octubre 26, 2020

El “megadeslizamiento” y los desafíos del Estado Plurinacional

El “megadeslizamiento”, que ha afectado a cerca de 6 mil personas de diez zonas de la ciudad de La Paz y ocasionado pérdidas por un valor superior a los 50 millones de dólares, es una de las tragedias más grandes que ha enfrentado la sociedad y el Estado boliviano en los últimos cincuenta años. Es más, no hay ningún antecedente de un hecho similar en el siglo XX.

Las lecciones que ha arrojado este desastre natural y social son muy grandes. Es de esperar que el dolor provocado en los que sufren directamente sus consecuencias y la solidaridad despertada a lo largo y ancho del país, nos lleve a dimensionar lo que ha pasado de manera lo más objetiva posible.

Es un punto alto que el Estado haya reaccionado adecuada y racionalmente. La articulación que se aprecia entre los distintos niveles del Estado Plurinacional —gobierno, gobernación y municipio— es una buena señal de que las autoridades electas por mandato popular han sabido responder con rapidez y hay que destacar que el primer y último nivel al que hacemos referencia han sabido dejar atrás las diferencias político ideológico que los separan. Esto es algo que muestra seriedad y sobre todo sensibilidad.

Los dolores humanos, el estado de desprotección y ausencia de horizonte que recorre por todos y cada uno de los que han sufrido directamente la tragedia no necesita en este momento de deslindes políticos. Lo que requieren esas miles de personas son estímulos, apoyos y solidaridades que les devuelvan esperanzas para volver a nacer después de un tipo de muerte que les ha pescado por entera sorpresa.

Por otra parte, el Estado —como condensación de sus distintos niveles— también está llamado a tomar la iniciativa para prevenir ulteriores desastres similares. No es una exageración de que hay decenas de zonas no aptas para construir donde viven miles de personas. Ya de nada sirve lamentar o criticar el por qué se han edificado viviendas en lugares susceptibles de deslizamientos. No solo es resultado de la falta de planificación urbana cuyos antecedentes se remontan a más de una década, sino también es el resultado de la situación de pobreza y anarquía propias de un sistema en el cual la ley del valor importa más que la suerte de todas las formas de vida.

El Estado Plurinacional debe, en la medida de sus posibilidades, volcar todos sus esfuerzos y energías para ir planificando una evacuación “no forzosa” y gradual de los miles de hombres y mujeres que viven en zonas de las que se tiene certeza presentarán problemas similares a los que hemos visto en el “megadeslizamiento”. Quizá se necesita años y seguro muchos recursos, pero es mejor asumir con dureza y realismo antes de que se lamenten pérdidas humanas que felizmente esta vez no ocurrieron.

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