octubre 29, 2020

Amenaza global y esperanza colectiva

El capitalismo está generando condiciones objetivas para su propia auto-destrucción. Pero, a diferencia de la tesis lanzada por los dos principales teóricos del pensamiento social emancipador en el siglo XIX, lo que también está en peligro de desaparecer es el planeta y la humanidad.

El peligro real de la destrucción de todas las formas de vida está dado por el incontrolable desarrollo de las fuerzas productivas. De eso hasta ahora se ha hablado y escrito mucho. Empero, hay otro factor adicional tan importante como el anterior: la guerra como la vía elegida por el imperio para revalorizar el valor del capital, resolver su crisis interna y para tratar de detener la irrupción de acciones y sentidos emancipadores que empiezan, aún desorganizadamente, a florecer en el mundo.

Esos nuevos fantasmas que recorren el planeta buscan ser enfrentados por la OTAN -la prolongación militar multinacional del Pentágono- a través de la puesta en marcha de un nuevo concepto estratégico que le da la “libertad” de intervenir en cualquier parte del mundo y por el motivo que sus conductores consideren necesario. De esta manera, solo hace falta que Estados Unidos y sus principales aliados asuman como un atentado a su seguridad interna alguna decisión de cualquier estado en el planeta para intervenir con todo el rigor de su fuerza militar. Es decir, Africa, Asia y América Latina se convierten en el potencial escenario de operaciones.

La respuesta ante esa amenaza real no es, sin embargo, el temor y el desaceleramiento de los procesos sociales que buscan encontrar otra manera de pensar y organizar la vida social, así como de establecer otro tipo de relación -armónica y complementaria-con la naturaleza. Todo lo contrario, la actitud contra esta suerte de retorno, sobre nuevas condiciones, de la acumulación originaria del capital, que llegó al mundo chorreando lodo y sangre por todos lados hace más de cinco siglos, es radicalizando los proyectos emancipadores que expresan la esperanza de miles de millones de personas en el mundo.

Las banderas de la paz, la solidaridad, la No intervención y el respeto a todas las formas de vida deben desplazar y derrotar, con la fuerza que da la razón histórica y la plenitud de un sentimiento colectivo de amor, a las fuerzas oscuras y destructoras de la vida. Eso pasa, entre otras cosas, por no apostar a una manera de desarrollo cuyo lógico curso es la competencia desleal, la aniquilación del adversario y el individualismo secante.

Be the first to comment

Deja un comentario