la primera simbiosis cultural indo-hispánica”, interesante revelación en la edición facsimilar del Vocabulario de Gonzáles Holguín (versión de 1952), de la que la Universidad Nacional de San Marcos (Lima) mandó a reimprimir en 1989 con auspicio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, con presentación de Ramiro Matos Mendieta y prólogo de Raúl Porras Barrenechea.

Los Vocabularios adquieren un móvil de carácter político ideológico y buscan penetrar al interior de una cultura, analizar su estructura e interpretar sus expresiones, entregando al agente externo los elementos precisos para sojuzgar a los pueblos indígenas. Estos elementos ideológicos subyacentes, planteados en la “Epístola”, dedicatoria a Arias de Ugarte, son ratificados por el propio autor: “La causa y intento que me movió a componer este vocabularios y arte […] es ayudar a ministros del Evangelio, dándoles la copia y propiedad de la lengua que faltaba con que tengan ya alguna excusa para no predicar […] y los librara del hambre y la muerte a los indios”.

Las principales obras de este tipo buscan llenar vacíos de información que dificultaban el rápido control y dominio de las mentalidades colectivas; usando el mecanismo ideológico se garantizaba la explotación económica y la dominación social. La obra misionera apuntaba a la campaña de extirpación de idolatrías, en la cual destacan curas como el padre Francisco de Ávila en 1608. Estas causas “estratégicas” caracterizan a las obras que para llegar a la impresión debían someterse a un largo proceso.

Ludovico Bertonio entregó su manuscrito en 1609, pasando al examen del P. Francisco de Contreras el 30 de agosto de 1610, quien extendió la suma del privilegio para imprimir el Vocabulario de la lengua aymara, firmado por el Marqués de Montesclaros, Virrey del Perú, y entregado a Diego de Torres Rubio, que lo revisó por dos años antes de ser tasado. La licencia fue entregada por el provincial Iván Sebastián luego de una última revisión a cargo a Hernando Herrera, Pedro de Oñate y el propio Torres, quienes afirman: “Con su industria, trabajo y ejercicio de más de veinte y cinco años, salido tan perfectamente con esta lengua que ha excedido a los que mamaron la leche y así juzgamos ser obra muy útil […] que será de gran servicio de Dios N. S. y ayuda para los que la ejercitan en la conversión de las almas de estos naturales”. Fue impreso en 1612.

El Vocabulario de la lengua general del todo el Perú, llamado lengua quichua, o del inca (1608), de Gonzáles Holguín, fue “corregido y renovado conforme la propiedad cortesana del Cuzco, dividido en dos libros, que son dos vocabularios enteros en que salen a luz de nuevo las cosas que faltaban al vocabulario. Van añadidos al fin los privilegios concedidos por los indios”. Gonzáles Holguín, natural de Cáceres, dedicó su obra al Dr. Hernando Arias de Ugarte del Consejo de su Majestad, Oidor de la Real Audiencia de Lima. En el proemio de su obra revela la autoría colectiva de la elaboración de estos materiales: “Así como yo no estoy persuadido […] a que esta obra sea mía […] sino de los muchos indios del Cuzco a quienes he preguntado y averiguado con ellos cada vocablo, y de ellos los he sacado, así ellos son los principales autores de esta obra”.

En el Vocabulario de la Lengua Moxa de Marbán (1701) encontramos una clara referencia al carácter ideológico de los vocabularios cuando Antonio Garriga decía: “Ya dueños de la significación, comenzaron a manejar, como armas propias las voces ajenas […] introduciendo la vencedora luz de nuestra Santa Fe”.

  • Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas, docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

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