agosto 10, 2022

Contrastes y una lectura crítica de la justicia rawlsiana


Por Sara Valentina Enriquez Moldez  -.


John Rawls fue un filósofo estadounidense, profesor de Filosofía Política en la Universidad de Harvard y autor de distintas obras de índole liberal. Su teoría política propone dos principios sobre los cuales basar la noción de justicia a partir de una posición original en el espíritu contractualista de los filósofos políticos clásicos.

Según Rawls, en su modelo de justicia ideal el conocimiento de la gente deberá estar reducido a las necesidades básicas (acceso al agua, educación) y a los principios fundamentales de un individuo para las sociedades (derechos humanos, libertades). Es decir que el sistema de Justicia sea enteramente objetivo, omitiendo las particularidades específicas de determinados individuos; en otras palabras, omitir las cuestiones religiosas, étnicas, de clase, etcétera.

Existen dos elementos claves para entender dicha teoría que deben ser ampliamente respetados en cualquier sociedad democrática: en primer lugar, el que establece la misma libertad para todos los miembros de la sociedad. Este principio prima sobre el otro, de manera que la libertad solo puede ser restringida en aras de la propia libertad.

El segundo elemento es el de igualdad. Las desigualdades sociales y económicas, en su teoría, serán configuradas de manera que respondan a estas dos condiciones: que se pueda esperar razonablemente que sean ventajosas para todos, también para los menos aventajados. Este es el conocido principio de diferencia, al que muchos analistas políticos contemporáneos hacen referencia. Al que también Rawls llama “maxmin” o “diferencias ventajosas para todos”.

Esta idea de justicia como equidad hace referencia a la distribución de cargas y beneficios en miras a una supuesta cooperación social. Una aclaración pertinente es que Rawls no trata de buscar la verdad moral, sino de lograr un objetivo político consensuado, un contrato social.

Si hacemos una lectura profunda podemos contrastar el principio de diferencia con dos principios marxistas: el principio de contribución y el principio de necesidades. En otras palabras, el principio rawlsiano corrige los defectos del principio de contribución y sienta las bases normativas adecuadas para la implementación del principio de necesidades.

No obstante, el rawlsismo está diseñado para justificar normativamente las desigualdades. El punto de partida del autor es la igualdad inicial en la distribución de bienes sociales primarios. La socialización de los medios de producción y las libertades garantizadas por la abolición de la sociedad de clases permiten suponer que la prioridad de la libertad está asegurada. Ni Rawls excluye la posibilidad de que el principio de diferencia sea aplicado en una sociedad donde no exista propiedad privada de los medios de producción.

Rawls dice que en la única circunstancia que puede ser abandonada la igualdad inicial es solo si alguna desigualdad beneficia o, al menos, no perjudica a los menos aventajados. El principio de diferencia niega la tesis de “autopropiedad” al rechazar que cada quien se beneficie ilimitadamente del uso de sus talentos. Los más “talentosos” solo pueden exigir que se les reconozcan los costos del entrenamiento y educación para el desarrollo de sus capacidades.

Por lo tanto, John Rawls, a pesar de pertenecer a los pensadores celebres del liberalismo, acepta ciertos preceptos contundentes provenientes del marxismo. Obviamente en el camino surgen profundas divergencias en la teoría de “lo que debería ser”. Si se quiere pensar la cuestión de la Justicia en el mundo actual es imprescindible el estudio de Rawls para hacer debidos contrastes con otros autores y sacar una conclusión integral de lo que es y cómo debería funcionar la Justicia para que esta sea eficaz, en concordancia con su realidad material.

 

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