por: Jhony Quispe Moya
Fue una determinación que sorprendió a las congresistas presentes durante el XIII Congreso Ordinario de la Federación Departamental de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, celebrado en la localidad de Vinto, Cochabamba, el 29 y 30 de abril. El Presidente Evo Morales pidió que ese evento “al margen de elegir nuestros dirigentes y al margen de proponer programas productivos, las conclusiones no sólo deben ser pensando para las bartolinas, sino plantear para Cochabamba, Bolivia y para el mundo, esa es la responsabilidad que tenemos”. Quizás esa solicitud fue respondida por el Magno Congreso cuando se dio lectura a una de las resoluciones conclusivas, donde se determinó que ninguna dirigenta que haya sido parte de cualquier otro Directorio Departamental Pasado podría ser parte del nuevo Comité Ejecutivo de la Federación Departamental de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa.
Esta determinación les cayó como un baldazo de agua fría a muchas lideresas que fueron exmiembros del Comité Ejecutivo Departamental durante gestiones pasadas, que seguramente consideraban apoyar al proceso de cambio desde este espacio. Pero esta decisión no solo sacudió las mujeres con amplia trayectoria sindical orgánica. La sorpresa fue aun mayor para las jóvenes afiliadas a esta organización, que se vieron en una situación inesperada que les demandaba mucho como generación. Esta determinación puso a prueba el temple de las nóveles afiliadas y delegadas congresistas, ahora presionadas a elegir de entre ellas a sus representantes más dignas; dirigentes que sean capaces de afrontar los desafíos coyunturales, corregir las debilidades orgánicas y políticas de su sector, además de encaminar la presencia de su organización en el escenario político, social e histórico que actualmente vivimos.
Al final, debido a la estructura orgánica especifica que esta organización tiene en este departamento, asumieron la dirección del Nuevo Comité Ejecutivo tres delegadas electas, dos de las cuales son jóvenes que combinan singularmente experiencia, vivencia y formación; son también el punto de partida del presente análisis: las representantes de la zona andina y del cono sur de Cochabamba.
Para muchos niños y niñas provenientes de sectores campesinos e indígenas que acompañaron o vieron a sus padres, madres y hermanos mayores participar en las luchas históricas de la década de los 90s y el primer quinquenio del 2000, o que también fueron testigos y protagonistas anónimos durante los primeros años de gobierno del Proceso de Cambio, durante la lucha por la aprobación de la Nueva Constitución Política del Estado, durante los enfrentamientos de Santa Cruz, Sucre, Pando y Cochabamba, es evidente que para avanzar y consumar los cambios esperados es necesario impulsarlos y ejecutarlos desde instituciones vivas como las alcaldías, gobernaciones, ministerios y otras entidades estatales, pero también, y sobre todo, desde las Organizaciones Sociales, acompañando o asumiendo la dirigencia sindical.
Esa generación que acompañó a los líderes más destacados de la lucha en los últimos veinte años tuvo que apoyar de manera disciplinada y orgánica las decisiones de sus antecesores con sus aciertos y errores; mantuvo su constancia y no se desmoralizó a pesar de que algunos líderes que ocuparon cargos en los diferentes niveles del estado o incluso desde los cargos orgánicos sindicales fueron parte de cuestionados actos vergonzosos y hasta delictivos. Los principios consecuentes nos permiten ser hidalgos al respecto. Quizás fueron estas algunas de las razones básicas para forzar un Cambio Generacional Total en el Comité Ejecutivo de las Bartolinas en Cochabamba, un Pachakuty Generacional Orgánico.
Al igual que muchas otras que vinieron antes de ella en esta organización de procedencia, trayectoria y vivencia campesina muy sacrificada, y luego de seguir el camino orgánico sindical, hoy una mujer joven de la Zona Andina, Martiria Paca, de Cochabamba asume la dirección de esta organización departamental femenina. Una trayectoria similar acompaña a la representante del Cono Sur, Pascuala Prado, de vivencia campesina durante su infancia, adolescencia y juventud. Teniendo que migrar a Santa Cruz desde muy niña, trabajando concluye el bachillerato y decide retornar a Cochabamba para culminar sus estudios de licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad Mayor de San Simón, finalmente decide retornar a su sector campesino de origen y desde ahí acompañar y asumir la dirigencia orgánica sindical. Hoy es la tercera cabeza departamental en representación de la gran región del cono sur de Cochabamba.
Estos ejemplos no son exclusivos de Cochabamba. En el trópicoboliviano ocurrió algo similar a principios de este año, cuando Andronico Rodríguez asumió como Ejecutivo de la Federación Mamoré – Bulo Bulo, otro joven que luego de culminar el bachillerato en su lugar de origen, ingresa a la Universidad Mayor de San Simón para terminar su licenciatura, después de lo cual también este decide “bajar” a las bases de su comunidad agrícola campesina para ir construyendo su liderazgo hasta ocupar hoy el mencionado puesto.
No es para nada extraño que los diferentes niveles de las organizaciones sociales de nuestro país están ocupados por jóvenes hijos de sus afiliados, que luego de haber culminado sus estudios deciden retornar a sus organizaciones de origen y acompañar a sus padres y hermanos mayores como apoyo y/o asesoría técnica ad honorem, incluso siendo parte de la dirigencia y cabezas de sus Organizaciones. En muchas ocasiones son, además, autoridades electas, como es el caso de Edith Mendoza, quien nació en una de las regiones más olvidadas de Potosí. Ante una dura situación económica, sus padres se ven obligados a migrar al Trópico de Cochabamba. Desde muy joven apoya a su padre en su rol de dirigente sindical y luego de culminar su bachillerato en el Colegio Franz Tamayo del municipio de Entre Ríos, logra obtener su título universitario de forma destacada para luego ser electa como Parlamentaria Supra estatal por Cochabamba. Actualmente es la presidenta del Parlamento Andino, entre otras representaciones internacionales.
¿Que tienen estos Jóvenes emergentes en común? Quizás lo que están exigiendo las bases de las organizaciones sociales, y la sociedad en general, no es solamente nuevos referentes, sino una renovación generacional moral, intelectual, política y social que promueva el encuentro colectivo y el debate de gestión sensato e informativo, más que la discusión acalorada y discursiva que hoy agota a la población boliviana.
Los actores sindicales de esta generación están en mejores condiciones materiales e intelectuales. Hacen uso de las redes sociales, la información ya no es una dificultad, el desafío está en la clase de información y la calidad de los intermediarios. Voceros, dirigentes y autoridades locales serán los que generen y propongan los temas y contenidos de discusión de interés. Mientras los voceros opositores y sus medios de comunicación promueven el odio a los masistas, a los campesinos originaros o a todo aquel que simpatice con el actual Proceso de Cambio, promoviendo así la idiotización de la política, la Nueva Generación Emergente de las organizaciones sociales asumirá su rol histórico de generar expresiones públicas más sustanciales. En otras palabras, los nuevos referentes sociales y políticos del Proceso de Cambio deben estar en la capacidad de mediatizar lo orgánico e impulsar el avance analítico de la sociedad; esto conlleva un desafío en el intelecto colectivo orgánico y social, una simbiosis entre la preparación sindical orgánica, política, académica, intelectual, reflexiva y argumentativa y autocritica con moral e identidad originaria. Este es el perfil de la nueva generación que sin duda esperamos se ponga a la vanguardia en las elecciones del 2019 y 2020.
* Activista Social Orgánico.

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