octubre 27, 2020

El Ekeko mexicano

por: Cathia Rodríguez Clavijo.

Transcurre el 24 de enero y la casa de Georgina Merino y Heriberto Rodríguez en Coyoacán, Ciudad de México, comienza a llenarse de gente. En una esquina de la sala está el Ekeko, cargando las miniaturas con las que llegó de Bolivia hace más de dos décadas, con su eterna sonrisa y un cigarrillo encendido (con  filtro para que no le queme la boquita, cariñoso detalle de su cuidadora), rodeado de inusual compañía: mezcal, tequila y un trío jarocho que le ofrece al personaje andino cálida música veracruzana. Luego se mezclarán con el humo de sus abundantes cigarrillos, lo olores del zacahuil, los pastes, el mole  y otros platillos típicos de las fiestas mexicanas.

Los visitantes poco a poco van cubriéndolo de pequeños papelitos con sus deseos, peticiones y plegarias…a falta de miniaturas de Alasita. El Ekeko ya tiene nacionalidad mexicana, llegó sin permiso y sin visa, y se instaló en el corazón del Distrito Federal donde cada vez son más sus fieles seguidores. Georgina y Heriberto lo heredaron de una boliviana que se fue hace 17 años y desde entonces no han dejado de festejarlo en su día y difundir su historia y tradición entre las  comunidades más diversas, indígenas y campesinos de diferentes lugares de México, profesores, universitarios, intelectuales, artistas, jóvenes, viejos, niños, llegan cada 24 de enero para ver con curiosidad y esperanza al muñequito boliviano de los sueños que se hacen realidad.

La celebración se completa con una ceremonia maya. Se encienden velas de distintos colores, rojas, amarillas, verdes, azules, blancas, dedicadas al sol, la luna, los vientos y por su puesto a la madre tierra. Un ritual de canto y movimiento es la culminación del encuentro “…somos un círculo dentro de un círculo sin final…” tomado de las ceremonias de Don Lauro, un guía espiritual maya-tibetano de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Así se va consolidando esta nueva forma de culto al Ekeko. La comunidad boliviana también hace lo suyo en México. En la plaza de Coyoacán el Embajador Coco Manto acompañado de la escritora Laura Esquivel, Directora de Cultura de la Delegación, presentó una muestra de la cultura de Bolivia, con poesía, canto y bailes se homenajeó al Ekeko que presidió el escenario cargadísimo, como siempre. Los mexicanos pudieron probar las salteñas, el “té de coca frío” y admirar El Caporal .

Con salteñas, zacahuil, té de coca y mole, el Ekeko es el pretexto para el compartir de dos pueblos cercanos a veces y ajenos otras; tradiciones van y vienen con todo y su comida, su música, su encanto.

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