octubre 30, 2020

Dos mujeres y una descolonizacion

Una mujer indígena “retocada” en Cochabamba por sus compañeros universitarios, cambiándole la pollera por un vestido y las trenzas por un birrete. Una reina de belleza blanca y rubia, recibe el apoyo de Consejo de Pueblos Indígenas, Originarios y Campesinos del Beni, aduciendo que fue discriminada al ser impedida de participar en “Miss Mundo 2010”. Los compañeros de Amalia Laura Villca, justificaron(sic) el fotomontaje aduciendo que se “veía fea”; que “deslucía”(sic) el cuadro de graduación. Organizaciones de mujeres, feministas y voceros gubernamentales salieron a la palestra defiéndala y denunciando un avieso atentado racial, con toda razón. La universidad funcionó, una vez más, como una máquina unificadora incapaz de respetar y valorar las diferencias; como toda la educación heredera del socialdarwinismo decimonónico y del nacionalismo revolucionario. Que se sepa la situación de la beniana María Teresa Roca, no ha merecido pronunciamientos similares. No para defenderla —no había porqué—; sino para reprochar la posición de los indígenas, paradójicamente atrapados en la misma concepción occidental de belleza que los estudiantes de San Simón. Ambos, al menos estéticamente, compartían prejuicios coloniales sobre lo que es “feo” y desechable y “bello” y exaltable. Siglos de eurocentrismo daban sus frutosy el racismo se internalizaba en la mirada. No fueron los únicos, la anterior ministra de culturas, Zulma Yugar, no hizo nada mejorque intentar organizar el concurso de Miss Universo. Si no logró concretar su deseo, que contaba con lavenia de altas esferas del poder, fue porque a Donald Trump no le cuadró la caja de los dólares, afortunadamente. En aquellas pasarelas se habría paseado glamorosa Miss Roca; Willca no habría podido ni observar el espectáculo; o quizá, pero a costa de trastocarse en “señorita”. Exactamente igual que en la UMSS pero esta vez con la indulgencia de la dignataria del Estado Plurinacional. La descolonización, que hasta ahora no logra cuajar por total ausencia de políticas públicas, debe comenzar por la estética, historizary deconstruirel uso de los cuerpos. Tenían razón los afroamericanos al proclamar Black is Beatiful rompiendo arquetipos blancoides de belleza. Allí empieza la revolución cultural. Mientras nuestras autoridades sigan patrocinado concursos de Reinas de Carnaval o miss Cholita, día a día replicaremos el cercenamiento de la figura de la estudiante cochabambina y encumbraremos como poster y calendario a la señorita beniana.

*     Gustavo Rodríguez Ostria es historiador

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