octubre 25, 2020

Romper el Biopoder del Capitalismo

El 2011 comenzó con una medida dura, difícil para la sociedad augurando quizá la tendencia no sólo del año sino de la próxima etapa del proceso de cambio. El Decreto Supremo 748 —conocido por la opinión pública como el “gasolinazo”— puso en la palestra del debate social diversas problemáticas de raíz económico – productivas como ser la estabilización del precio de los hidrocarburos a nivel de América Latina, los efectos del subsidio del Estado a los combustibles líquidos y en palabras del Vicepresidente García Linera, la necesidad del “saneamiento” o “sinceramiento” de la economía nacional. Dicha medida evidenció la fragilidad no sólo de nuestra economía nacional, sino la de todas las economías dependientes de una matriz energética intensiva en hidrocarburos fósiles. Este es un debate internacional de largo aliento que trasciende las fronteras de nuestro país y se relaciona con otras temáticas abordadas el año 2010, como por ejemplo el cambio climático, además de la seguridad y la soberanía alimentaria. Dichas temáticas que reemergen y cobran nueva centralidad en las agendas públicas internacionales, desplazando o minimizando otras cuestiones de coyuntura, nos dan señales de alerta respecto al agotamiento de un sistema de producción económico basado en la acumulación, el lucro y el régimen de verdad capitalista. Estos tres temas estructurales (matriz energética, cambio climático y seguridad / soberanía alimentaria) se manifiestan como problemas para todas las sociedades, independientemente sean de países desarrollados e industrializados o no, aunque innegablemente golpea de manera más dura y cruel a los países pobres que no cuentan con mecanismos para paliar los efectos de la depredación ambiental, la deforestación, la inseguridad alimentaria, el cambio climático, y sobre todo la dependencia que genera el desarrollismo industrialista hacia los hidrocarburos fósiles.

Por lo dicho con anterioridad y en base a la observación de las tendencias y oscilaciones en las agendas públicas nacionales e internacionales, podemos inferir que el actual ciclo del proceso de cambio ha ingresado en una etapa nueva y distinta, con otros desafíos y problemáticas. Los primeros cuatro años del Gobierno de Evo Morales (diciembre de 2005 a diciembre de 2009) estuvieron caracterizados esencialmente por una matriz de conflictos que estaba enfocada en la lucha hegemónica (y contra hegemónica) por modificar (o resistir la modificación a) la composición de las estructuras de poder a nivel nacional. Entrañó la polarización, la regionalización y la reemergencia de la política basada en la disputa ideológica, introduciendo la perspectiva civilizatoria y pluricultural, con nuevos y renovados actores en el campo político boliviano. Fue un ciclo fuerte e intenso, provocando cambios en lugares y de formas inusitadas. Dichas luchas y disputas contaron con diversos escenarios de conflicto, materializados en la Asamblea Constituyente y la nueva Constitución Política del Estado, en la (re) fundación del Estado Plurinacional, la (neo) nacionalización de los recursos naturales y sectores estratégicos para la sociedad boliviana, además de la implementación de un Estado plurinacional con autonomías, entre otros temas. Pero por los desenlaces políticos del año 2009 y 2010, podemos afirmar que la pasada agenda política boliviana eminentemente localista y nacional, basada mayormente en la disputa interhegemónica interna entre visones de país, de sociedad y de mundo, se ha abierto a la conformación de un nuevo tipo de agenda pública, profundamente imbricada con las problemáticas y ritmos internacionales respecto a los temas mencionados con anterioridad que marcarán quizá las tendencias del decenio, tanto a nivel nacional, regional como internacional.

Si bien pareciera que la disputa interhegemónica ha sido resuelta y se ha implementado finalmente la Constitución con su legislación estructural básica (las 5 leyes estructurales promulgadas por la Asamblea Legislativa Plurinacional en Julio de 2010), lejos está la tranquilidad para el Gobierno nacional. Habida cuenta que la fragmentada y remanente oposición política en alianza con la oposición económica no partidaria y/o sectores empresariales con intereses económicos específicos están politizando y especulando con los insumos para la producción agrícola y ganadera, que afectan los precios finales al consumidor de los alimentos de la canasta familiar, se puede esperar una agudización de los conflictos referentes a la matriz energética y alimenticia en los meses que vienen, agravados por los efectos del cambio climático. Sin embargo, intentaremos introducir una mirada desde la relación entre lo local – nacional con el devenir internacional (el funcionamiento sistémico del capitalismo mundial), siguiendo el pensamiento del filósofo francés Michel Foucault (1926 a 1984) quien introdujo nuevas y revolucionarias perspectivas sobre el poder, rompiendo esencialmente la concepción clásica o tradicional del éste al arrebatarle la exclusividad y exclusión (del poder) a las instituciones y estructuras jurídico        —normativas— contractuales. La mirada de la realidad nacional desde la perspectiva foucaultiana busca enlazar los acontecimientos de la coyuntura para brindar una visión de conjunto respecto a lo que está sucediendo en el sistema mundo capitalista y cómo no existen elementos fortuitos, al azar o ajenos e un proceso de relación estructural con la crisis del capitalismo. Prosiguiendo, Foucault planteaba que el poder no es meramente una relación institucional y formal, ya que, por lo contrario representa una situación estratégica, dinámica y cambiante que tiene su faceta intangible (o inmaterial) como también su variante física o corporal, por lo que nada ni nadie ostenta de manera absoluta el poder y éste se encuentra en una tensión permanente. Por lo tanto, las relaciones de poder están presentes en la cotidianidad de los sujetos y éstos se encuentran atravesados irremediablemente por relaciones y estructuras de poder.

En este breve artículo resalto la manera visionaria en que Foucault analiza la faceta física del poder a través de lo que él denomina el biopoder, la anatomopolítica y la biopolítica y cómo éstos tiene efectos en el régimen de verdad que producen las estructuras de poder, a mi criterio íntimamente relacionados en la actualidad con la energía, el clima y la comida. Él analiza como en el contexto de la posmodernidad y con la ruptura del sujeto moderno, la dominación no necesariamente viene por medio de la represión física externa a la persona, sino por medio de la (biopolítica) tecnología individualizante del poder, basada en el escrutar en los individuos sus comportamientos y su cuerpo, con el fin de anatomizarlos, es decir, producir cuerpos dóciles y fragmentados. 1 La crítica filosófica de Foucault busca analizar los procesos que nos conforman como cierto tipo de sujeto a partir de distintas prácticas históricas y en diferentes ámbitos, procesos por tanto, de subjetivación. 2

El pensamiento crítico de Foucault tiene la capacidad de darle perspectiva de lucha hegemónica a temas tan cotidianos y aparentemente intrascendentes o invisibles para nuestras vidas como por ejemplo lo que comemos, cómo lo producimos, el clima, el ecosistema y la estrecha relación con nuestro cuerpo, que inciden directamente en la formación de nuestra subjetividad y régimen de verdad. Nada queda fuera de la lucha por el poder y todo se convierte en una situación estratégica, ya que inserto en un sistema mundo capitalista que busca el lucro a costa de la deshumanización del individuo y de la sociedad, la comida, el clima, el medio ambiente y la energía necesariamente deben ser considerados como aspectos que dirimirán la pervivencia o no del capitalismo. La ruptura del biopoder del capitalismo no sólo es el reto de nuestro Estado Plurinacional, sino es el reto de la humanidad, es el desafío de cada uno de nosotras y nosotros.

 

 *     Politóloga cruceña.

1 y 2     Wikipedia la enciclopedia libre: www.wikipedia.org

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