octubre 26, 2020

La OEA, el Mar y una oportunidad


Editorial La Época-.


Bolivia y Chile se verán la cara en la Organización de Estados Americanos el martes 7 de junio. El gobierno boliviano hará conocer los argumentos históricos, políticos y de justicia que acompañan su demanda de una salida soberana al Pacífico. El gobierno chileno, por otra parte, insistirá en la vigencia del Tratado de 1904, con el cual obtenía soberanía absoluta sobre el territorio que le arrebató a Bolivia con la guerra de 1879.

No hay duda que los puntos de partida de Bolivia son el cuestionamiento a la teoría que la guerra da derechos, inaceptable para los tiempos actuales, y a lo profundamente lesivo que es el tratado de 1904 para el país, varias veces vulnerado por el estado chileno.

Es evidente, como ha señalado Alvaro García Linera en España, que la agenda de trece puntos acordada por ambos países en 2006, cuando en La Moneda se encontraba el gobierno de la Concertación, ha sufrido esperados retrocesos en el gobierno derechista de Piñera. Pero no hay que engañarse: a diferencia de Bolivia, el vecino país tiene una política de Estado frente al tema y sus formas de ejecución tienen solo matices en dependencia de la naturaleza de quien se encuentra en la titularidad política del poder político.

Pero no es bueno quedarse en lamentos y siempre hay oportunidades para plasmar criterios y hechos fundacionales. La reunión de la OEA, que se llevará a cabo en El Salvador, se presenta oportuna para que Bolivia desarrolle una estrategia global —distinta de la que ha tenido hasta ahora— que debería ser mantenida en el tiempo y convertida en política de estado a partir de lo establecido en los artículos 261 y 262 de la Constitución Política del Estado Plurinacional. El primero apunta a que se declara irrenunciable e imprescriptible el derecho del Estado boliviano sobre el territorio que le de acceso al Océano Pacífico y su espacio marítimo y que la solución al diferendo marítimo (con Chile se entiende) a través de medios pacíficos y el ejercicio pleno de la soberanía sobre dicho territorio constituyen objetivos permanentes e irrenunciables del Estado boliviano.

Si esto es así, eso implica que el Estado Plurinacional de Bolivia, a través del Canciller y de sus representantes directos ante la OEA, presente una resolución de apoyo a su demanda de una salida soberana al Pacífico. Por lo tanto, el lobby con otros gobiernos del continente, que ya se hizo en 2010 con buenos resultados, debería tener como norte que cada año sean más los estados que se sumen a la causa boliviana o por lo menos, en el peor de los casos, declaren su abstención antes que su respaldo a Chile.

La presentación anual de la resolución conducirá a ser proactivos y exigirá contar con un Ministerio de Relaciones Exteriores que vaya haciendo ajustes permanentes a las relaciones de Bolivia con otros países del continente, lo que al mismo tiempo demandará ir trabajando en la generación de consensos dentro del país.

Este tipo de actuación en la OEA, como es obvio, solo será parte de una estrategia global que el Estado Plurinacional debe tener, independientemente de la naturaleza del gobierno, para continuar bregando por una causa compartida y deseada por todos los bolivianos.

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