octubre 22, 2020

Unzaga, medio siglo después

Este martes 19 de abril, 52 años después de la extraña muerte de Oscar Unzaga, la periodista e historiadora Lupe Cajías presenta una novela biográfica sobre su vida, su lucha y sus últimos momentos. El acto se realizará en la Asociación de Periodistas de La Paz a las 19 horas.

¿Por qué escribir sobre un personaje de la derecha boliviana en tiempos de cambio y de victorias electores de opciones contrarias al establecimiento?

Lupe Cajías (LC).- Este libro, “Morir en mi cumpleaños” no es coyuntural. Llevo más de una década investigando sobre Oscar Unzaga y el surgimiento del fascismo en Bolivia. Desde que me inicié como historiadora con mi biografía sobre Juan Lechín mi interés prioritario fue buscar en fuentes primarias sobre los años 30, 40 y 50 de América Latina y sobre todo de Bolivia porque considero que fueron los años centrales de nuestra historia. Entre las guerras mundiales, el mundo consideraba al continente como el futuro de la humanidad, acá estaba el paraíso y muchos europeos migraron a estos lares. ¿Qué pasó en los cincuenta? ¿Por qué después de ser la esperanza pasamos a ser “subdesarrollados”? ¿Por qué de ser receptores de migrantes desesperados nos convertimos en expulsores de recursos humanos?

Mi libro sobre Unzaga es una fase más de las distintas miradas que yo misma he ensayado. Mi asombro es permanente frente a la generación del Chaco que considero irrepetible. Es increíble pensar que en una ciudad pequeña como era Cochabamba a fines de los 20, en las casas solariegas y en las quintas, se reunían muchachos a hablar sobre la patria, sobre la nación inconclusa, sobre el declive del liberalismo y sus metas inconclusas. Muchos eran vecinos, compartían amigas, las hermanas eran sus enamoradas. Ese puñado fundó el nacionalismo antiimperialista que cobró dimensiones históricas después de la Guerra contra Paraguay

Unzaga fue el primero en fundar un partido, la Falange, en 1937, junto a cinco universitarios en Santiago de Chile, nacionalistas con una visión católica, antiimperialistas pero profundamente anticomunistas. José Aguirre Gainsborg fundó el Partido Obrero Revolucionario, internacionalistas, trotskistas, pero también en búsqueda de la idea de nación, de estado fuerte. Armando Arce, Augusto Céspedes, Carlos Montenegro y otros fundaron el Movimiento acionalista Revolucionario, el nacionalismo cercano al nazismo en sus inicios, profundamente antiimperialista y con un amplio alcance desde la derecha al comunismo. José Antonio Arce y Ricardo Anaya fundaron el Partido de la Izquierda Revolucionaria, el PIR, cercano a Moscú, también nacionalistas. Sus ideas y acciones gravitaron en Bolivia hasta la crisis del 2000.

Dentro de esa gama, ¿por qué el interés especial en Unzaga?

LC.- La figura de Unzaga estuvo presente en mi vida desde mi niñez. Era primo hermano de mi madre y crecimos escuchando los relatos de su muerte y vimos de cerca la persecución a nuestros tíos y parientes. Tengo en la retina escenas terribles de mis tíos Jorge y Alfonso cuando salieron de los campos de concentración con la espalda flagelada y marcada con fuego con la sigla MNR. O cuando la tina de agua se volvía negra por los millones de piojos que salían de los cuerpos sin derecho a bañarse durante meses. Varios presos enloquecieron, son historias que las nuevas generaciones no conocen y en esa época no había Derechos Humanos ni nada para denunciar.

Sin embargo, en mi adolescencia comprendí que la ideología de la Falange no era la que me convencía, al contrario. Durante esos años, inicios de los 70, cuando empezaba mi opción política conocí el lado perverso de la Falange, de perseguidos a perseguidores, a paramilitares. También comprendí mejor al MNR y a sus políticas después del 52.

Como periodista y como historiadora comencé a revisar periódicos para comprender mejor al movimiento obrero boliviano, más que los libros quería leer fuentes primarias. Así surgió mi libro sobre Lechín, pero al mismo tiempo encontré muchas fichas sobre Unzaga y algo que siempre me sorprendió: el respeto que le tenían propios y extraños, incluyendo Lechín, que de hecho escondió a falangistas.

Unzaga fue una especie de apóstol, aferrado a su convicción nacionalista, antiimperialista, anticomunista, de gran coherencia con su vida privada. Vivió y murió como un asceta, pobremente, aunque por sus manos pasaron miles de dólares de apoyo a la conspiración. Creía firmemente que los políticos no tenían derecho a la riqueza personal, ni siquiera a una vida personal de placeres y tranquilidad.

Hace una década que me interesó hacer una biografía sobre él y me encontré con una cantidad de datos impresionante. Su figura es de novela, su vida desde su nacimiento, la muerte de sus hermanos, el peso de la guerra en su casa, el compromiso con lo que llama “su generación”, su amor imposible como Romeo por Julieta, su constante clandestinidad, me dieron elementos para construir al personaje en ese escenario fortísimo de la Bolivia de los años 50.

¿Qué pasó al final, cómo murió?

LC.- Mi libro es un recorrido por las últimas horas de Unzaga, desde el sábado 18 de abril cuando se refugia disfrazado de cura en una casa de la calle Larecaja, en la zona norte de la ciudad de La Paz.

El domingo 19 era su cumpleaños y los falangistas querían regalarle la Presidencia de la República después del fracaso de varios otros golpes, casi todos sangrientos, sobre todo durante el 57 y el 58. Habían habido muchas traiciones y sólo un puñado de la vanguardia más joven y aguerrida de FSB sabía de la subversión, sin embargo, el gobierno también estaba enterado y la plana mayor de los falangistas cayó en una emboscada en el Cuartel Sucre, actual Dirección de Identificaciones, en la Sucre.

Unzaga estaba escondido en la casa de su prima Cristina Jiménez Iturri de Serrano. Junto a él estaba su fiel secretario René Gallardo y llegaron también el coronel Julio Álvarez La Faye y Enrique Achá- el único sobreviviente actual. Un joven dirigente cruceño de la CUB les traía las novedades. Por la tarde supieron que el golpe había fracasado.

Por la delación de una mujer celosa, llegaron milicianos a allanar la casa, pero todos lograron esconderse. Cuando los milicianos se fueron, se comprueba que Unzaga y Gallardo están muertos. Las dueñas de la casa, Cristina y su suegra, limpian todas las huellas, cambian de lugar las armas, hurgan los bolsillos de los cadáveres y recién dos horas después llaman a la Asistencia.

Así empezó una leyenda sin fin. El Presidente Hernán Siles se enteró de la posible muerte de su archi enemigo y pidió que médicos independientes, incluso pro falangistas, hagan la autopsia. Los indicios de suicidio eran claros hasta que un doctor descubrió que Unzaga tenía un tiro en la sien derecha y otro detrás de la oreja izquierda. Ese dato provocó meses de especulación. Los falangistas acusaron al MNR de asesinato.

El gobierno tuvo que llamar a una Comisión Internacional. Intervinieron expertos de Chile, de Perú.

¿Qué pasó realmente?

LC.- La respuesta la doy en mi libro y creo que después de medio siglo recién se difundirá la verdad, aunque sé que son varios los que la supieron desde el inicio.

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