octubre 20, 2020

Democracia intercultural

por: Iván Miranda Balcázar *

En el debate político, la cuestión de la democracia, como sistema político, ha tenido momentos de agotamiento, acumulación, avances, retrocesos, crisis, oportunidades y escepticismos, en función de las matrices teóricas y empíricas adoptadas por las sociedades y sus instituciones, como en cualquier campo del conocimiento de las ciencias sociales.

La democracia ha luchado por su reconocimiento como el mejor sistema de la sociedad moderna. En esa trayectoria, la construcción de la estructura del poder como efecto de la opinión del soberano ha tenido distintas identidades, de acuerdo al desarrollo de la política en la humanidad, desde la antigua Gracia hasta la formación de las recientes entidades de poder en el mundo.

Bolivia forma parte de este contexto. Mantener vivo el espíritu creador de los sujetos políticos en un sistema constitucional implica esfuerzos, desvelos, renunciamientos, tolerancias y firmeza. Así se ha construido la democracia en el mundo, desde la restitución de esta noción con los aportes de los intelectuales decimonónicos hasta los procesos contemporáneos en este campo de la política.

Las identidades de la democracia tienen que ver con los contextos y la naturaleza de las instituciones políticas. Hemos conocido recientemente la democracia censitaria, la democracia popular, la democracia representativa, la democracia participativa y hoy el debate fructífero sobre esta cuestión es la democracia intercultural.

El discurso de los gobiernos que transitaron por los espacios de poder, de un modo general, mencionaron en sus programas y opiniones la palabra democracia como sistema político que fundamentaba la república. La democracia entendida en su sentido histórico como la participación política de los ciudadanos, constituidos en soberano para la formación de los poderes públicos.

Esa participación fue reservada para ciertos sectores expresamente reconocidos por la primera Constitución hasta los regímenes de los primeros años de este siglo. En ese sentido, la historia registra cinco tipos de sistemas políticos en la formación del poder gubernamental:

La era del caudillismo                                     1825 – 1880

La democracia censitaria                                1880 – 1952

La democracia populista                                 1952 – 1985

La democracia representativa                          1985 – 2005

La democracia representativa y participativa     2005 adelante

En 1982 se inauguró la democracia representativa. Sólo tres años después, (agosto de 1985) se instala en Bolivia el neoliberalismo (Estado Neoliberal – Transnacional) con todas sus consecuencias, como la reforma estructural del Estado, la capitalización y un régimen electoral pensado estrictamente para la reducción de los partidos del campo popular.

La política se desarrolló en el marco de los pactos de gobernabilidad, los partidos rompieron sus principios que dieron origen a su pasado histórico como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Jaime Paz Zamora, otros se desintegraron (partidos marxistas, socialistas, nacionalistas) y muchos decidieron el camino del pragmatismo neoliberal.

Los partidos políticos —sistémicos o en términos de clase, los partidos oligárquicos— en su lucha por el poder, por la democracia y otros objetivos han sobrevivido a las reformas electorales y las reglas de juego adoptadas en cada coyuntura aceptando las negociaciones, compromisos y acuerdos para intervenir en los espacios estatales desde los poderes centrales hasta el manejo de las instituciones locales y regionales.

El momento de acumulación y articulación política se ha vivido entre el 2 de septiembre y 17 de octubre de 2003, período antagónico de agudización de las contradicciones, que finalmente definió la expulsión de Gonzalo Sánchez de Lozada y su coalición del poder político.

Los movimientos sociales, los sindicatos, las organizaciones gremiales, las juntas vecinales de los barrios incluso conservadores, rompieron el adormecimiento y crearon las condiciones objetivas para generar las condiciones antagónicas hasta desencadenar en una aguda crisis de política e institucional en Bolivia.

El siguiente paso es la construcción del nuevo sistema político, amplio, profundo, perfectible, en una nueva realidad con la participación de todos, en una soberanía única donde el sistema político se reconozca por su interculturalidad, categoría que sintetiza la cantidad de diversidades, identidades, lo indígena originario campesino, la pluricultural, lo multilingüe, entre otras dimensiones.

*     Es politólogo y periodista.

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