
Ambos gobiernos lanzaron el Corredor Andes-Atlántico, un acuerdo de infraestructura con hasta 7.000 millones de dólares en financiamiento para enlazar el litio, el cobre y Vaca Muerta con los puertos. «Lo que pierdes ahí es autonomía, capacidad de tomar decisiones en función de tus propios intereses», dijo a Sputnik un experto.
Estados Unidos tendrá un acceso más fluido al cobre, el litio, el gas y el petróleo de Argentina a partir de esta obra, entendimiento que los Gobiernos de los presidentes Javier Milei y Donald Trump lanzaron en Nueva York, en paralelo a la Asamblea General de las Naciones Unidas. El marco prevé herramientas de financiamiento norteamericano por hasta 7.000 millones de dólares.
El horizonte fijado para el grueso de esos fondos es 2027, el último año de gestión de Milei, cuando el mandatario buscará su reelección. El corredor apunta a enlazar los yacimientos de minerales críticos del noroeste argentino y la formación de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta, en la provincia patagónica de Neuquén (sur), con los puertos del Atlántico.
Sin embargo, el monto anunciado no equivale a un préstamo ni a una inversión comprometida. La declaración conjunta menciona créditos, garantías y seguros de agencias estadounidenses, pero no identifica la mayoría de los proyectos que recibirían fondos ni establece un calendario de desembolsos. La cifra opera como un techo que podrá completarse con aportes de inversores privados.
El único capítulo con datos precisos es el energético. El Export-Import Bank de Estados Unidos ofreció hasta 6.000 millones de dólares a Argentina LNG, el proyecto de gas natural licuado de la petrolera de mayoría estatal YPF con la italiana Eni y la emiratí XRG. La propuesta depende del aval del directorio de la entidad y el proyecto recién exportaría en 2031.
Ese crédito tiene además un destino específico: la compra de bienes y servicios de origen estadounidense. El canciller sudamericano, Pablo Quirno, lo explicitó durante la firma, al señalar que la maquinaria de Washington generará «empleos calificados en su país de origen», mientras el Departamento de Estado incluyó entre los objetivos del corredor ampliar el negocio de las empresas de su país.
A cambio, Argentina se comprometió a asignarle un lugar prioritario a la Casa Blanca en el marco regulatorio y la protección al inversor extranjero, con reglas para las concesiones de infraestructura abiertas a compañías y financistas estadounidenses. Washington citó como garantía el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones vigente en Buenos Aires, que otorga beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios por plazos de hasta 30 años.
El corredor se suma a una secuencia de acuerdos que ampliaron la influencia de Washington sobre la economía argentina. En octubre de 2025, a semanas de las elecciones legislativas, el Tesoro estadounidense firmó una línea de intercambio de monedas por 20.000 millones de dólares con el Banco Central, y su titular, Scott Bessent, afirmó que Milei se había comprometido a desplazar a China del país.
En febrero de este año, llegaron el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos, en el que Argentina asumió compromisos regulatorios en múltiples áreas a cambio de rebajas arancelarias acotadas y de una cuota ampliada para la carne vacuna, y un marco bilateral sobre minerales críticos que sirve de base al nuevo corredor. El primero de esos textos todavía no fue ratificado por el Congreso.
El texto firmado incluye una cláusula dirigida contra Pekín: Washington priorizará proyectos con «tecnología confiable» y buscará excluir a actores que no operen bajo reglas de mercado. China, sin embargo, es por amplio margen el segundo socio comercial de Argentina, y firmas chinas encabezan buena parte de los proyectos de litio del RIGI.
En octubre, una delegación del Departamento de Estado visitará Argentina junto con el EXIM y la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos, que recorrerá Buenos Aires y las provincias norteñas de Jujuy y Salta (norte) para relevar proyectos. A fin de año, YPF y sus socios prevén tomar la decisión final de inversión de Argentina LNG, de 51.000 millones de dólares.
Una disputa estratégica
«Como siempre, Trump busca asegurarse un acceso exclusivo a esos recursos en América Latina, y esto tiene especial énfasis en este acuerdo con Argentina», dijo a Sputnik el analista internacional Ezequiel Magnani.
Para el experto, se trata de «un escenario de fuerte influencia estadounidense en América del Sur, con obras que buscan desplazar a China en la región».
Magnani explicó que la extracción de minerales críticos «está básicamente sujeta en gran parte a las actividades de Pekín». Por eso, sostuvo, Washington busca «recuperar cierto lugar que perdió ante China que, en este punto, tiene justamente ventaja en el resto de los continentes del mundo, especialmente en África».
Además, el analista vinculó el entendimiento con la declaración del Escudo de las Américas, que «se propone tener la posibilidad de convocar al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca», un mecanismo que «fue creado incluso antes de la OTAN». A su juicio, eso expresa «la fuerte pretensión de incidencia militar de los Estados Unidos en la región».
Consultado por Sputnik, el politólogo Julio Burdman consideró que el acuerdo supone una novedad, porque «EEUU no es un país que tenga una tradición de muchas inversiones en Argentina». Ahora, explicó, «Washington se propone como un país que apoyaría con inversión en infraestructura a todo lo que es el transporte de la energía de Vaca Muerta».
En ese sentido, el investigador recordó que «el 90% de la actividad en extracción de minerales críticos lo maneja China», y que ahora aparece «EEUU queriendo también competir con Pekín en algo que no era de su incumbencia». «La Casa Blanca ahí siempre fue un país que le dio mucho más juego a su sector privado», señaló.
En charla para este medio, el analista internacional Juan Venturino advirtió que «no hay que apresurarse en celebrar la llegada de inversiones como esta, porque estamos ante una relación asimétrica entre países, dado que hay una creciente concesión de soberanía hacia la explotación de recursos estratégicos».
Un costo en autonomía
Sin embargo, Burdman identificó una ganancia concreta. «Argentina tenía un fuerte problema desde hace mucho tiempo con sus puertos: estaba perdiendo la competencia frente a las terminales de Chile y Perú, que aparte ofrecen rutas más directas para Asia, que es el gran comprador». En ese marco, más allá de los capitales en juego, el experto apuntó que «la idea de explotar el acceso al Atlántico es relevante».
Magnani, en cambio, puso el foco en lo que se resigna. «Argentina pierde oportunidades de diversificación», sostuvo, al recordar la adhesión al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, una «política de Estado que fue transversal a distintos Gobiernos».
En ese sentido, remarcó que «esas oportunidades se pierden y terminan siendo aprovechadas por otros actores, como Brasil», completó.
Según el especialista, el riesgo principal es que «se comienza a securitizar la economía», porque la agenda de inversiones «comienza a estar subordinada a las percepciones de seguridad de EEUU».
«Con lo cual, eso te limita mucho tu potencialidad de desarrollo», explicó, ya que «lo que pierdes ahí es autonomía, capacidad de tomar decisiones en función de tus propios intereses».

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