septiembre 28, 2022

Gracias al chocolate, jóvenes de la Amazonía boliviana quieren permanecer en sus tierras

Una asociación de 60 jóvenes indígenas campesinos da sus primeros pasos para producir y comercializar chocolate dulce elaborado con cacao nativo amazónico. De esta manera esperan poder seguir viviendo en sus comunidades sin tener que migrar a las ciudades.

En las comunidades indígenas y campesinas de Bolivia hay niños, adultos y ancianos pero casi no se ven jóvenes. Es que, cuando cumplen 18 años, la mayoría decide mudarse a la ciudad para continuar sus estudios o buscar empleo. En este contexto, la Asociación de Jóvenes Reforestadores de la Amazonía (AJORA) inició un proyecto en el departamento de Beni para fabricar bombones y chocolates a partir del cacao nativo de esta zona, considerado uno de los mejores del mundo.

El chocolate más famoso de Bolivia se vende en la ciudad de Sucre, departamento de Chuquisaca, donde se encuentran fábricas que se dedican a este rubro desde hace casi un siglo. Pero en esta región no hay la materia prima, el cacao, que desde hace años traen de la amazónica Beni.

Paradójicamente, en el departamento productor de cacao no hay ni una fábrica de chocolate.

Las y los 60 jóvenes que integran AJORA realizaron con el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) encuentros de capacitación para la elaboración de pasta refinada de cacao, así como bombones artesanales.

Jaime López vive en la comunidad Medio Monte, en el municipio beniano de Riberalta. En diálogo con Sputnik, contó sus expectativas para que este emprendimiento crezca y permita tener mejores condiciones de vida a las y los jóvenes comunarios.

«Es una muy buena experiencia. Hace tiempo que pedíamos ayuda para que nos enseñen a transformar el cacao en chocolate dulce, porque solamente sabíamos transformarlo en chocolate amargo y lo comercializamos amargo aquí en Riberalta», dijo el joven.

Aseguró que a partir del desarrollo del proyecto con CIPCA «tenemos la opción de transformar chocolate dulce para abrirnos mercados locales y también nacionales. Nos da la posibilidad de mejorar los ingresos económicos de nuestras familias».

Además, da la oportunidad a las y los jóvenes de permanecer en sus territorios en vez de ir a agrandar las periferias de las ciudades, donde no siempre hay buenas oportunidades laborales para quienes vienen de comunidades indígenas campesinas.

«AJORA nació por la necesidad de evitar la migración de jóvenes campesinos a las ciudades en busca de empleo. Procuramos que las y los jóvenes se mantengan en las comunidades y tengan alternativas para hacer negocios», explicó López.

El joven comentó que la asociación también produce y comercializa miel orgánica: «Es un ingreso más para las familias, con la finalidad de evitar la migración de jóvenes».

En esta región de Beni y también en el departamento de Pando, las familias indígenas campesinas se dedican, entre diciembre y marzo, a recolectar en la selva castañas amazónicas, que mayormente se exportan.

El precio de la almendra amazónica fluctúa cada año. Por cada caja de 23 kilos de este producto, los recolectores reciben alrededor de 140 pesos bolivianos, es decir 20 dólares. Pero luego de marzo, las familias no tienen más actividades económicas. Viven de lo que cultivan en sus chacos o de lo que cazan en el monte. Y los jóvenes se van a buscar empleo al poblao Riberalta.

«Las comunidades están vaciándose porque casi todos se van al poblao a buscar trabajo. Uno siempre tiene que buscarse la vida, el alimento. Y con estas iniciativas podemos elaborar productos ecológicos. Gracias a eso ha bajado la migración de nuestra zona», aseguró López.

Actualmente, seis comunidades indígenas campesinas integran la AJORA.

La transformación del cacao

Cristina Cari, técnica agrónoma, coordina el proyecto ‘Derechos y juventud en la Amazonía’, de CIPCA. Consultada por Sputnik, indicó que «aquí, el 90% de la economía se mueve en la zafra castañera. Después no hay trabajo, por más que busques».

CIPCA con AJORA evaluaron qué emprendimiento podían desarrollar que deje recursos económicos a las y los jóvenes: «Ellos pidieron hacer la transformación del cacao, porque ellos venden, acopian, comercializan, producen el grano de cacao. También hacen pasta rústica artesanal».

El centro de investigación consiguió refinadoras de cacao y moldes de policarbonato para los jóvenes, además de transmitirles los conocimientos necesarios.

Como ventaja, en esta región «tenemos el cacao nativo amazónico, uno de los mejores del mundo, con características organolépticas sin igual», dijo Cari.

En CIPCA están confiados en que los jóvenes podrán producir «un chocolate fino, vendible al mercado nacional y, en un futuro, al mercado internacional», mencionó Cari. Y destacó que si este proyecto tiene el éxito esperado, «manejaríamos toda la cadena», desde la cosecha del cacao en el monte, pasando por el procesamiento, hasta la venta del producto debidamente empaquetado.

Para López, ya es hora de que Beni produzca su propio chocolate «porque no hay ni una chocolatera aquí», describió. ¿Y por qué? «Creo que es por falta de interés de instituciones y organizaciones que se dedican al tema del chocolate».

El joven se mostró consciente de que no será sencillo sacar adelante esta iniciativa. «Estamos dando pasos difíciles, porque existe el riesgo de pérdida», consideró.

Además, el clima ardiente de la Amazonía, con días que normalmente superan los 30°C, hará más complicada la transformación del chocolate.

«Por la cadena de frío, la transformación es muy difícil aquí en las comunidades, donde no habría forma de solucionarlo. Pero en el pueblo se puede hacer esa transformación», sostuvo el joven de AJORA.

«Creo que por eso y por falta de conocimiento no se ha lanzado Beni a hacer chocolate dulce, a pesar de que aquí está el grano. Por eso, creemos que un chocolate beniano tendría mejor salida al mercado», sostuvo López.

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