octubre 19, 2020

Necesidad de una teoría económica más realista y más relevante

por: Oswaldo Nina Baltazar *

La economía mundial está atravesando uno de los peores períodos de su historia reciente, comenzando por una crisis financiera pasando por una crisis energética y alimentaria, y culminando en una crisis económica casi generalizada. Considerando que la economía dominante está siendo altamente cuestionada por una variedad de agentes, los remedios a estos problemas deberían originarse de otras corrientes alternativas; siendo más ambiciosos, de nuevas teorías económicas, que sean producto de un trabajo interdisciplinario, multidisciplinario o transdisciplinario, puesto que la sociedad es un sistema complejo y que todos los fenómenos sociales están relacionados.

Una variedad de investigadores señalan que necesitamos de una nueva disciplina que construya conceptos, elabore modelos o paradigmas y formule teorías adecuadas a las condiciones de las sociedades. Esta nueva disciplina debería descartar categorías y construir conceptos totalmente nuevos y más apropiados. Frente a este desafío, debemos preguntarnos: ¿estamos los economistas preparados para este reto?

En los últimos años, la mayoría de los economistas no han estado preocupados por la historia de la economía y de las ideas, el estudio de las instituciones sociales reales y relevantes, y las condiciones prácticas y detalladas para formular y aplicar políticas económicas. Por el contrario, han estado concentrados en difundir la política del libre mercado -que es incapaz de abordar y dar solución a problemas vitales de las sociedades, tales como pobreza, desigualdades, emigración, carencia de infraestructuras, problemas demográficos, entre otros- y en incentivar y profundizar la formalización matemática, que son las principales causas del estrechamiento de la ciencia económica.

La situación actual está mostrando la necesidad de economistas que deben ser científicos sociales buscando comprender el mundo real; en particular, como lo señala John Maynard Keynes, hace muchos años atrás:

“El economista magistral debe poseer una rara combinación de dones. Debe alcanzar un alto nivel en diferentes direcciones y combinar talentos que no se suelen encontrar juntos. Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo, en algún grado. Debe entender símbolos y expresarse con palabras. Debe contemplar lo particular en términos de lo general, y tocar lo abstracto y los concreto en el mismo vuelo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado con propósitos del futuro. Ninguna parte de la naturaleza humana o de sus instituciones debe quedar fuera de su consideración. Debe tener propósitos y ser desinteresado de manera simultánea; tan apartado e incorruptible como un artista, pero a veces tan cerca de la tierra como un político.”

 

Por otro lado, la búsqueda de soluciones innovadoras para superar los obstáculos críticos para la transformación de la economía requiere examinar los avances no sólo de la economía sino de otras ciencias o ampliar el alcance del análisis económico a otras dimensiones. Por ejemplo, una de las ramas de la economía que está contribuyendo con esta tarea es la economía de comportamiento, que estárealizando enormes avances para analizar la conducta de la personas. Esta rama, junto con la psicología, postula que los agentes no actúan en forma racional por la existencia de sesgos o ilusiones cognitivas en la toma de decisiones, que es contrario a lo que señala la economía dominante: los humanos son seres racionales que frente a situaciones importantes toman decisiones acertadas valorando concienzudamente pros y contras de cada opción.

Con relación a políticas públicas contra la pobreza, la economía del comportamiento señala que los grandes planes técnicos y financieros de ayuda al desarrollo tienen mucho sentido a nivel macroeconómico, pero a veces fallan cuando se aplican a escala microeconómica por no tener suficientemente en cuenta los estudios en psicología diciéndonos que los humanos pocas veces decidimos siguiendo criterios estrictamente racionales. En cambio, propone que se no debería imponer planes ni tratar al pobre como si fuera un ingenuo que no sabe qué necesita: salir de la pobreza está en sus manos, y deberíamos apoyarles a que sean ellos mismos quienes se ayuden.

En suma, debemos comenzar un proceso de reinvención para revertir el estrechamiento y la excesiva formalización de la economía, mediante la reflexión crítica y el diálogo interdisciplinario y multidisciplinario. Más aún, debemos iniciar una revolución académica para ir formando economistas tolerantes y de mente abierta, y si es posible, también humildes: las causas y soluciones a los problemas actuales de la economía mundial no se limitan a la economía.

*          Osvaldo Nina Baltazar, Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD)

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