
Han pasado apenas 15 días del nuevo Gobierno y todo lo observado no puede ser más complicado de lo que podríamos haber imaginado antes de la asunción del mando presidencial. En diferentes ejes la gestión parece complicarse a diario y la voz del presidente parece haber dejado su lugar a una vocería sin fuerza ni contenido que no explica, sino más bien complica, acerca de lo que está sucediendo dentro de Palacio y sus alrededores.
La luna de miel se acabó
El binomio Paz-Lara ha dejado de ser una pareja encargada de gobernar al país y se han convertido en actores de una telenovela que nada tiene que envidiar a los culebrones más recordados. Infidelidad, abandono, olvido, falta de atención, compromisos incumplidos, en fin, todo aquello que rodeaba la novela rosa, aunque esta casi siempre tenía un final feliz. En este caso es muy difícil prever cuál será el final de esta telenovela.
Esta semana nuevamente fuimos testigos del mismo guion lacrimógeno de parte del segundo hombre del país y la indolencia de su contraparte gubernamental, pero los temas fueron volviéndose más preocupantes, porque pasaron del “no me contesta las llamadas ni lee mis mensajes” a afirmar que “se ha entregado el Gobierno al perdedor de las elecciones” (Doria Medina) y que el presidente “se está rodeando de gente de la peor calaña”.
Eso lo dijo el vicepresidente y detuvo en parte la posesión de un nuevo Ministro de Justicia, de quien expuso un amplio historial de procesos penales pendientes. Anunció además que seguiría exhibiendo antecedentes de otros colaboradores del primer mandatario.
Lara se ocupó también de recordarle varios de los compromisos o promesas de campaña que habían adquirido juntos frente al electorado y que él exigiría su cumplimiento. Entre ellos el perdonazo tributario, la reducción del aparato estatal, el cierre de la Aduana, el bono para las mujeres, el incremento de la Renta Dignidad y la supresión de la renta vitalicia para expresidentes y exvicepresidentes del Estado.
¿Quién gobierna el país?
Una de las afirmaciones más serias del vicepresidente en esta semana, aunque no sorpresiva ni reveladora, ha sido la de señalar que Rodrigo Paz ha entregado el gobierno a Samuel Doria Medina.
La acusación de Lara no requiere mayor investigación para su comprobación: basta con revisar la nómina del gabinete ministerial y allí se encontrará que el equipo base de campaña de Doria Medica ha pasado a las filas gubernamentales, y no solo ministros, sino también viceministros identificados claramente con el “cementero”.
Esto ya llamaba la atención de inicio, puesto que ese equipo que junto a su candidato fue derrotado categóricamente en la primera vuelta electoral, seguramente porque la población no los aceptaba o porque hicieron las cosas tan mal en la campaña que, pese a comprar encuestadoras y medios masivos de comunicación, además de invertir importantes sumas de dinero en redes sociales, no pudieron lograr un resultado favorable. Si en esa instancia no pudieron demostrar capacidad ni lograron la simpatía del electorado, ¿podrán desde la función pública obtener resultados positivos? Es una pregunta que circula en el ambiente desde el mismo día de su posesión.
Es sabido que el PDC solo fue una sigla alquilada y que sus reales militantes, unos pocos seguramente, lograron algunos espacios en la Asamblea Legislativa (a duras penas la presidencia de la cámara baja). Gran parte de la campaña estuvo liderada por Edman Lara en las calles y en las redes sociales y en alguna medida por la vieja guardia del MIR (partido del padre del presidente) que, al parecer, tiene una importante llegada al mandatario por lo que se pudo observar en la presencia de aquellos en el gabinete y como acompañantes en diferentes actos como en el show de entrega de las oficinas de la Asamblea de Derechos Humanos.
En este contexto, no hay que olvidar que Samuel Doria Medina no solo fue ministro de Jaime Paz, sino incluso su candidato a la vicepresidencia, aunque con resultados desastrosos (como en todas las contiendas electorales en las que participó hasta ahora Samuel), es decir, es también un hombre de la vieja guardia del MIR que, a diferencia de sus compañeros de entonces, ha tratado de mantenerse vigente en la política sin importarle mucho con quién se aliaba.
Otro de los nuevos aliados de Rodrigo Paz, pese a que en campaña le cerraron las puertas, es el empresariado cruceño, principalmente el relacionado con el agronegocio, que ha logrado colocar en el gabinete en carteras claves a su propia gente, sabiendo que desde allá va a poder trabajar a favor de sus propios intereses con mayor libertad.
Y junto a ambos hay otro grupo que ha conseguido penetrar en el aparato gubernamental sin ningún mérito electoral, el de la exsenadora golpista Jeaninne Áñez, cuyos seguidores, muy ligados a Doria Medina, han marcado presencia rápidamente en puestos de importancia.
Uno podría pensar que esta “juntucha” de perdedores ha logrado ser parte del equipo de Gobierno por la ausencia de cuadros capacitados en el partido ganador de las elecciones o en la agrupación que lidera el vicepresidente. Sin embargo, podríamos pecar de mucha ingenuidad.
Todo parece indicar que se trata de una instrucción que viene de arriba, de mucho más arriba. Habrá que remitirse al viaje que realizó el entonces presidente electo al país del Norte, junto a tres de sus actuales ministros, precisamente parte del equipo de Doria Medina. Se puede inferir que allá las instrucciones fueron claras: si quieres ayuda, dólares, combustible y todo lo demás, debes armar tu Gobierno con la gente de Samuel, liberar a Áñez y sumar a su gente a la gestión gubernamental. No olvidemos que Marcelo Claure, el embajador criollo de los Estados Unidos en Bolivia, había otorgado todo su apoyo a Samuel en la primera vuelta electoral y que al fracasar su apuesta prefirió operar desde las sombras. Puede ser él uno de los artífices de la presencia de la derecha empresarial en el gobierno de Paz Pereira.
De gestión hasta ahora nada
Las presentaciones del presidente en público, en estos 15 días de gobierno, han sido más cáscara que nueces. No hay ni una sola medida real, un decreto o algo así, de los muchos que ofreció en campaña. Los discursos siguen rondando en repetir sin sentido su frasecita de Bolivia, Bolivia, Bolivia… y de convocar a Dios para todo lo que no pueda explicar.
El reajuste del gabinete ministerial no trajo nada nuevo. Se han reducido dos ministerios y se ha concentrado el poder en Presidencia y en manos de los empresarios, a quienes se les confió las carteras más claves para su negocio. Por lo demás, solo para causar curiosidad se ha mantenido el Ministerio de Culturas, agregándole tareas como el folklore y la gastronomía, sin que aún la gente pueda entender exactamente a qué se dedicará esta cartera, si estará encargada de regular los colores y la música de las entradas folklóricas o las recetas de la comida típica nacional. Aún es un misterio.
El caso más patético, sin duda, es el del Ministerio de Justicia. En campaña se anunció su cierre, seguramente sin pensarlo mucho como admitió el vicepresidente, pero luego se posesiona un ministro, con sentencia ejecutoriada por coimas, cuando justamente se calificó en campaña a esas de pendencias como “el ministerio de las coimas”. Ante la evidencia, no le quedó otro camino al presidente que remover al ministro propuesto por Lara (el único en el gabinete), sin embargo, su nuevo elegido tenía un listado de antecedentes más largo que el anterior (la denuncia fue hecha por el propio vicepresidente) y tuvo que salir por la tangente indicando que, finalmente, cumpliría con su promesa de campaña de cerrar la cartera.
En el caso del Ministerio de Justicia, y podría aplicarse a otros tantos, sus atribuciones están claras en la normativa, pero quienes estuvieron a cargo seguramente se excedieron en ellas e hicieron lo que no había que hacer; pero no es un ministerio la causa de los problemas, son las personas a las que se les confía el manejo de ese portafolio de Estado. El de Justicia tiene atribuciones amplias en temas de derechos de mujeres, niños y jóvenes, de pueblos indígenas, además de otras tareas administrativas. Cerrarlo no soluciona el problema. Al igual que con el tema judicial, no es la norma, no son las instituciones las que fallan, son las personas y los intereses que se mueven detrás de estos operadores.
Un futuro incierto
Como nunca antes se había visto en todo el período democrático que vive Bolivia desde la década del 80, el inicio de un Gobierno se muestra más incierto. Se puede observar a simple vista que aún no entienden por dónde empezar y ante esa incapacidad de gestión apuntan a llenarse la boca acusando a quienes los precedieron de todos los males. Denuncias de corrupción, de robos millonarios, de mafias organizadas, en fin, un libreto repetitivo pero que no aporta ninguna evidencia, ni nombres, ni cifras exactas, ni menos hechos verificables.
Hasta eso parece haberse agotado en la credibilidad de la gente, por lo cual acuden a dejar esas explicaciones a una joven vocera que suena más desorientada y que en lugar de aclarar termina por oscurecer más las cosas.
En lo económico, más allá del espejismo de los carburantes y los dólares estables, no hay nada que indique cuál será el rumbo del Gobierno, aunque todo parece indicar que cualquiera que fuesen las medidas económicas estas estarán dirigidas a favorecer a las élites empresariales y no al pueblo trabajador.
En lo político, el divorcio entre Paz y Lara parece inevitable. Si bien hasta ahora el presidente deja entrever la posibilidad de reconciliación, la continua carga de mensajes del vicepresidente apunta a lo opuesto.
Esta situación se evidencia mucho más con el sorpresivo reconocimiento del órgano electoral a la personería del MIR, conocida en las últimas horas, dentro del que ya estaría incluido el presidente Rodrigo Paz. Esta nueva situación dejaría fuera del gobierno real al PDC y a sus otros aliados, incluido al vicepresidente.
Nunca antes habíamos visto a un nuevo Gobierno entrar directamente a terapia intermedia y de seguir con la serie de incoherencias se abre la probabilidad de que quede en terapia intensiva, incluso frente a un pueblo desmovilizado y a una oposición inexistente si nos atenemos a los resultados electorales y a la composición de la Asamblea Legislativa.
No hay que olvidar que Paz y Lara ganaron las elecciones con el voto de los sectores populares, a quienes les propusieron medidas para mejorar su situación a diferencia de lo que ofrecían los abiertamente neoliberales. Si el electorado que votó por ellos se siente traicionado, el futuro no es alentador.
Simón Bolívar, a quien el presidente Rodrigo Paz Pereira suele recordar con mucha frecuencia, decía categóricamente: “el traidor no es confiable en ninguno de los bandos, la lealtad es admirada hasta por el enemigo”.
- Por Diego Portal

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