Por La Época-.
Sin haber llegado al mes de posesionado, el gobierno encabezado por Rodrigo Paz y Edmand Lara anuncia todo menos la ansiada estabilidad que le prometieron al país durante su campaña. Una conformación improvisada del Ejecutivo, ausencia de un plan concreto de gobierno e incluso la persistencia de tensiones entre el Presidente y el Vicepresidente –que al principio se pensaban anecdóticas–, son todas señales preocupantes para el futuro de todos los bolivianos.
La denuncia frecuente de supuestos actos de corrupción presuntamente cometidos durante el anterior Gobierno, algunos tan inverosímiles como el supuesto robo de 15 mil millones de dólares, junto a “intervenciones sorpresa” de agencias estatales como el INRA y la ANH, así como el arresto de dirigentes sindicales como Juan Carlos Guarachi, no alcanzan para que la ciudadanía recupere la confianza en que mejores tiempos se avecinan.
Tampoco relajan la eliminación del Ministerio de Justicia luego de que se impugnara el nombramiento de Freddy Vidovic como cabeza de sector, junto a la designación de viejos rivales electorales como José Luis Lupo en otra cartera, mientras el segundo hombre del Estado, el vicepresidente Lara, se esfuerza en influir sobre su propio gobierno, aunque a través de escandalosos mensajes en redes sociales que lo enfrentan directamente con el presidente Paz o informan a la población sobre aspectos de su vida privada que generalmente se tratarían en reserva.
Sobre dicha autoridad se puede decir que es clara su intención de hacer política en términos formales, así como también de que no sabe cómo hacerlo. Mientras aprende cómo evitar aquellas “metidas de pata por falta de experiencia política”, como él mismo señaló, su principal aporte a la gestión de Paz parece que será la objeción a todo nombramiento que este haga. Quinta rueda del coche, hombre que solo se necesita para la foto: la caricaturización de su figura es demasiado precoz a estas alturas del partido.
Tampoco se puede salvar de críticas el presidente Paz, quien además de extender ya por más de dos semanas la conformación definitiva de su gabinete y el resto del Gobierno (con vacancias en lugares clave como el Ministerio de Relaciones Exteriores), se percibe como más ocupado en acusar las acciones del Gobierno anterior sin responder exactamente cómo hará para devolverle poder adquisitivo al salario de los bolivianos, a pesar de una baja del precio del dólar en relación al peso boliviano que, predeciblemente, no redujo los precios de la canasta básica.
También se dio el primer amague de trifulca a golpes entre legisladores (pluri)nacionales en estos días, que demuestra que las limitaciones deliberativas no eran una característica exclusiva de representantes del mundo popular, sino también de las muy meritocráticas figuras provenientes de la clase media urbana y profesional del país. Una agresividad que resulta tanto más inexplicable cuando se toma en cuenta que casi todos compartían hasta hace un mes su oposición al Gobierno del MAS, lo que, en teoría, debería convertirlos en aliados.
De hecho, es difícil saber de dónde vendrá la oposición al actual Gobierno, fuera del propio Vicepresidente, si consideramos que en él participan figuras tan añejamente derechistas como el empresario croata acusado de impulsar un golpe de Estado en 2008, Branco Marinkovic, o el candidato a vicepresidente de Doria Medina, el mencionado ministro Lupo. Incluso su principal adversario durante la segunda vuelta electoral, Jorge Tuto Quiroga, ha anunciado que la suya será una “oposición constructiva”.
No obstante, algo debe quedar fuera de duda respecto a quien no se opondrá al caótico gobierno de Paz, hasta ahora extrañamente funcional, y es que figuras tan aguerridas como el expresidente Evo Morales hoy parecen haber dejado atrás la retórica confrontacional que lo caracterizó durante el gobierno del expresidente Luis Arce Catacora. Una de sus últimas declaraciones llamaba a no desconocer a Lara. El resto de la izquierda, donde quiera que esté, parece estar lejos de poder jugar un rol siquiera fiscalizador sobre una gestión que da sus primeros pasos al son de clarinetes de circo.
Queda, al menos, la certeza de que el Gobierno de los Estados Unidos no dejará abandonado a este Gobierno. Quizá aquella sea su única garantía.

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