octubre 23, 2020

Los “huecos” del Estado

por: José Luis Exeni R.

Huecos-huequitos-huecos. ¿El Estado boliviano, plurinacional y autonómico, en compromiso de refundación, sigue siendo un Estado “con huecos”? ¿O acaso los ha superado, digamos “rellenado”, con nueva estatalidad? De persistir los huecos, ¿de qué tipo/tamaño son? ¿Será esto bueno, maléfico o intrascendente para el proceso post-constituyente?

Más todavía. Si asumiéramos que el Estado en construcción tiene huecos, ¿cómo inciden éstos en la democracia intercultural y sus disputas? ¿En el desarrollo legislativo, el (re)diseño institucional? ¿En la gestión pública misma? ¿Qué impacto tienen los huecos del Estado en el desempeño de los sujetos, tanto en el propio Estado como en la sociedad organizada?

En síntesis, tales huecos, ¿habremos de reconocerlos-festejarlos o, en su caso, ignorarlos-condenarlos? ¿Será pertinente ampliar, mantener o, si acaso, taponar los huecos del Estado? ¿Y si ocurriese que el propio Estado, vaya paradoja, es él mismo un hueco? ¿Podría tal “cualidad” componer el núcleo/esencia del actual horizonte de construcción estatal? Preguntas.

Sin duda son muchas las provocaciones e interrogantes que planteó el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2007: El estado del Estado en Bolivia. Y es que sostenía, nada menos, la hipótesis del Estado “con huecos”. No pocos exponentes de la ortodoxia republicana, con nostalgia, rasgaron entonces sus arrugas-vestiduras ante semejante lance analítico.

¿Qué significa la ahuecada metáfora originalmente planteada por el politólogo argentino Guillermo O’Donnell para clasificar a los Estados (y sus parcelas) realmente existentes en la América Latina de la consolidación democrática? ¿No nos contaron acaso que un Estado “hecho y (de) Derecho” tiene alcance pleno-plano en todo el territorio de la Nación.

Ah, el Estado con huecos. ¿Qué implica? Por un lado, dar cuenta de la accidentada-limitada extensión territorial de la autoridad legal y burocrática del Estado; por otro, la constatación de que en “los huecos” se negocia autoridad, legitimidad y soberanía estatal con organizaciones sociales, indígenas, locales y regionales. No es anomalía, sino sustancia.

Pero lo más importante (a veces difícil de digerir) es que dicha cualidad estatal-en-sociedad, con huecos, no sólo existe como parte de la construcción estatal -hoy con alcance de refundación con experimentalismo-, sino que, en Bolivia, en muchos casos, ¡funciona! La constatación es elocuente: muchos “huecos”, allí donde el Estado no llega o llega mal, están llenos.

¿De qué están llenos los huecos del Estado? De sociedad con densidad organizativa, amplio repertorio de acción colectiva y tradición de exigencia de derechos. De sujetos sociales -”sujeto es todo aquel que se resiste a ser objeto”, dice bien Sousa Santos- que desempeñen incluso, a veces, cualidades semi-estatales. De autonomías-autodeterminación. Tema para el debate.

¿Debemos celebrar los huecos del Estado boliviano? No necesariamente. Pero tampoco se trata de negarlos y renegar de ellos. Bastaría con que aprendiésemos a concebirlos y asumirlos como expresión del pluralismo y la heterogeneidad estructurales de nuestro Estado-instituciones y nuestra sociedad-organizaciones. Más aún en un horizonte de Estado complejo.

¿O es tan difícil entender -he ahí los huecos del debate o los boquetes de algunas cabecitas uni/multis- que en el nuevo Estado Plurinacional con autonomías (en plural), el autogobierno y la auto-representación son mucho más que una consigna-tentación? Reto para el núcleo común intercultural con esferas diferenciadas. Sin modelo para armar.

Huecos-huequitos-huecos: imprescindibles componentes del enorme desafío de refundar un Estado… para Vivir Bien.

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