abril 21, 2024

De la Iglesia católica de los pobres a la de los ricos

Por Adolfo Mena Gonzales -.


Frei Betto, brasileño teólogo de la liberación, en una entrevista titulada “Las izquierdas latinoamericanas debemos pensar porqué los más pobres ya no nos apoyan tanto” brindaba un análisis muy claro de las posturas que tenía la Iglesia católica en su momento y el rol que cumplió en la victoria de Jair Bolsonaro en 2018, por encima del Partido de los Trabajadores (PT). Es ahí cuando ese artículo daba insumos muy ricos, que deben llamar a la reflexión de esta élite de la Iglesia, que actualmente busca una victimización en cuanto al rol nefasto que algunos de sus representantes tuvieron en el golpe de Estado de 2019.

Señalaba también de forma textual en dicha entrevista: “Además, no se sentían bien en las misas católicas, que generalmente son muy buenas para las capas medias y altas. Pero tú, fiel, dueña de una empresa, vas a la misa y difícilmente vas a encontrar a un empleado tuyo ahí, o al portero de tu edificio, o al chofer de tu auto. Esa gente va a la iglesia evangélica. La Iglesia católica no ha sabido dar apoyo ni valorar. También el clericalismo que hay en la Iglesia católica –todo está centrado en la figura del cura– ha dificultado mucho nuestro trabajo. Los curas no viven en las favelas, pero los pastores sí, entonces ese acercamiento conquista a la gente”.

Ese breve análisis da una visión de la condición de clase y a qué clases responde actualmente la jerarquía católica, tan alejada de las bases, pero que vemos cómo sale en defensa de los Derechos Humanos de personas que firmaron un decreto exonerando de responsabilidad penal a militares y policías por matar en 2019. Las posturas y declaraciones que la Iglesia manejaba ese año, para no comprometer más la situación de algunos de sus clérigos, de hecho ahora se incrementa, porque –como bien decía Betto– en una sociedad donde lo que predomina es una clase media (desclasada en el caso boliviano) tendrá mucho valor lo que opinen la Conferencia Episcopal y su jerarcas, sin tomar en cuenta la voz del cura barrial que estuvo atendiendo heridos de bala por los sucesos de 2019.

Hace algún tiempo se advirtió la consigna de la derecha de perseguir la impunidad, que sería su punta de lanza la supuesta falta de libertad y violación a los Derechos Humanos, queriendo victimizar a una Iglesia que desde hace muchos años responde a élites en lugar de al pueblo humilde.

¿Qué hacer? En este caso debe haber una acción desde el Estado, como el impulsar la Teología de la Liberación que propugna Frei Betto, acompañarla reconociendo a actores que responden a esa población humilde, apoyando iniciativas que por muy sencillas que sean tienen un alto impacto, ver como aliados a aquellos que desean salir de la burbuja de la comodidad eclesiástica y se suman a un proyecto de país que busca reconocer y dar voz a todos y todas.

No se puede eliminar una herencia colonial tan hábilmente instaurada y tergiversada, lo que corresponde es coexistir con ella y darle un espacio acorde a la coyuntura histórica que vive el país; por eso, si se trabaja desde abajo, yendo al barrio, a la iglesia humilde, por ubicarlos e impulsarlos, coordinar y apoyar ese trabajo barrial, mostrando que la Iglesia católica no es únicamente la de la Catedral de la Plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz o la de San Miguel de La Paz, la cual hace política para ricos, ni tampoco que son esos cuatro tipos que se sentaron con Ricardo Paz, Doria Medina, Tuto Quiroga y Carlos Mesa y decidieron como en tiempos coloniales quién sería la persona que tomaría el lugar del indígena para colocar alguien que responda a sus intereses.

Jamás hay que olvidar que el enemigo es colonialista, patriarcal, neoliberal y reaccionario; que la Iglesia católica ha sobrevivido a gobiernos de derecha y de izquierda, por tanto toca coexistir con ella, nos guste o no.

Para finalizar, no planteo impunidad, sino dar voz a quienes impulsan una iglesia para los humildes y no para los ricos. Los falsos profetas deben rendir cuentas por la supuesta “pacificación” que trajo luto, llanto y dolor con más de 30 muertos, por los cuales esa misma Iglesia jamás salió a denunciar violaciones de los Derechos Humanos.

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