octubre 31, 2020

Con Martí siempre

por: Rolando López del Amo/ Cubarte

Se cumple un nuevo aniversario del natalicio de José Martí. La ocasión siempre es oportuna para convocar a la reflexión acerca del ejemplo de su vida y la importancia de su obra.

La variedad de temas sobre los que Martí escribió es asombrosa. Su curiosidad por aspectos muy diversos de la vida humana lo llevaba a hurgar en los rincones más variados del conocimiento. Ser resumen viviente del conocimiento anterior hasta su tiempo era uno de sus postulados sobre el fin de la educación. Pero este conocimiento de nada valdría si no se colocaba al servicio de los semejantes. La vocación hacia el servicio público es una de las características fundamentales de la personalidad de Martí. La inteligencia es el mayor poder, pero ese poder debe estar al servicio del bien.

De manera que el pensamiento martiano es profundo y esencialmente social. Por servir a la sociedad se consagró a la obra de la independencia y la justicia social en Cuba. Pero eso era insuficiente para un hombre de su estatura. Latinoamérica era también su patria, por lo que afirmaba, y demostraba, que era hijo de nuestra América y a ella se debía. Mas el compromiso militante por la segunda y definitiva independencia latinoamericana era solamente parte de la lucha por el todo, porque la patria es la humanidad.

Hombre de pensamiento profundamente humanista,  el Maestro veía la unidad esencial de los seres humanos más allá de sus especificidades. La condición humana estaba por encima de la nacionalidad, el color de la piel, la clase social. Sin embargo, esto no le impedía percatarse de la explotación capitalista, del daño de los monopolios y del imperialismo en su afán de dominación. Él estaba con los pobres de la tierra, con ellos echaba su suerte.

En un mundo basado en el egoísmo y el desmedido afán por las riquezas, con olvido de la justicia, Martí propone una armonización solidaria de la sociedad, sin caer en el falso e injusto igualitarismo. Ya en Europa, Carlos Marx, en su concepción revolucionaria, había expresado que la revolución se hacía para procurar una armonización entre los intereses del individuo y los de la sociedad, no el sacrificio del uno al otro.

La visión martiana de la sociedad era una sociedad donde sus miembros gocen, no solamente de igualdad de derechos, sino también de oportunidades, y que a través del estudio y el trabajo cada cual se labre su lugar en ella. Por supuesto que tal concepción implica una profunda transformación de las sociedades conocidas. Es por ello que Martí había dicho que habría que estar dispuesto también, después de conseguir la independencia, a morir por la República, esa república justa que bosquejaba: “O la república tiene como base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio integro de sí, y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás, la pasión, en fin, por el decoro del hombre, –o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”. Debía ser “una república de trabajo y de pensamiento” (Martí,T2: 304). Y más enfáticamente: “si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república (Martí, T6: 21).  De ahí su insistencia en que la república tenía que ser «Con todos y para el bien de todos», como bien expresara en emotivo discurso.

El ser humano, el ciudadano que viviría en esa república, debía poseer una formación ética que determinara una conducta solidaria. Sin solidaridad, que no es otra cosa que el amor al prójimo, la sociedad pierde su unidad y se convierte en un escenario de lucha de todos contra todos. De ahí la insistencia en la idea del bien, del bien común. “La única manera de concebir el bien general es halagar y proteger el trabajo y el interés de cada uno”. (Martí, T6: 271) El bien común tiene que ser equivalente al bien individual, la protección del trabajo y el interés de cada uno. Por supuesto que esos intereses individuales no pueden ser opuestos a los intereses de los demás ciudadanos. La república martiana es aquella que asegura la intervención continua del pueblo en el manejo de sus asuntos. Para Martí “el oficio de un pueblo es crear, y la fuerza del mundo esta en los que producen”. (Martí, T5: 319) Su modelo de ciudadano es el de un creador, el de un productor.

Claro que es lícito que “los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos!“. (Martí, T6: 21) No dejar a nadie desamparado.

Los pueblos deben permanecer unidos para llevar adelante su proyecto social, su proyecto de vida. Para unir a los hombres hay dos ingredientes esenciales: “Los pueblos no se unen sino con lazos de fraternidad y amor» . (Martí, T1: 94) Y queda claro que “un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea”. (Martí, T3: 139)

Más allá del pueblo al que se pertenece, del que se es parte, están los otros pueblos que habitan el mismo planeta y tienen que relacionarse entre sí. Esa relación no puede ser la de dominación-subordinación que ha imperado por siglos. La humanidad de nuestro tiempo tiene el deber de trabajar por algo mejor. “Los pueblos todos deben reunirse en amistad y con la mayor frecuencia dable, para ir reemplazando, con el sistema de acercamiento universal, por sobre la lengua de los istmos y la barrera de los mares, el sistema, muerto para siempre, de dinastías y de grupos” (Martí, T6: 153). Y frente a las concepciones nacionalistas estrechas que mal usan el natural sentimiento patriótico de los hombres Martí declara que “el patriotismo es censurable cuando se le invoca para impedir la amistad entre todos los hombres de buena fe del universo” (Martí,T1: 320). El patriotismo ha de ir acompañado del internacionalismo.

Retomando la idea del trabajo por el bien vale recordar que Martí creía en que la bondad todo lo vence y que solamente el que ama es bueno. Pero con su poder de observación y conocimiento de la naturaleza humana nos advierte: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso…Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. (Martí, T8: 289)

La obra social es tarea de amor al prójimo, de amor a la humanidad. Así ve Martí el deber de los que aspiran a contribuir a la transformación de la sociedad en algo cada vez mejor. Y está convencido de que “los malos no triunfan sino donde los buenos son indiferentes” (Martí, T9: 359). Por eso es deber de los buenos no dejar el campo libre, sino luchar por el triunfo del bien.

El propio Martí nos ofrece en dos frases su visión esencial de la sociedad:“Mientras haya un pobre, a menos que no sea un perezoso o un vicioso, hay una injusticia” (Martí, T11: 209) “El producto de lo de todos sea para el bien de todos” (Martí,T11: 209)

Para los cubanos de hoy el pensamiento de José Martí sigue siendo guía esclarecedora. Volver a él nos reafirma y nos da aliento para seguir edificando la patria anhelada, el mundo mejor que deseamos.

Bibliografía:

Obras Completas José Martí, Editorial Nacional de Cuba

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