octubre 22, 2020

¿A qué llegó el dictador Duvalier a Haití después de 25 años? Hay dinero para salvar a los bancos europeos, pero no para curar el cólera en Haití

por: Pedro Antonio Honrubia Hurtado *

A finales del pasado mes de Noviembre de 2010, nos enterábamos de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había recibido, ante su petición de ayuda solidaria, menos del 10% de los 164 millones de dólares solicitados para enfrentar la epidemia de cólera en Haití, según informaron desde la sede de la entidad en el país caribeño. A la misma vez la Unión Europea confirmaba que Irlanda y sus bancos recibirían cerca de 100.000 millones de euros en concepto de “rescate”. Ambos sucesos que confluían en el tiempo demuestran a las claras cuál es la verdadera cara de este sistema capitalista que domina el mundo a su antojo.

Los 164 millones de dólares pedidos por las Naciones Unidas eran los que se habían estimado como necesarios para respaldar un plan de respuesta al cólera, que se debía aplicar durante 14 meses y que ayudaría a salvar miles de vidas en el país latinoamericano. Sin embargo, lejanos ya los días en que Haití servía para hacerse una foto que demostrase al mundo lo muy solidarios y humanitarios que eran determinados países occidentales, la respuesta de los países capitalistas “desarrollados” al llamamiento de las Naciones Unidas fue del todo inexistente.

Cólera, Terremoto y elecciones fraudulentas

La información, vergonzosa y triste información para cualquiera que tenga un mínimo de decencia moral y humanitaria, fue suministrada por Nigel Fisher, coordinador humanitario de la Misión de Estabilización de la ONU en ese país: “Hemos recibido hasta ahora menos del 10% de lo que necesitamos (…) Necesitamos de forma urgente material esencial (…) médicos, enfermeras, sistemas de purificación de agua, pastillas de cloro, jabón, sales de rehidratación orales y carpas para los centros de tratamiento del cólera”, indicó entonces el vocero de las Naciones Unidas.

Según las últimas cifras conocidas, la epidemia de cólera se ha cobrado ya la vida casi de cuatro mil personas desde que a mediados de octubre pasado los soldados de la ONU llevasen la enfermedad a tierras haitianas, según el último recuento de víctimas divulgado por el Ministerio de Salud Pública y presentado el miércoles 18 de enero de 2011. Alrededor de 300.000 personas se habría visto afectadas. Unas cifras que dan miedo.

Insistimos que con menos del 0,2% de lo que la UE está dando a Irlanda para salvar a sus bancos, la epidemia de cólera en Haití podría haber sido ya controlada y erradicada, salvando miles y miles de vidas. Pero esos fondos solicitados a la comunidad internacional nunca han llegado a Haití. Los gobiernos capitalistas han preferido salvar los bancos de sus respectivos países, dando cantidades ingentes de dinero para que éstos puedan recapitalizarse y afrontar sus deudas y pérdidas, que aportar la mínima cantidad requerida por la ONU para afrontar la epidemia de Cólera en el primer país independiente de América Latina. Cruel reflejo del mundo actual.

Pero no sólo es el Cólera. En Haití, poco o nada se ha conseguido solucionar después del trágico terremoto que desbastó el país hace ahora un año. Esta misma semana, la ONG Save The Children ha vuelto a denunciar que 500 mil niños continúan viviendo en albergues un año después. En estas condiciones, la ONG denuncia también que los niños carecen de protección y son vulnerables a cualquier tipo de explotación y maltrato. Tampoco ha habido dinero suficiente como para resolver esto.

Para lo que sí ha habido tiempo, y dinero, es para la celebración de unas elecciones presidenciales fraudulentas en plena crisis humanitaria. La población hastiada saludó las elecciones con disturbios masivos y protestas violentas en torno a denuncias de fraude. Ni les dan dinero para salvarse de sus males, ni les permiten tener soberanía suficiente como para elegir al presidente o presidenta que ellos consideren como más acorde a la defensa de sus intereses como pueblo. No es sencillo imaginar mayor escarnio. El hecho mismo de celebrar unas elecciones fraudulentas en medio de una situación tan terrible como la que atraviesan los haitianos debería ser suficiente argumento como muestra del grado de degeneración moral al que ha llegado el capitalismo internacional, y sus lacayos locales en los países donde gobiernan.

La vuelta de ier

Y por si los haitianos no tenían suficientes problemas, llegó Jean-Claude Duvalier. El sanguinario dictador Duvalier regresó al país tras veinticinco años en el exilio francés. De momento, sigue sin saberse las razones de esta repentina vuelta. Lo único que se sabe es que el dictador llegó custodiado por las tropas militares de la ONU, presentes en suelo haitiano, y que tomó sin ningún impedimento un avión desde París que lo ha llevado de vuelta a la tierra en la que desangró al pueblo. Duvalier aseguró a su llegada que volvía a Haití para ayudar en estos momentos difíciles. El pueblo haitiano no comprendió nada de esas palabras. Las autoridades haitianas parece que han reaccionado llevando al dictador ante el juez. Sin embargo, cuesta mucho creer que una persona así regrese al país para ser detenido y encarcelado. Algo oscuro debe haber tras la vuelta de Duvalier al país, precisamente provinente de Francia, la potencia occidental que, junto a los EEUU, mayor influencia ha ejercido y ejerce sobre la economía y el proceso histórico del capitalismo en Haití. Algo huele a podrido en todo esto, y me temo que no tardaremos mucho en saberlo.

En fin, esta es la dramática realidad de este sistema capitalista que tiene sometido al mundo a la peor época humanitaria que se recuerda, la más inmoral y decadente de toda la historia de la humanidad. Los bancos europeos reciben miles de millones de Euros, pero no hay unos pocos cientos de millones para salvar la vida de miles de personas que en este momento, tres meses después de conocerse el inicio de la epidemia, se encuentran aún amenazadas de muerte. Tampoco hay dinero para construir casas donde refugiar dignamente a los cientos de miles de niños desamparados que malviven en los albergues de urgencia construidos tras el terremoto. El poco dinero que ha llegado al país parece que han preferido invertirlos en realizar unas elecciones fraudulentas. Veremos a ver en qué parte de esa ecuación capitalista encaja la llegada del dictador Duvalier, pero estamos seguros que en alguna será. Seguro que no tardaremos mucho en descubrirlo. Donde manda patrón, no manda marinero.

 

*     Licenciado en Filosofía y Master en Estudios Migratorios, Desarrollo e Intervención social, por la Universidad de Granada (Andalucía).

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