octubre 28, 2020

Juan Pablo II, ¿Santo?

por: Silvia Salinas Cuéllar / Católicas por el Derecho a Decidir

Juan Pablo II, fue el único Papa que llegó a Bolivia. Conocido como el Papa viajero supo ganarse millones de adeptos en todo el mundo. Por ello no sorprende recibir la noticia de su beatificación y posterior santificación por el Vaticano, arguyendo para ello algunos “milagros” que se le han atribuido tras su muerte hace ya casi seis años.

¿Pero… es necesario hacer milagros para ser un santo? ¿No es más importante demostrar bondad, compasión y justicia en vida? ¿Acaso un santo no debe tomar partido por quienes no tienen poder y hacer justicia a las víctimas de la injusticia? ¿Acaso durante los 26 años de su papado Karol Wojtyla demostró que debe ser un modelo a seguir por la feligresía católica……?

En 1978, Karol Wojtyla fue elegido como el primer papa no romano desde la Edad Media. Un Papa polaco, perteneciente al Opus Dei, el ala más conservadora de la Iglesia Católica, organización a la que le concedió un estatuto legal especial, liberándola de la supervisión de los obispos y beatificando a su fundador, Escrivá de Balaguer.

Fue opositor al Concilio Vaticano II, 1962-65, retrocediendo en los avances reformadores que se había alcanzado con el mismo. Cuando se celebró este Concilio, iniciado por el papa Juan XXIII, se abrieron ventanas para poner la Iglesia al ritmo del tiempo, con apertura al diálogo, a escuchar a las y los cristianos y así rehacer una Iglesia viva. Esa renovación cuestionó al sistema y estructura piramidal de dominación de la jerarquía católica y asustó a quienes tienen el poder. Fue Juan Pablo II quien retornó a la iglesia Católica a la Edad Media con un pensamiento retrógrado, negando el derecho al divorcio, a decidir sobre tener o no hijos, la homosexualidad, el sacerdocio de las mujeres, el celibato, entre otros e impidiendo la discusión de los mismos al interior de la propia Iglesia.

Los santos verdaderos buscan agradar a Dios en todas las áreas de sus vidas. Cada día reflejan la justicia, la piedad y la pureza de Dios, lo que no vimos en Karol Wojtila cuando combatió a los Teólogos de la Liberación acosando, descalificando y removiendo a laicos, laicas, agentes pastorales, sacerdotes y religiosas comprometidos con los pobres, excluidos y marginados de la sociedad, que lucharon y murieron promoviendo la organización popular, las transformaciones sociales y los derechos humanos. Durante los conflictos políticos y sociales en América Latina tomó partido por las dictaduras militares y los gobiernos represivos y antidemocráticos. No olvidamos que dio la comunión a Pinochet, culpable de asesinatos, tortura y opresión del pueblo chileno y exigió que se le perdonara sin hacer justicia cuando éste fue detenido en Europa.

Juan Pablo II representó esa forma de intolerancia anticristana que se llama homofobia y que expresó en palabras de rechazo y condena a homosexuales y lesbianas.

Su mirada patriarcal de que la mujer tiene como única función reproducirse lo hizo oponerse a cualquier tipo de anticoncepción y, más aún, a la interrupción del embarazo promoviendo la muerte de millones de mujeres, víctimas de abortos mal practicados. Incidió en todos los gobiernos del mundo para que penalizaran la interrupción del embarazo en todos los casos, aún cuando la vida de la mujer corriera peligro o que el embarazo sea producto de una violación.

Su oposición al uso del condón o preservativo, uno de los métodos más eficaces para prevenir las infecciones de transmisión sexual en especial el Vih / Sida, llevó a la propagación de dicha enfermedad que causa millones de muertes al año. Hizo oídos sordos a la creciente epidemia e hizo campaña en contra de su uso, lo que llevó a millones de fieles católicos a desecharlo como un método de prevención. En el mundo cada día mueren 8.000 personas y hay más de 40 millones de personas viviendo con el VIH incluidos menores de 15 años.

Al interior de la Iglesia se opuso drásticamente al sacerdocio de las mujeres, cerrando toda discusión al respecto, aunque no existe ningún argumento teológico ni bíblico para ello, pues en la iglesia primitiva la mujer tenía un rol de igualdad. Rol que Juan Pablo II negó sistemáticamente.

Defendió a ultranza el celibato de los sacerdotes, negándoles la posibilidad de que tengan relaciones sexuales y se casen, lo que llevó a que cada vez menos hombres se dediquen al sacerdocio

Tan grave como todo lo anterior, es el hecho de que Juan Pablo II encubrió a sacerdotes que cometían, y aún cometen, abuso sexual contra niños, niñas y jóvenes, incluso designando a algunos de los perpetradores como sus hombres de confianza, o perdonándolos sin hacer justicia para las víctimas como es el caso del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, o el caso del arzobispo de Boston donde se descubrió que al menos mil niños fueron abusados por unos 150 curas y la iglesia tuvo que pagar más de 90 millones de dólares en indemnizaciones por las múltiples demandas.

Karol Wojtila encubrió, defendió, disculpó y ayudó a ese tipo de personas y no hizo justicia a las víctimas. Pero además con el mismo ahínco anuló las voces de quienes no le convenían como fueron las y los teólogos de la liberación, sacerdotes progresistas o religiosas feministas.

En su proceso de beatificación, el Papa Benedicto XVI, lo pone como ejemplo para las futuras generaciones. Pero merece ese honor quien vivió una vida de bondad compasión y justicia . Nada de eso testimonia la vida de Karol Woktila.

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