por: Esther Eunice Calderón Zárate
Es importante el hecho de no olvidar que el fetichismo de la mercancía lleva no sólo a la cosificación de las relaciones sociales de producción entre los hombres sino también a la personificación de las cosas. ¡Las cosas adquieren mayor valor que las personas!
En la segunda parte de nuestro ensayo, publicado hace algunos números atrás en este semanario, habíamos expuesto cómo el fetichismo como proceso generador de abstracciones, propio de la modernidad, produce el desarrollo del sistema monetario, es decir, la creación del dinero para realizar el intercambio en la sociedad mercantil. Asimismo habíamos aclarado que la abstracción fundamental que da lugar al fetichismo de la mercancía es la idea del valor. La creación del valor, del dinero, es una total abstracción. La lógica mercantil subsume a todos los miembros de una sociedad y, si bien el obrero es el sujeto enajenado por excelencia, se puede decir que el resto de la sociedad se encuentra también inmersa en ese proceso de enajenación por el simple hecho de interactuar con el mercado en la cotidianidad.
Exponiendo ahora las consideraciones finales de este análisis es importante el hecho de no olvidar que el fetichismo de la mercancía lleva no sólo a la cosificación de las relaciones sociales de producción entre los hombres sino también a la personificación de las cosas. ¡Las cosas adquieren mayor valor que las personas! Las personas entran en relaciones de producción directas exclusivamente como propietarios de mercancías, como propietarios de cosas. En este momento específico el tiempo de trabajo y las relaciones de explotación dejan de ser visibles. Las relaciones sociales han perdido su carácter “social” y se han convertido en relaciones materiales.
Por otra parte, como resultado de este proceso, las cosas adquieren características sociales particulares, una forma social particular. Como dijo Marx[1]: “Las cualidades sociales del trabajador” adquieren “carácter material”, y los objetos, “caracteres sociales”. En lugar de “relaciones sociales directas entre individuos que trabajan”, como las que se establecen en una sociedad con una economía organizada, aquí observamos “relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas”[2]. Como afirma IsaakIllichRubin[3]:
“Por ‘materialización de las relaciones de producción’ entre las personas Marx entendía el proceso por el cual determinadas relaciones de producción entre personas (por ejemplo, entre capitalistas y obreros) asignan determinada forma social, o determinadas características sociales a las cosas mediante las cuales las personas se relacionan entre sí (por ejemplo, la forma social del capital). Por ‘personificación de las cosas’ Marx entendía el proceso por el cual la existencia de cosas con determinada forma social, por ejemplo, el capital, permite a su propietario aparecer en la forma de un capitalista y entrar en relaciones de producción concretas con otras personas”.
La naturaleza específica de la economía moderna (mercantil-capitalista) reside en el hecho de que las relaciones de producción entre las personas no se establecen solamente para las cosas, sino también a través de las cosas, porlas cosas, a razón de las cosas. ¿Dónde queda entonces la persona?, ¿acaso se ha extraviado en el arsenal de mercancías?
Sobre la base de este análisis podemos entonces plantear las ideas clave que hemos trabajado a lo largo del acápite introductorio y las dos partes del presente ensayo, para así situarlas como parte de nuestras consideraciones finales[4]:
1. En los Manuscritos y La ideología alemana, Marx muestra la enajenación de la condición humana en el nivel de la materialidad, o sea, en el nivel de la producción de la vida social. El obrero enajenado se encuentra privado de su corporeidad y de su capacidad de producirse a sí mismo. A partir de la idea de enajenación, en los Grundrisse y en El capital, Marx descubrirá la categoría de fetichismo, que expresa una crítica profunda a la modernidad.
2. Marx devela la existencia de cuatro tipos de enajenación: 1) la enajenación del trabajador con respecto a su producto, el mismo que se presenta como algo extraño a él; 2) la enajenación del trabajador con respecto a su trabajo (que ya no le pertenece más), o sea, al acto mismo de la producción; 3) la enajenación con respecto a la naturaleza, misma que se convierte en medio para satisfacer las necesidades de unos pocos hombres; 4) la enajenación con respecto al género, a la especie humana, misma que se convierte en una mediación para los intereses individuales de los hombres.
3. La enajenación es la pérdida de la condición humana del obrero en la fábrica. Entonces, cuando aparece la máquina industrial aparece la enajenación. El ser humano ya no se produce a sí mismo, sino que produce para otro y ya no posee nada, está completamente privado de su condición humana.
4. Cuando el producto del trabajo se convierte en algo separado del trabajador, en un objeto ajeno a él, se abstrae (se separa) de toda subjetividad ligada a él. En este momento en que todo se reduce a relaciones entre objetos comienza el fetichismo, el mundo de las abstracciones, la adoración a la mercancía y al dinero. El dios dinero se establece, fundando un mundo donde las cosas adquieren un mayor valor que las personas.
5. Marx critica el pensamiento hegeliano por su incapacidad de abandonar la abstracción y, por lo tanto, de leer correctamente la historia. Al crear la dicotomía mundo abstracto general y mundo senso-perceptual, se da paso a la idea del valor, una nueva realidad social que funciona a través de abstracciones. La modernidad, a través del mercado, consolida relaciones basadas primordialmente en abstracciones tales como el dinero (el sistema monetario).
6. Se identifica una hipóstasis de la realidad a partir de la cual se postula que el individuo universal siempre existió, ahistóricamente. El fetichismo es la efectivización de la abstracción del mercado en el mundo moderno, que sucede de forma inconsciente (es decir, la persona no logra darse cuenta de aquello). A partir de este concepto Marx critica al racionalismo, al trascendentalismo y al ontologismo; en suma, a la ideología moderna.
7. La abstracción fundamental que da lugar al fetichismo de la mercancía es la idea del valor. La creación del valor, del dinero, es una total abstracción. Existen muchos procesos de abstracción en la práctica social a través del dinero. Es así como la sociedad comienza a moverse a partir de abstracciones. Como Marx develó tan lúcidamente en El capital, estos procesos suceden de tal manera que el hombre llega a no ser consciente de los mismos: “ellos no lo saben, pero lo hacen”. El hombre vive su cotidianidad aceptando y rigiendo su vida desde la abstracción del dinero, sin embargo no es consciente de ello.
8. En el fetichismo un tercero ejerce el lugar de la abstracción. El dinero, a partir de su corporeidad, sustituye una cosa por otra. En la sociedad moderna se abstrae la especificidad de una condición de trabajo. Esa corporeidad tercera permite la abstracción no racional. La construcción del valor presupone un mecanismo de fetiche.
9. El fetichismo de la mercancía considera la intercambiabilidad de las mercancías como una propiedad interna, natural de las mercancías mismas. Lo que es en realidad una relación entre hombres, aparece como una relación entre cosas. El fetichismo de la mercancía lleva no sólo a la cosificación de las relaciones sociales de producción entre los hombres sino también a la personificación de las cosas.
10. La mano invisible del mercado es también una abstracción que Marx ha develado como irreal, aparece como no controlable, sin embargo sí puede ser (¡y es!) controlada a partir de lo material. De ahí que la enajenación y el fetichismo son la causa del malestar de la sociedad moderna. En este sentido, tal vez se podría continuar, en un próximo trabajo, con el análisis y la reflexión de las categorías de enajenación y fetichismo a partir de ciertos conceptos del psicoanálisis.
11. En las sociedades modernas donde prevalece claramente el fetichismo, las cosas, los objetos, se han convertido en mediadores de casi todas las relaciones. De ahí que es importante recuperar la dimensión humana de las cosas, humanizar aquello que se ha cosificado. Desde Marx la respuesta parece ser el comunismo, que permite al hombre recuperar la condición humana (del hombre, valga la redundancia), en comunidad.
Para quienes estudiamos filosofía y buscamos alternativas de construcción de un mundo diferente, el planteamiento de Marx desde su crítica a la modernidad representa sin duda, el inicio de un camino teórico y político que merece ser recorrido, claramente sin dejar de lado el necesario proceso de reflexión y pensamiento crítico, con el fin de no caer en ideas puristas y dogmatismos absurdos.
Es innegable que el pensamiento de Marx nos ha proporcionado una nueva visión de la realidad, de la sin-razón que hace a la historia y de la necesidad de aterrizar en el mundo material y no permanecer eternamente en el mundo de las abstracciones. Ahora las preguntas que surgen parecen ir encaminadas al cómo salir de este mundo de abstracciones: ¿cómo revalorizar al hombre?, ¿cómo posicionar al hombre por encima de los objetos, de las cosas?, ¿cómo evitar que el dinero sea la única mediación en los procesos de trabajo y en las relaciones sociales? Básicamente, ¿cómo quitar del altar al dios dinero?
Nos corresponde, como nuevas generaciones, discutir con los ídolos del presente, tal vez primero con el dinero, uno de los más grandes y poderosos, con el fin de recuperarnos a nosotros mismos. Recuperar al hombre como un ser, comunitario (no individualista), con dignidad irrenunciable, y merecedor de un profundo respeto, es probablemente uno de los mayores desafíos históricos que se plantea para quienes todavía creemos que otro mundo es posible.
Bibliografía
• HIDALGO TUÑON, Alberto. IGLESIAS, Carlos. SANCHEZ, Ricardo.
Historia de la filosofía. Editorial Anaya. España, 1978.
• MARX, Karl.
Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. Biblioteca virtual Espartaco, enero 2001.
• Grundrisse: Lineamientos fundamentales para la crítica de la economía-política.
Fondo de Cultura Económica. México, 1985.
• El capital. Tomo I, Vol. 1. El proceso de producción del capital. Trad. Pedro Scaron.
Siglo XXI Editores. Buenos Aires, 1975.
• El capital. Tomo I, Vol. 1. El proceso de producción del capital. Fondo de Cultura Económica. México, 1975.
• MARX, Karl y ENGELS, Friedrich.
La ideología alemana. Editorial Nuestra América. Buenos Aires, 2010.
• RUBIN, IsaakIllich.
Ensayos sobre la teoría marxista del valor (1928). Disponible en la página web:
* Politóloga y representante de la Comunidad Crítica Creativa. Email: esthercalderon26@gmail.com
1 Véase de Karl Marx, El capital, Tomo I, Vol. 1 (FCE), El proceso de producción del capital, p. 54.
2 Ídem, p. 38.
3 Cfr. de IsaakIllichRubin, Ensayos sobre la teoría marxista del valor (1928), p. 13.
4 Cabe aclarar que se trata de las “consideraciones finales” del presente ensayo y no así de nuestras reflexiones sobre Marx.

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