octubre 20, 2020

Arguedas y el indigenismo

El “problema del indio” apareció como discusión teórica desde el inicio de la conquista ibérica en América; desde el nombre equivocado hasta la generalización ignorante que englobó en una categoría a decenas de pueblos con historias y grados de desarrollo diferenciados, o la metáfora de los ángeles.

El “asunto” quedó pendiente con la fundación de las repúblicas, sobre todo en territorios con mayoría poblacional originaria, como México, Belice, Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia. Desde el enfoque positivista se pasó al esquema “nación versus barbarie”, paraguas para la formulación de múltiples expresiones de normas, avanzadas de las fronteras ganaderas o agrícolas, diseños escolares y culturales.

Fue en las orillas de este último espacio donde tímidamente primero y luego con vigor comenzó a desarrollarse una propuesta estética contraria al positivismo y de reinvindicación del mundo precolombino y sus descendientes. Vasconcelos en México y la pléyade de artistas (muralistas) que acompañaron su propuesta pedagógica revolucionaria. Cecilio Guzmán de Rojas y otros pintores en Bolivia. Aunque polémico, Miguel Ángel Asturias en Guatemala.

De esa generación, sobresalen los peruanos Ciro Alegría, Manuel Scorza, con una visión más marxista y proletaria, y el escritor José María Arguedas, cuyo centenario se conmemora este año. Esperamos iniciativas tanto de la Embajada de Perú, de las carreras de literatura o historia, de gestores culturales para difundir más y mejor la obra de este serrano que retrató con maestría al mundo indígena.

Arguedas conoció la marginación y el desprecio citadino en carne propia, tanto como migrante de la sierra como por su tono de piel. La posterior simpatía de su viuda por el original “Sendero Luminoso” no fue casual. La respuesta de José María radicó en contar historias (relatos, novelas) desde la visión de los vencidos, desde el quechua ignoto.

Él fue un pionero revelador de los “ríos profundos” que se mueven en sociedades mestizas como la peruana- sobre todo en la sierra- o la boliviana, en su perfil andino. Él fue el que describió la fuerza de la fiesta que entrevera el baile, el sonido de las quenas y los tambores, con la sangre y la rebelión.

José María nació el 18 de enero de 1911 en Andahuaylas, Apumirac, y desde niño sufrió el drama del choque entre el mundo rural quechua y el mundo citadino europeo. Su madrastra y el hermanastro, celosos por la piel algo más clara del niño, lo obligaban a comer en la cocina y a vivir con los peones indígenas. También de niño debió viajar por unos 200 pueblos perdidos de la sierra peruana.

Arguedas transformó aquellas experiencias en obras como “Yawar fiesta”, “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, la autobiografía “Los ríos profundos”, “Todas las sangres”. Además estudió antropología y etnografía para rescatar la música peruana, los bailes como el huayño y los danzantes de tijeras. Su trabajo reveló desde la vivencia propia y auténtica una sociedad discriminadora, injusta, donde el indio serrano no tiene oportunidades para desarrollar su propia cultura.

La vivencia dolorida de ese racismo, especialmente en su infancia, le causó creciente depresión y angustias. Él mismo relata en sus cartas su desgano vital, la difícil tarea de vivir en un mundo injusto. Sufrió sucesivas crisis nerviosas, intentos de suicidio y finalmente se quitó la vida en 1969.

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