octubre 25, 2020

¡Indignadas e indignados del mundo, uníos!


por: Tania Delgadillo Rivera


“No me importa qué va a pasar, me importa lo que está pasando. Este movimiento es como el amor, infinito mientras dura”. Eduardo Galeano.

El movimiento 15-M, surgido en España el 15 de mayo reciente, que alcanzó a más de las 50 ciudades convocadas inicialmente, exigiendo “¡Democracia real, ya!, sobrepasó las fronteras españolas, pues otras ciudades y miles de voces ciudadanas en el mundo se han unido y han hecho oír su voz de indignación ante la decadencia del sistema, recordándonos que “otro mundo es posible”.

El sólo hecho de haber logrado, de manera tan repentina y espontánea, una convocatoria de esa magnitud, nos deja a muchas y muchos el dulce sabor de la utopía renacida. Y mientras tanto otros se preguntan sobre el destino, los efectos y los resultados de esta movilización, algunos, en cambio, creemos que bastó con que nos recuerden que soñar es posible, que siempre fue posible, pero quizá se lo hizo en solitario, y que si todos soñáramos con más fuerza y de manera sostenida, muchos sueños se harían realidad.

Los impulsos que confieren los movimientos, son impredecibles y difíciles de medir, lo cierto es que lo que desencadenó el movimiento iniciado por esos jóvenes, ya es parte de la historia, por su sorprendente capacidad de movilización, resultado que en algunos medios destacan y atribuyen al poder de las redes sociales, pero se olvidan que esos son sólo los medios, lo que importa es lo que está detrás, el contenido, la fuerza de la indignación compartida.

Así, muchos se conforman con lo que vivieron, con “la magia de ese martes 17”, dice uno de los líderes del movimiento, al recordar multitudinaria concentración en la Puerta del Sol de Madrid. La euforia y la adrenalina de sentirse uno con los otros, de sentir que hay mucho más en común que diferencias, que lo que hacía falta era conectarse, compartir, sentir la fuerza de la multitud, una fuerza que es como la llama del fuego, que se enciende y que mientras arde, da la impresión de ser infinita. Como dice Vinicius de Moraes, quien inmortalizó un poema que dice sobre el amor: “(…) que no sea inmortal puesto que es llama, más que sea infinito en cuanto dure”; y que Galeano, en una especie de parafraseo, responde a la pregunta que le hiciera un periodista sobre lo que piensa respecto de los resultados de esta movilización, y dice: “No me importa qué va a pasar, me importa lo que está pasando. Este movimiento es como el amor, infinito mientras dura”.

Miles de mensajes a través de todos los soportes analógicos, magnéticos, electrónicos, circulando con la voz de la indignación. Y mientras en Europa la indignación de los jóvenes clama por ser escuchadas y escuchados, se suman en el mundo otras voces indignadas: intelectuales, artistas, ciudadanos y ciudadanas comunes, jóvenes y no tan jóvenes que están demostrando, como dice en una de las pancartas, que “la voz es nuestra arma”. El poder de la comunicación y la no-violencia es más fuerte. Ese es el mensaje de esos jóvenes y los no tan jóvenes que despertaron de su largo letargo.

Por eso, ¡indignadas e indignados del mundo, uníos!

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