octubre 23, 2020

América Latina: La (in) justicia y la inequidad, causas estructurales del mal estado de la salud

Las inequidades de género, generacionales y culturales figuran como las principales causas estructurales del (mal) estado de la salud en Latinoamérica, que hacen aún más vulnerables a las personas a los problemas de salud, acrecentados por las situaciones de emergencias y desastre, a lo que se suman sistemas de salud que no contribuyen a reducir esta situación, colocándonos como la región con mayor inequidad.

“Ser mujer, pobre, y vivir en el área rural” se constituye en una situación que reúne las inequidades más grandes, y que es la que vive la gran mayoría de la población en América Latina, señaló, como ejemplo, la ministra de Salud y Deportes de Bolivia, Nila Heredia, en su calidad de Presidenta de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES), durante el “Primer Congreso Latinoamericano de Salud: Determinantes Sociales y Participación Ciudadana”, realizado recientemente en La Paz, con la participación de 14 países y más de 500 asistentes.

Otras diferencias como el grado de autoestima, autoeficacia, que tienen las personas, en lo que se refiere a las medidas que asumen frente a su salud, actúan como “variables moduladoras”, sobre las que, por ejemplo, es preciso abordar desde el campo de la Educación, desde temprana edad, señala el documento de conclusiones.

Otro aspecto clave que se colocó en el centro de las reflexiones es que la participación y la salud no pueden ser entendidas sólo como derechos desligados de las responsabilidades (noción de ciudadanía). Que la participación no es la panacea que resolverá todo, en tanto y en cuanto, no asumamos una actitud más proactiva como sujetos, en relación con nuestra salud. Entender la participación como “un proceso político y de pedagogía social para el cambio y la transformación de las inequidades, que hacen al mal estado de la salud de nuestros pueblos”, fue otro asunto puntual.

Las reflexiones desde la mirada de las determinantes sociales y condicionantes de la salud, han permitido poner de manifiesto, una vez más, que la salud va más allá de la mera ausencia de la enfermedad. Centrar un congreso de salud en estas cuestiones, alejadas de la “medicalización”, ha sido un acierto que abre las posibilidades paraagendar y actualizar estas temáticas y enriquecerlas con experiencias que contribuyan a mejorar la salud de millones de personas de la región.

Se mencionó que resolver los problemas de salud pasa por activar las voluntades de los políticos, y al ser “un asunto de derechos humanos y un valor”, “requiere de la intervención en todos los ámbitos de la vida”, por lo que debe ser abordada “desde el cuerpo como territorio, como integralidad e indivisibilidad de lo espiritual y lo biológico, en estrecha conexión y respeto con y por la madre tierra”.

El tema del cambio climático no estuvo ausente, como era de esperar, y se habló de cómo éste está impactando sobre la salud de las personas y del planeta, con un incremento de “fenómenos meteorológicos extremos ‘desastres’, enfermedades infecciosas, pérdidas de tierras, alteraciones en la producción agrícola y acuícola, y dificultades en la disponibilidad de alimentos, y otros, que “al ser atribuibles a la actividad humana tienen responsables concretos; situación que es necesario revisar desde una dimensión ética pero también jurídica, aplicando sanciones morales y económicas”, afirmación contundente que figura en las conclusiones que esperemos encuentre eco en la ciudadanía y los gobiernos.

Todos coincidieron en que se trata sobre todo de un asunto de (in) justicia social que urge resolver y que no es posible seguir haciendo oídos sordos.

*     Comunicadora y periodista

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