octubre 22, 2020

Independencia de clase

Estamos en víspera de un nuevo Primero de Mayo, fecha consagrada a la lucha de los trabajadores, del proletariado, en todo el mundo, salvo Estados Unidos. Es una data para rendir homenaje a los obreros, aunque por extensión abarca a todos los asalariados y desde hace algunos años también a los agrarios, sean campesinos o zafreros.

Hace un siglo se inició el festejo del Primero de Mayo en nuestro país, inicialmente con veladas literarias en el Teatro Municipal. Tupiza, poblado rodeado de minas y de tradición libertaria, fue vanguardia del socialismo boliviano y de las iniciativas para conmemorar la fecha

La creación de los primeros sindicatos con inspiración marxista continuó esa línea, dándole a la fecha su esencia de resistencia al capitalismo, de combate y de lucha por el socialismo. Los gráficos, los ferroviarios, los fabriles y sobre todo los mineros, desde Uncía a Siglo XX, de Oploca a Corocoro le dieron la faz subversiva a la fecha.

Fue en el norte de Potosí donde un desfile del Primero de Mayo concluyó con una de las primeras masacres obreras pues los mineros pedían una jornada de ocho horas. Fueron los artesanos y las floristas anarquistas los que cumplieron la marcha más famosa en La Paz en 1926. O fue el desfile espontáneo en 1972 el que demostró a la dictadura de Hugo Banzer que los sindicatos clandestinos mantenían la lucha vigente. En 1979, la presencia de los tractores con Genero Flores y los líderes de la flamante Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, CSUTCB marcó el rostro indígena al desfile proletario. Son muchos los momentos de historia del movimiento obrero y popular relacionados con el Primero de Mayo.

A lo largo de la pasada centuria, con más fuerza desde la creación de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, FSTMB (1944) y de la Central Obrera Boliviana, COB (1952) esas marchas, esas luchas, tuvieron la característica de mantener la independencia de clase. Aún en pleno fervor de la Revolución Nacionalista, los mineros —columna vertebral de la COB— y su líder Juan Lechín tuvieron la sensatez de mantener al sindicato por su propio camino.

A diferencia del peronismo que coptó a las organizaciones obreras argentinas, o a la división entre los proletarios peruanos o colombianos influidos por el estalinismo que quería sindicatos orgánicos al aparato del partido, la COB se mantuvo independiente. Probablemente la fuerza anarquista y trotskista en el proletariado minero ayudó a ello. En todo caso es parte de la historia, de la memoria colectiva y de la tradición de la COB. Independencia de clase, combatitividad, democracia obrera y superación de las demandas meramente economicistas son constantes de esa entidad.

La intención de dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS), del propio gobierno, por coptar a los sindicatos es una corriente a-histórica. El caso extremo es de los cocaleros, quizá por sus características que los coloca más como pequeños empresarios que como parte de la clase proletaria. En cambio, los mineros defienden su independencia aún cuando simpaticen y defiendan al régimen. No está de más recordar que las finanzas bolivianas —por lo menos las legales— dependen del trabajo de ese obrero, igual que desde hace 90 años.

La COB iniciará pronto un nuevo congreso, seguramente examinará una tesis política como es tradicional, elegirá a sus nuevos dirigentes. Son temas de coyuntura, mantener la independencia es asunto de estructura, de la esencia del movimiento obrero boliviano.

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