septiembre 28, 2022

México y Bolivia en el proyecto del litio


Por La Época -.


El jueves 4 de agosto una grata visita de un país hermano se registró en nuestra patria. En representación de la república de México y del presidente Andrés Manuel López Obrador, el canciller Marcelo Ebrard pisó suelo boliviano cargado de energías positivas y de sueños comunes.

Dentro de uno de esos sueños está una visión compartida sobre el aprovechamiento del litio, un metal estratégico que tiene en América Latina y el Caribe sus mayores reservas mundiales, estimadas en un 65%, según cálculos conservadores; y un 85%, según estimaciones optimistas. Lo cierto es que Bolivia, Chile, Argentina, Perú y México tienen, juntos, el control de este metal considerado clave para la fabricación de baterías de celulares, vehículos y otra serie de usos industriales, entre ellos para los vehículos eléctricos e híbridos.

Pero, como todo recurso estratégico, el litio está en la mira de las grandes transnacionales, cuyo poder económico y político pretende presionar para que su explotación esté en sus manos, obviamente guiadas en la perdurable visión de quedarse con la mayor parte de los ingresos que genere. Y divididos los países que tienen litio es muy difícil que se pueda llegar lejos.

Desde la perspectiva de reconocer esas relaciones desiguales en el actual mundo capitalista es que en abril de 2022 el presidente mexicano propuso impulsar una “asociación del litio” entre los países que cuentan con las reservas de ese metal. Aunque no se ha escuchado si la alianza será para la fase de explotación e industrialización –una tarea extremadamente compleja desde el punto de vista tecnológico–, se ha planteado que esa asociación sea principalmente para regular precios en condiciones favorables para estos países y evitar así la regla capitalista de que las mayores beneficiadas sean las empresas transnacionales y no los pueblos. Es decir, esta suerte de OPEP del litio tendría como uno de sus objetivos impedir que la riqueza de un país sea la pobreza de su población debido a los términos desiguales de intercambio.

Una articulación o “asociación del litio” es, sin embargo, insuficiente. El traslado de la centralidad de la economía del Atlántico al Pacífico es una realidad que no va a cambiar. Y, por lo tanto, la reconfiguración geoeconómica es algo que se está definiendo en función del alto grado de gravitación de los países del Asia y Eurasia. La China lleva la delantera y en varios aspectos ya se ha convertido en la primera economía del mundo y en unos años más, se dice en 2030, estará en primer lugar en todos los niveles. El papel de Rusia, aunque ahora es más político, también se proyecta con fuerza a pesar de la cadena de sanciones que está enfrentando a raíz del conflicto militar con Ucrania. Y la India, aunque en medio de grandes desigualdades sociales, va para arriba en crecimiento económico y en cantidad de población. Sudáfrica es otro que va en ascenso, aunque con grandes problemas sociales.

Esto implica que para completar el círculo la asociación entre Bolivia, Argentina, Chile, Perú y México debe dirigir su mirada hacia los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que si bien no es en conjunto antisistémico sí representa una alternativa a los países de América Latina y el Caribe en materia de tecnología, mercado, ingresos y relaciones más horizontales. Un Brics plus es lo que hay que apuntar, y desde la articulación de los países latinoamericanos productores de litio.

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