octubre 25, 2020

Occidente y el Medio Oriente: una problemática, dos estrategias

por: Nelson Roque Valdés/ Cubahora/ VisionesAlternativas

En Medio Oriente están localizados el 55% de las reservas mundiales de petróleo, las cuales conforman el 28% del abastecimiento mundial de petróleo.

En los últimos meses el Medio Oriente ha sido conmovido por una serie de revueltas y disturbios que amenazan subvertir el orden hasta ahora existente en esa estratégica región del mundo.

Inicialmente las protestas estallaron en Túnez y cual efecto dominó se extendió con mayor o menor intensidad a países como Egipto, Jordania, Marruecos, Yemen, Bahréin, Omán, Kuwait, Libia y Siria.

Aparentemente todos los procesos forman parte de un fenómeno común, pero cuando se va a los detalles se aprecia que la situación en cada país contiene elementos específicos. Así tenemos países con escasas poblaciones y un alto grado de riqueza, como las monarquías petroleras del Golfo, donde las demandas son principalmente de orden político y se exigen mayores niveles de libertad personal y colectiva o mayores derechos para comunidades marginadas.

Por el contrario, en otros países de la zona que no cuentan con los codiciados hidrocarburos y que son más vulnerables a los efectos de la crisis económica mundial, los detonantes fueron principalmente económicos a partir de la vulnerabilidad social suscitada por años de aplicación de recetas neoliberales conjugada con el acelerado ascenso de los precios de alimentos básicos, lo cual a su vez se enlazó con demandas de tipo político.

El neoliberalismo: protagonista de las revueltas en el mundo árabe

En un primer momento parecía que las sublevaciones conmoverían el sistema de dominación capitalista en el área, pues los principales países afectados se correspondían con importantes aliados de Europa y EE.UU. en el mundo árabe. Sin embargo, tras la sorpresa inicial Occidente ha comenzado a implementar una estrategia dual y diferenciada para tratar de contrarrestar los daños a sus posiciones en los lugares donde esto es necesario e impulsar los acontecimientos en la dirección deseada allí donde son convenientes a sus intereses.

De esta manera EE.UU. y Europa han tratado de neutralizar el curso radical de los procesos políticos en naciones como Túnez y Egipto, en los cuales el derrocamiento de los regímenes afines no pudo ser evitado; o intenta minimizar la erosión política de gobiernos aliados como los de Bahréin o Yemen, ignorando incluso la represión violenta o la intervención militar extranjera contra los manifestantes. El reverso de la moneda son los intentos de capitalizar la situación para subvertir a los gobiernos que tradicionalmente ha sido incómodos para la ejecución de su dominación en la región.

El caso más claro es el de Libia, donde al margen de la existencia de causas objetivas, la oposición interna está claramente financiada y apoyada desde el exterior y ahora cuenta con el respaldo militar de la OTAN para poder imponerse en la confrontación armada contra el gobierno libio. También en Siria comienza a aplicarse una estrategia similar, cuyos derroteros aún están por revelarse.

Libia, la desinformación es un crimen contra humanidad

De cualquier manera el desenlace de los acontecimientos en el área está lejos de ser conocido. La intervención contra Libia, como la de Afganistán, pudiera evolucionar en un sentido diferente al esperado; mientras que la cooptación de los procesos de radicalización política en países clave como Egipto, aun no está claramente definida. Lo que si se puede asegurar desde ahora es que el Medio Oriente que resultará de estos procesos será muy diferente del hasta ahora conocido.

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