octubre 23, 2020

Culturas de los Andes celebran Año Nuevo Andino – Amazónico

Parte del patrimonio cultural de los pueblos de la región andina lo constituye los rituales que marcan el inicio de un nuevo ciclo, que año tras año, se celebra el 21 de junio, tras recibir los primeros rayos del sol, fecha que desde el 2010, mediante decreto supremo, en Bolivia fue declarada, “feriado nacional”, con el nombre de “Año Nuevo Andino Amazónico”, denominación que otorgó el presidente Evo Morales, a modo de aclarar que no se trata únicamente de una celebración aymara y que es celebrada por varias culturas de Los Andes de América.

Esta celebración, por cierto, la comparten las culturas originarias de la región andina, y cada cual a su manera le otorga una significación y particularidad, pero que en la mayoría de los casos representa la renovación de la vida, de la naturaleza, del nuevo ciclo que comienza, dentro de la comprensión cíclica del tiempo, compartida por la mayoría de éstas.

Y si bien existen diversos significados, que le atribuyen a esta celebración las diferentes culturas, sin embargo al parecer el rasgo común indudable es que guarda relación con el inicio de un nuevo ciclo, y que se constituye en una categoría organizadora de las actividades productivas y políticas, como es el caso de algunas comunidades que renuevan a sus autoridades originarias en esa misma fecha.

La sacralización de estos momentos en que se producen los cambios, es otro rasgo común de nuestras culturas andinas, que se ha sido transmitido de generación en generación.

En Bolivia, al menos 80 lugares se preparan para recibir el solsticio de Invierno, muchos de los cuales son centros ceremoniales arqueológicos, como Tiwanaku, Qhunqhu Wankani, Samaipata, entre otros, cargados de significado y de memoria de las culturas que se desarrollaron antes de la llegada de los españoles y que en varios de los países cobran, cada día, un significado mayor para los pueblos que buscan el (re)encuentro con esas raíces profundas, hallando mayor asidero en la mirada hacia su pasado remoto, en los sitios y vestigios arqueológicos de culturas milenarias que se asentaron y desarrollaron en la región.

En la reconstrucción de la identidad de los pueblos andinos, la revalorización de su herencia cultural es fundamental, a la vez que revitalizar y vigorizar la cultura viva, en una suerte de recreación permanente, a fin de no alentar miradas y visiones estáticas, monolíticas. Así, la cultura se nutre del pasado, y se renueva permanentemente.

La noción de renovación permanente es la que, se espera, inaugure constantemente los nuevos ciclos que comienzan y que llegan cargados de una poderosa energía, como signo de vida, que esperamos nos inunde plenamente este 21 de junio y los venideros.

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