Por Soledad Buendía Herdoíza * -.
Somos como la paja del páramo que se arranca
y vuelve a crecer…
y de paja de páramo sembraremos el mundo. Dolores Cacuango
Las voces y las luchas de las mujeres, y en particular de las mujeres indígenas, han sido invisibilizadas; sus aportes a los procesos colectivos como protagonistas han sido excluidos del relato histórico construido desde el poder dominante, patriarcal, racista y discriminatorio.
Dolores Cacuango es una de estas muchas mujeres de nuestra América que han pretendido que olvidemos. Hoy, a través de estas líneas de su biografía, busco reescribir quien fue como activista y precursora de la lucha por los derechos de los indígenas y campesinos, además de un símbolo del feminismo en la Región
En Ecuador, en medio de la sierra y cobijada por los Andes, el 26 octubre de 1881, en Pesillo, en la comunidad indígena de San Pedro Urco, del cantón Cayambe, nace Dolores Cacuango Quilo.
En una humilde choza con techo de paja y piso de tierra, Andrea Quilo da a luz a la más importante líder indígena del siglo XX, quien, años más tarde, encarnaría la lucha y unidad del pueblo indígena ecuatoriano.
Heredera de la fuerza y resistencia del pueblo kayambi frente a las instituciones impuestas por los colonizadores españoles, Dolores Cacuango jamás bajó la cabeza y nunca dejó de reivindicar sus derechos, su cultura y tradiciones. Hija de indígenas gañanes –o también denominados “peones concierto”– que trabajaban en las haciendas sin recibir salario, vivió una infancia cruzada por la pobreza y las carencias.
Al cumplir 15 años Dolores tuvo que trabajar en la casa de hacienda Pesillo, donde realizaba el trabajo de cuidado como “huasicama” en un sistema de subyugación a órdenes del patrón. Obligada a lavar, hacer mandados, ensillar caballos, acarrear agua y leña e incluso forzada a satisfacer sexualmente al hacendado y sus hijos, a cambio de comida y un lugar para dormir.
La miseria, explotación y necesidades en que vivían los indígenas indignaba a la joven, que sembró esperanzas de cambio con el triunfo de la Revolución Liberal en 1895, que revisó el concertaje y prohibió la “huasicama”, dos sistemas coloniales de explotación, y aprobó un régimen salarial para los peones de las haciendas. Pronto Dolores vería que avanzar en implementar las conquistas de la “revolución alfarista” en favor de los derechos del pueblo indígena implicaría muchos esfuerzos y que sin organización política no se podrían unir a otras comunidades para la acción colectiva.
La década del 90 vio florecer las semillas sembradas por esta dirigente indígena, con una serie de levantamientos que permitieron al movimiento indígena erigirse como un actor político fundamental en una sociedad cuyas demandas de Estado Plurinacional, educación gratuita, de calidad y bilingüe, derechos civiles, políticos, de identidad y culturales, fueron incorporadas en la Constitución de 2008.
Hoy el movimiento indígena sigue siendo protagonista y continúa en pie de lucha con los ideales de Dolores Cacuango contra las injusticias de un gobierno neoliberal que prioriza al capital sobre el ser humano.
* Asambleísta del Ecuador.

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