agosto 23, 2026

El sinsentido de las críticas a Arce


Por La Época -.


En las últimas horas del viernes pasado el expresidente Evo Morales ha retomado la defenestración de la conducción que el actual presidente Luis Arce hace del modelo económico. En realidad su cuestionamiento a la venta de las reservas de oro que tiene el país y el recurrir al endeudamiento externo “sin ninguna estrategia” surge a raíz de un informe del Banco Central de Bolivia (BCB) que, el jueves, sostuvo que en los últimos meses se habían generado más de mil millones de dólares por la venta de cerca de 17 toneladas de oro.

No es la primera vez que el exmandatario critica a Luis Arce, su exministro estrella del que siempre habló bien y que conduce el país desde noviembre de 2020, una vez recuperada la democracia. En varias oportunidades ha sostenido, sin presentar prueba alguna, que se había dejado de lado el modelo económico aplicado en 14 años y que se tenían acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), un extremo que dista mucho de ser verdad. Lo de este viernes no fue la excepción. En su cuenta en Twitter Morales sostuvo: “la política económica del país no puede estar sometida al endeudamiento y enajenación de las reservas de oro y los recursos naturales sin estrategias de sostenibilidad y crecimiento”.

Lo cierto es que el presidente Arce camina por un sendero mucho más amplio y reducir su conducción del modelo económico al solo endeudamiento y no poner una mirada profunda a lo que se está haciendo es una forma poco inteligente de criticar. Hay en marcha, sin duda, esfuerzos desplegados para industrializar el litio y diversificar el proceso de industrialización para la sustitución de importaciones. Más de un centenar de proyectos en los nueve departamentos, en apenas dos años y medio, son una demostración de que se camina para ser menos dependiente de los precios de un solo producto.

No hay duda que Arce se las ve difícil. Bolivia soporta los efectos negativos de la pandemia del Covid-19, que han agravado la recesión del sistema capitalista mundial, y carga sobre sus espaldas la paralización de la economía que provocó el gobierno de facto y la disminución de la producción y la exportación de gas, el principal negocio generador de ingresos para el país. Este último aspecto debido a la ausencia de inversiones en materia de hidrocarburos desde 2014.

Por eso, era previsible que 2023 y 2024 iban a poner a prueba la experiencia de Arce. Todavía falta para llegar a fin de año y nuestra economía se mantiene estable, sigue con una de las inflaciones más bajas de la Región, mientras las perspectivas de crecimiento son alentadoras en ese adverso contexto nacional e internacional. Es el momento de sembrar para luego cosechar. La pregunta es si los bolivianos y bolivianas están dispuestos a ese tránsito que de todas maneras es inevitable.

Demás está decir que Gobierno no ha enajenado ningún recurso natural. Podría decirse que tiene una posición menos flexible, por decir lo menos, para favorecer a la burguesía agroindustrial, la cual obtuvo jugosos beneficios en el gobierno de Morales a partir de 2016.

Las duras críticas a la gestión de Arce, que no cuenta con los ingresos que tuvo el gobierno indígena de los 14 años, no son ingenuas pero tampoco carentes de objetivos: entre ellos el de minar la imagen del actual Presidente ante un amplio sector de la población que lo respaldó precisamente por su conocimiento, experiencia y capacidad.

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