octubre 21, 2020

¿Existe el amor entre mujeres?

Con esta pregunta dio inicio, el lunes pasado, el grotesco programa televisivo “Del cielo al infierno”, en el Canal PAT. Obviamente, la pregunta estaba referida a las relaciones afectivas lésbicas.

Amén de lo que podemos preguntar respecto del nada creativo nombre del programa: ¿Quiénes están en el cielo y quiénes en el infierno?, cuya respuesta, trasunta con seguridad, todo un “combo de fobias” (racismo, machismo, misoginia, homofobia, lesbofobia, etc. etc.), aquí nos vamos a centrar, sólo en lo que podemos intuir a partir de la pregunta: ¿Existe el amor entre mujeres lesbianas?.

Detrás de esta pregunta, tenemos por un lado, la deshumanización del otro, su animalización, su objetivación en función de la división normal – a-normal; la transformación del otro, en un “no ser”. ¿Cómo puede existir amor, entre animales, siendo que el amor, es por excelencia humano?. La pregunta del programa, pone en cuestión, instala la duda, respecto de la humanidad o no de las lesbianas. Pero, ¿desde dónde se está entendiendo el amor? Se está hablando, desde la concepción eurocentrada del amor romántico, del amor cortes, propio del siglo XVIII y de la época victoriana, de la cual según Foucault, es heredara la modernidad. En torno del amor romántico, que ocurre en el secreto encierro de las cuatro paredes de la alcoba, bendecido por el matrimonio, se inventa la sciencia sexualis (la ciencia de la sexualidad). Este amor romántico, se nos presenta como único, ahistórico, universal, intrínsecamente bueno, positivo, “humano, demasiado humano”. Su consolidación implica, la exaltación de la familia burguesa, del patriarcado, del capital y de la pareja heterosexual.

Esta exaltación, viene impuesta desde las instituciones, el cine, la televisión, la literatura, la familia, la escuela, la religión. El amor, como valor universal, es la única utopía racional moderna que aún creemos que es posible. Desde este punto de vista, el amor, es un discurso totalmente inofensivo y domesticado, que no molesta al poder, porque no significa ningún riesgo para el sistema patriarcal y homófobo del Estado Neocolonial. Muchas parejas se casan cada día “por amor”. Dios es amor. Cientistas sociales, militantes, políticos, curas, artistas, cineastas, escritores, humanistas, comunistas, fascistas: todos creen en el amor. Creen en ese amor romántico, nada solidario, que refuerza el individualismo liberal, a partir del cual, y en la medida en que se establece un vínculo con la persona amada, me separo de la colectividad. Pareja-amor-matrimonio, fin del vínculo social. “Mi pareja, es primero”, en virtud de la locura afectiva precaria y frágil que supone el sentimiento amoroso.

En el programa televisivo, ingenuamente se buscaba, reforzar esta retórica del amor romántico, intentando que este discurso y esta práctica, adoptada desde el régimen heterosexual, haga eco, respecto del art erotic (arte erótico) lésbico. Porque desde el amor, los gays, las maricas, las lesbianas, los trans son mucho mejor digeridos y aceptados. Cuando “tienen pareja” y sobre todo cuando proclaman “su amor”, hay resabios de que son “casi humanos”.

Sin embargo, para desafiar y subvertir el orden social y sexual, hay que acabar con este tipo de amor y con este tipo de programas. Hay que re-inventar a través de nuestros cuerpos el significado de “amor”, creando, como dice Beatriz Preciado “una cultura de amor disidente”. Desde esta propuesta creativa, “el amor” se transforma en una comunidad de afectos y de apoyo colectivo, con la que se puede contar en momentos difíciles.

Es necesario, aprender a relacionarnos con los otros, a amar a los otros, a inventar nuevas formas de amistad y de afecto. Esto pasa, por generar nuevas éticas de la existencia: creo que algunos medios de comunicación y algunos colegas conductores de programas, podrían empezar por aquí…

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