octubre 23, 2020

El neoliberalismo y su agotamiento estructural

por: Iván Miranda Balcazár

La economía, base estructural de las contradicciones en la esfera de las relaciones societales y políticas, condensa en su seno la antagónica unidad capital-trabajo dentro de la formación social de los estados capitalistas, cuya matriz constitutiva es la experiencia hegemónica del neoliberalismo como paradigma predominante de un “capitalismo duro” y supuestamente “libre de reglas” generadas en los años 70, 80 y 90 del siglo anterior como el sueño del desarrollo para las sociedades latinoamericanas y también en Bolivia.

El neoliberalismo se impuso en nuestro país el 29 de agosto de 1985 para desplazar al Estado de su rol interventor en el mercado, del proceso de la producción, el fomento y la protección de la fuerza de trabajo y control sobre la circulación de mercancías de uso y cambio en el escenario de las sociedades constituidas en la ideología de la “paternidad benefactora” desde el centro mismo del poder político.

Desmontar al Estado benefactor y sus componentes socio-políticos como la fuerza del aparato sindical y toda forma de organización perturbadora a la “libertad económica y política”; fue la premisa, y la construcción de una agenda global monopolizada por el capital para imponer la voluntad empresarial en el conjunto de la sociedad; el resultado.

Esos supuestos, premisa y resultado, terminaron por excluir el 2003 a sus principales gestores desde el campo político, mas la práctica en el campo económico aún se mantiene invariable en las relaciones capitalistas de producción y en la circulación de mercancías y la fuerza de trabajo. La cuestión está cómo excluir de la mente social la adopción de la “libre oferta y demanda”, si el fin último es mantenerla.

Este es el problema fundamental en este proceso político. Los sectores sociales -movimientos sociales, multitudes y otras formas de cohesión- que desencadenaron la crisis para echar a los neoliberales plantean la proscripción del 21060. Sin embargo, el sentido ideológico de esa política se ha sido internalizado en la sociedad, consecuentemente, parece que por muchas leyes que los actuales gobernantes aprueben para eliminar legalmente de la estructura jurídica del país, el Estado de mercadosigue vigente.

Las transacciones más elementales en el mercado Rodríguez (La Paz), la Cancha (Cochabamba), Los Pozos (Santa Cruz), Campero (Oruro) o la Feria de la “16 de Julio”, entre otros ejemplos, se desarrollan en la discusión de la libre oferta y demanda. Las cooperativas mineras, agrícolas y de otra índole contratan bajo esos mismos criterios a sus trabajadores, las instituciones públicas en general (gobierno, prefecturas, alcaldías, corporaciones y empresas) ofrecen empleo bajo el nombre de consultores en línea, los empresarios privados en toda su extensión convocan en los mismos formatos los requerimientos laborales.

Entonces el mercado está en la mente de la gente y desmontar esa adopción no es cuestión de normas, es una disciplina de educación y construcción social, de cambios en las relaciones sociales, la cultura, y en especial, la economía (Boaventura de Sousa Santos) mediante una propuesta alternativa frente al enfoque neoliberal que se sustenta en la imprescindible “desigualdad” social, considerada por sus teóricos como un “valor positivo” (Hayek) para el éxito del modelo en el mundo capitalista, sin intervención del Estado ni proteccionismos.

Un teórico ha manifestado que La historia ha llegado a su fin (Fukuyama), que han triunfado, en el orden social y político la democracia liberal, y en el orden económico, el mercado. Un supuesto ideológico utilizado como axioma por las sociedades contemporáneas.

Si esto es así, hemos asistido a la inauguración de la Era del vacío (Lipovetsky), el programa de la civilización sin proyecto de vida, donde mueren los compromisos sociales y se debilitan los principios de solidaridad, cuando las relaciones sociales están articuladas en torno a la maximización del interés individual y al deseo del poder, como realizaciones únicas del ciudadano controlado y programado por un Estado ágil e inteligente, como participante incapaz de tomar decisiones; votante, sin derecho a elegir a sus representantes; comprador esclavizado por las redes de la publicidad; incluido formalmente en movimientos de género, generacionales, étnicos y territoriales; objeto de políticas públicas diseñadas por técnicos de agencias de apoyo internacionales; usuario de servicios,consumidor de códigos de comportamiento y pautas culturales ajenas a su cotidianidad; agente de la producción, sometido a la competencia frente a otros agentes programados con el mismo código. En pocas oportunidades es considerado sujeto capaz de crear nuevas realidades e historias en función a valores de comunidad, autodeterminación, vivencias familiares, historias y recursos de pueblos con grandes realizaciones espirituales.

Dicha programación está sostenida por un discurso, una realidad ficcionada (Deleuze) y creada por el paradigma del mercado, que en el imaginario social aparece como el discurso de la sociedad, pues los medios de comunicación han alimentado las visiones del pragmatismo. El discurso del neoliberalismo, carente de una visión totalizadora y potencial, ha quedado reducido a la practicidad, donde lo real apenas es un dato. “en vez de explorar las potencialidades de lo real, acepta la construcción social de la realidad de los discursos dominantes y busca orientarse teleológicamente, minimizando o excluyendo la dimensión valórica y ética. Tiende a reducir el conocimiento a lo instrumental, o disminuir la incertidumbre excluyendo posibilidades de transformación y tratando de aumentar la previsibilidad. La aceptación de la realidad de dicha posición, frecuentemente se convierte en la aceptación de las redes fácticas de poder” 1.

Es tal la fuerza del mercado que los intelectuales, si es que se puede hablar de un grupo especial dedicado a investigar y producir ciencia, forman uno de los círculos concéntricos de poder más poderosos, dedicados a justificar el orden social pragmático, con investigaciones prácticas donde lo que interesa es la realidad como dato pero no como potencialidad. Desde el otro lado, está ausente la coalición intelectual para construir un nuevo orden en el campo económico que tanto reclaman los protagonistas de las luchas sociales en Bolivia.

  1. Vergara, Jorge. La epistemología de las ciencias sociales en América Latina. En revista persona y sociedad. Vol. VIII-Nº 1-2, 1994, Santiago de Chile, p. 15.

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