
A pesar de los procesos que han surgido en su contra durante varios años, el expresidente boliviano Evo Morales (2006-2019) aseguró en una charla exclusiva para Sputnik que ha salido victorioso en las querellas judiciales.
«Ya me acusaron de narcotraficante, de asesino y de terrorista durante el Gobierno de [Jorge] Tuto Quiroga (2001-2002). El plan era procesarme, sentenciarme e inhabilitarme como candidato para 2002 y 2005. Pero gané todos los procesos», también en los juicios que siguieron hasta el momento, aseveró.
Los dichos del político se dan después de que el 11 de mayo, autoridades del Tribunal Primero de Sentencia Penal de Tarija (sur) giraron una orden de aprehensión en su contra porque no acudió a una audiencia por su presunta participación en el delito de trata de personas.
Ello ha sido calificado por analistas consultados por este medio como un caso de lawfare en el país sudamericano.
Durante el Gobierno de Jeanine Áñez (2019-2020), Morales fue investigado por el presunto delito de estupro pero, ante la falta de pruebas, la causa fue archivada.
🇺🇸 "EEUU ya no es hegemonía internacional", afirma Evo Morales
🇧🇴 El exmandatario de Bolivia, Evo Morales, consideró en charla con Sputnik que existe un nuevo momento geopolítico mundial, en el que Washington ya no ejerce la misma influencia global que antes, por lo que el país… pic.twitter.com/9NphKNYENi
— Sputnik Mundo (@SputnikMundo) May 21, 2026
Un Estado lejano al pueblo
Pero el tema judicial no es el único en el que actualmente aparece el exmandatario. En las últimas semanas, el presidente actual de Bolivia, Rodrigo Paz, y varios de sus ministros indicaron que Morales estaría buscando una estrategia para que, eventualmente, regrese al poder.
Al respecto, el político hizo referencia a la ley 1720 como el tema que encendió la lucha de las organizaciones sociales. Entre abril y mayo, decenas de territorios de la Amazonía boliviana, en los departamentos de Pando y Beni (norte), se levantaron contra esta normativa, impulsada por la poderosa agroindustria del departamento de Santa Cruz (noreste).
Esta iniciativa proponía revisar la propiedad de la tierra de las familias campesinas (hasta 500 hectáreas) para hacerlas permeables de créditos bancarios y, por consiguiente, posibles embargos.
«Un poquito conozco la situación económica, gracias a mi experiencia. El Gobierno, desde el golpe de Estado de 2019 continúa subordinándose a las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) para achicar el Estado, reducirlo a lo mínimo. Un Estado que solo regule y no invierta», apuntó.
Además, criticó al Gobierno por no preocuparse desinteresadamente por el bienestar del pueblo boliviano.
«Yo veo que el Estado es papá, especialmente para los hermanos humildes, pobres». Asimismo, expresó que uno de los roles del Estado es «implementar programas o políticas de promoción económica».
La petición justificada
En las movilizaciones en suelo boliviano, que se han extendido durante casi un mes, una de las exigencias más recientes de la Central Obrera Boliviana (COB), la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) o la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE) de La Paz es la renuncia del actual jefe de Estado de la nación sudamericana.
Ante ello, Morales abrió un abanico que justificaría esta petición. «La pérdida del valor adquisitivo, la baja del empleo, el empleo precario, la suba del dólar, por consiguiente, la suba del precio de la comida. Y últimamente, el tema del combustible», enlistó.
En diciembre de 2010, cuando era presidente, Morales quitó la subvención a los combustibles que, en ese momento, implicaba una pérdida de 1.000 millones de dólares al año para el Estado. En 2025, este costo subió a 3.500 millones de dólares, por el incremento del parque automotor y por el alza del precio internacional del diésel y la gasolina.
En este sentido, el exmandatario evaluó que fue acertado para el Gobierno de Paz «levantar la subvención».
No obstante, en enero de 2025, las autoridades bolivianas dieron marcha atrás con el decreto 5503, el cual daba facilidad a las empresas transnacionales para explotar los recursos naturales del país, como los hidrocarburos, el litio y las tierras raras.
En ese momento, el presidente boliviano tuvo que retroceder ante las protestas sociales que mantuvieron al país parados por varios días, tal como sucede ahora.
«Paz ya perdió toda autoridad. No tiene moral para gobernar Bolivia. Entonces, no es Evo Morales (el responsable del descontento) por si acaso, ni es Evo Pueblo. La gente automáticamente ya pide su renuncia», hizo hincapié el político.
La cercanía estadounidense
Uno de los aspectos que ha resaltado en la Administración boliviana actual es el acercamiento con Washington.
Prueba de ello es que el Gobierno estadounidense dejó en claro su posicionamiento a favor de Paz, por medio de mensajes en la red X de funcionarios como el secretario y subsecretario de Estado, Marco Rubio y Christopher Landau, quienes señalaron a supuestos grupos de «narcotraficantes» con intenciones de desestabilizar al Ejecutivo del país sudamericano.
Meses atrás, con la misma narrativa, fue secuestrado el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
«Dicen que somos criminales, narcotraficantes, narcos, vándalos. De paso, indirectamente, creo que me dice a mí ‘loco'», por la propuesta de llamar a elecciones en Bolivia en un plazo de 90 días, expresó Morales.
Los pasos futuros
El Gobierno de Paz enfrenta el movimiento de las organizaciones sociales en las calles y carreteras. En las elecciones de 2025, la Asamblea Legislativa Plurinacional quedó en manos de partidos conservadores y liberales, tradicionales opositores al Movimiento Al Socialismo (MAS).
Políticos de este espectro, como el empresario Samuel Doria Medina (de la Alianza Unidad) y Quiroga (de la Alianza Libre) miran el conflicto en plena crisis gubernamental para Paz, mientras analizan sus próximos pasos, reflexionó Morales.
Para el expresidente, el MAS tiene un nuevo nombre: Evo Pueblo. Reconoció que el pasado movimiento «fue el partido más grande de la historia de Bolivia. Pero, lamentablemente, el Tribunal Supremo Electoral no nos deja participar en las elecciones».
A pesar de los obstáculos, en las pasadas votaciones, Morales instruyó a sus seguidores a inscribirse por otros partidos, «aunque sean de derecha». De esta manera, cuenta con influencia sobre 130 alcaldías, de las 350 que tiene Bolivia.


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