febrero 3, 2023

Alma en Mano, desafiante experiencia editorial de Títeres Elwaky

Por Luis Oporto Ordóñez *-.


Títeres Elwaky es un emprendimiento esencialmente familiar, conformado por Grober Loredo y María del Carmen Cárdenas y sus dos hijos, Bayardo y Alexia. Los primeros son fundadores autodidactas con amplia trayectoria, en tanto que la nueva generación se ha formado académicamente en Buenos Aires.

Alma en Mano. Revista de Títeres Elwaky, dirigida por Alexia Loredo, lanza su edición doble 2 y 3, correspondiente a noviembre de 2022. Sale a la luz de la imprenta luego de tres años de su primera edición, espacio de silencio provocado por contingencias “políticas (espantosas) o epidemiológicas (trágicas) “, como afirma la nota editorial firmada por Grober Loredo. Este número doble de antología fue escrito con el concurso de 13 autores de cinco países: Argentina, Chile, Bolivia, México y Perú; profusamente ilustrado por los propios titireteros. La portada está ilustrada por una bella obra de arte, elaborada por Daniel Acarapi y Alexia Loredo; la tira ostenta reproducción de afiches extraídos de sus archivos sobre las obras de Títeres Paralamano; “Una ratita presumida”, “Ojos azules y una mujer muy pequeña”, “¿Otra vez Caperucita? “, “Historias simples en compás compuesto” y “Dormilón”. La retira reproduce la linografía de Alexia Loredo: “Destino manifiesto”, síntesis de la historia social del pueblo boliviano, signado por dictaduras y masacres. La contraportada reproduce la obra de óleo sobre lienzo de Osvaldo Figueroa: “El universo Choloman”, que retrata una función de títeres en plaza pública.

Este número emblemático está destinado a conmemorar los 20 años de sacrificada, prolífica y exitosa trayectoria del colectivo Títeres Elwaky, como se refleja en el artículo central firmado por Grober Loredo (fundador y gestor de Títeres Elwaky), que reconstruye esas dos décadas, desde el ya lejano 15 de julio de 2002, cuando crearon a su primer personaje, “Cachito”, “al volver de la verbena con que –en Cochabamba– se celebra el aniversario de La Paz”, con la toma de una plaza pública, su participación en eventos internacionales y premios de esa categoría, hasta su crecimiento y desarrollo (2022), en el que consolidan “los lazos entre títeres y literatura”, abriendo una veta muy rica, quizá como la que descubrió el “loco de la montaña” en La Salvadora. “Encaramos montajes inspirados en la producción de Oscar Alfaro y en el Quijote de La Mancha, intentando crear propuestas a la vez consistentes y atractivas para nuestra niñez”, su público cautivo, pero con la mira puesta en otro tipo de audiencia, como afirma el autor en “Elwaky: estampas de una vida titiretera”, semblanza que era muy esperada.

La edición trae otras 15 propuestas, con miradas biográficas (“Gastón Aramayo, un maestro de altura”, de Martín Molina, Perú; “Franz Loayza: Títere, una máscara que libera”, Oruro); testimonios (“Andares de una titiretera, de El Alto a Buenos Aires”, de Giovana Chambi; “A Cochabamba me voy, por aire, mar y tierra”, Miguel Oyarzún, argentino); notas y noticias (“Juglares… un festival de y para titireteros y titireteras”, de Quique di Mauro, Argentina); reflexiones y aportes teóricos (“La ternura: arma de construcción masiva”, de Juan Rodríguez, Títeres Paralamano, Bolivia; “Para el cachiporrazo. Artaud y los títeres de guante”, de Carli Bastarrechea, Argentina; “Tradición titireteresca y perspectiva de género”, de María Laura Gallo, Argentina; “Dramaturgia para títeres”, de Osjar Navarro Correa, Argentina); propuestas (“Títeres gigantes, muñecos de gran formato para pasacalles, carnavales, manifestaciones y otros”, de David Escalante); ponencias (“Maravillosa rebeldía”, por Ignacio Larios, México); entrevistas (Franz Loayza: “Del animismo mágico a los títeres para la salud”, Oruro, Bolivia); cuento (“El platanito millonario”, por Luis Bredow); poema (“Elwaky en verso”, cariño genuino del gran Cocomanto); reseñas (Mitos y leyendas latinoamericanas en el teatro de títeres, Enrique Di Mauro, comp.; Mil vidas, fanzine, por Martín Molina; Los títeres en Bolivia, de Alexia y Grober Loredo, edición monográfica de Resquicios, revista de cultura de la Alcaldía Municipal de Cochabamba); y comentarios (“La abuela y sus historias. Un cachito de Quijote”, por Mariana Vargas, Bolivia).

En estos escritos breves sobresale el artículo “Bolivia en la Enciclopedia Mundial de los Títeres de la UNIMA”, escrito por Pablo Luciano Medina, que sorprende por haber plasmado en tres carillas una historia de los títeres en Bolivia, cuyos orígenes los sitúa en las tradiciones artísticas que “tienen sus raíces en las antiguas prácticas rituales de los Quechua y Aymara y, especialmente, en la danza-teatro”, trazando una línea de tiempo a través de la Colonia “cuando parece que el arte del títere aparece” (1663), la República, en el que identifica “el rastro del titiretero Olivares, durante la presidencia de Hilarión Daza”, “Don Andrés en Pulacayo a finales del siglo XIX, Don Abundio en Potosí, Don Zenón en Machacamarca, los hermanos Pinto Marañón en Oruro, el titiretero Zenón Mujica en Viloco y Huanuni”, y aventuras de extranjeros como el argentino Javier Villafane (1941) y el uruguayo Juan Manuel Tenuta (1947-1948), identificando a los primeros personajes de títeres, como “Juan Titirico”.

A partir de 1960 enumera momentos estelares como el Primer Seminario Nacional, coordinado por Alexis Antiguez, con apoyo de la Escuela de Títeres y del Taller de Libre Expresión del Centro Cultural Portales (1972), el Taller Nacional de Teatro de Muñecos y Objetos Animados del Instituto Boliviano de Cultura, bajo la dirección de Jaime Gonzales y Clara Gonzáles, que utilizan títeres de guante (cachiporras o guiñol), de varillas, de hilo, marotes, títeres gigantes, teatro negro y teatro de sombras y el primer Festival de Títeres y de Objetos Animados: el Títeres Festiñecos, movimiento que se fortalece en la década de los 80 con dos compañías: El Kusillo (Cochabamba) y Taypicala (Potosí); la Asociación Departamental de Titireteros en La Paz (1993), que editan un boletín. Brillan los nombres de Eduardo Cassis, Rudy Betancourt, Antonio Paredes y Jaime Gonzáles Porta.

En 2001 se convoca a la primera Asamblea Nacional de Festiñecos, que se extinguirá en 2007, pero surgen, con brío, nuevos festivales (Festitíteres) en Sucre y Cochabamba, organizados por Títeres Paralamno, Títeres La Pirueta y Títeres Elwaky, que lideran un movimiento que se caracteriza por la constitución de elencos artísticos profesionales, la toma del Parque Vial, donde funciona por ocho años el teatrito de Títeres Elwaky, y la realización de Encuentros Nacionales de Títeres, contemplado como “espacios para la organización y profesionalización de la práctica artística en Bolivia”. Los seis títulos que consigna en su bibliografía son otro hallazgo en este mundo árido como es el de los Títeres.


  • Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

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