Con la globalización del comercio se incrementó la centralización de las cuentas financieras de los países, así tenemos que el Reino Unido concentra la mayor parte del oro de los Estados y también sus cuentas bancarias. Tal centralización se da con el objetivo de “agilizar” el comercio internacional (supuestamente acelerando y garantizando los pagos). En Estados Unidos igual se concentran los activos de varios países.
Días atrás se conoció que el Reino Unido continuará con el congelamiento de los activos rusos, en represalia por la invasión a Ucrania. La única manera de que Moscú pueda utilizar esos recursos es que sean destinados a la reconstrucción de Ucrania, vale decir que el gobierno de Putin no puede disponer de esos recursos, causándole daños severos su accionar financiero, que repercute en su faena militar.
Lo mismo pasa con Venezuela, porque sus activos (oro y cuentas bancarias) no pueden ser utilizados por el Gobierno. En este caso se llegó mucho más lejos al permitir que Juan Guaidó pueda manipular dichos recursos, generando una crisis económica y financiera que alcanzó índices de inflación que superaron los tres dígitos y la imposibilidad de disponer de dinero en efectivo para cubrir importaciones (sobre todo de medicamentos e insumos para la salud). Sin embargo, una vez que estalló la guerra de Rusia y Ucrania la Casa Blanca “flexibilizó” las sanciones y permitió a Nicolás Maduro contar con solo una parte de los recursos congelados.
Estas sanciones financieras no se aplican “democráticamente”. Por ejemplo, no se le sanciona a los Estados Unidos, Israel u otros que invaden sin preocuparse de recibir sanciones internacionales. ¿Será que hay invasiones “justificadas” e invasiones “diabólicas” que merecen ser sancionadas? De igual manera, hay gobiernos que cometieron muchas más “irregularidades” en su elección que las supuestamente realizadas por Nicolás Maduro, pero al considerarlos “gobiernos amigos y seguidores de la democracia” tampoco reciben castigos. ¿Hasta cuándo esta supuesta justicia?
Se debe tener en cuenta que toda acción tiene una reacción. En este sentido, varios países del mundo no ven “justas” estas sanciones y empiezan a planificar cómo eludir estas condenas unilaterales. En este aspecto, empiezan a formar asociaciones que puedan hacer frente a los sancionadores, una prueba clara es el Brics (Brasil, Rusia, India China y Sudáfrica), que asocia a países con el fin de que el comercio entre ellos sea más dinámico, se prescinda del dólar americano y, sobre todo, de centralizar sus activos en países que puedan aplicar su concepto de “antidemocráticos e invasiones justas o injustas” y hasta se vean con sus activos congelados.
Con estas sanciones, que para algunos países es justa y para otras no, lo único que se logra es debilitar la hegemonía financiera que ejercían y ejercen ciertos Estados considerados potencias económicas y militares. Con todo, los países y gobiernos que no están de acuerdo con este accionar ya crean alternativas económicas financieras que al final beneficiarán a la mayoría de los Estados. Ninguna hegemonía internacional es buena.

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