octubre 24, 2020

Manifestaciones masivas en España el 19 de junio: Prende la lucha contra la crisis capitalista

por: Raúl Camargo Fernández *

La protesta social se está extiendo rápidamente en el Estado español y parece que ha venido para quedarse. Tras el éxito inesperado de la manifestación del 15 de mayo, convocada a través de las redes sociales por la plataforma “ Democracia Real Ya”, un torbellino movilizador está azotando el país, que tras años de parálisis, lleva un mes sumido en un proceso sorprendente de participación social. Las acampadas han proliferado en las plazas de todas las ciudades, con dos referentes principales en la Puerta del Sol de Madrid y la Plaza Cataluña de Barcelona. La organización asamblearia de las acampadas, el método para tomar decisiones así como la creación de decenas de comisiones de trabajo han supuesto una nueva forma de agrupamiento, que ha sido vista con desconfianza por los partidos políticos tradicionales y los poderosos medios de comunicación de la derecha. Las acciones impulsadas desde las acampadas populares se han multiplicado en las últimas semanas. Todas ellas han servido para poner de relieve las injusticias del sistema político y económico español y europeo. Las más destacadas han sido las relativas a la paralización de los desalojos de sus casas de personas que no podían hacer frente al pago de unas hipotecas abusivas y el intento de bloquear el acceso al Parlamento de Cataluña a los diputados que se disponían a aprobar todo tipo de recortes en los servicios públicos. Las acciones contra el desalojo de las casas han demostrado una incipiente solidaridad de clase, ya que son los sectores más desfavorecidos, en especial los inmigrantes, quienes están sufriendo estas situaciones. El 15 de junio tuvo lugar la acción que interrumpió el normal funcionamiento del Parlamento catalán fue también exitosa (el Presidente, Artur Mas, tuvo que llegar al hemiciclo en helicóptero) pero también aparecieron algunas actitudes violentas, provocadas seguramente por policías infiltrados, como demuestra un vídeo que circula en Youtube, que fueron utilizadas vilmente por los medios de comunicación y por políticos de todo signo para criminalizar al movimiento.

19-J: Momento crucial

Era especialmente importante que después de la tremenda campaña intimidatoria política y mediática desencadenada tras el 15-J catalán hubiera mucha gente en la calle, especialmente en Barcelona. Pero también, proporcionalmente a las posibilidades de cada lugar, en todas partes: en Canarias, en Galicia, en Bilbao, en San Sebastián y así hasta en 60 ciudades del Estado español.

En Madrid la cifra real de manifestantes estuvo mucho más cerca de los 150.000 que dio la acampada, que de los cálculos policiales o de una empresa que se encarga de contar manifestantes a la baja, a gusto de los poderosos.

Fue una idea genial la organización de columnas de manifestantes desde barrios y pueblos, como un enramado de afluentes que desembocaron en la reunión general en la Plaza de Neptuno. Una idea que, por cierto, viene del ala militante del movimiento obrero madrileño, y a la que el 15-M tuvo la inteligencia de sumarse; los resultados de la sinergia han sido espectaculares.

Esta forma de marcha ha creado por sí sola una conciencia de movimiento y de causa común muy fuerte. Ha propiciado también una intensa emoción y alegría compartidas. Sentimientos que no son en absoluto ajenos a la política entendida como una práctica emancipatoria; tantos miles de abrazos auténticos entre la gente son la imagen antagónica de las risas y las carantoñas estúpidas de los políticos profesionales cuando posan para las cámaras.

Hubo también un ambiente más “popular”, menos protagonizado por jóvenes, una participación mucho más numerosa que en otras ocasiones de gente “mayor”. En este sector, la idea recogida en una de las pancartas de la marcha: “Dormíamos. Nos hemos despertado”, toma un sentido especial, que se expresa en muchas declaraciones: algo así, como un “arrepentimiento” de la pasividad del pasado -de los “años de plomo” de tantas batallas perdidas, porque no se dieron, desde mediados de los 80 – junto con un compromiso de no aceptar más somníferos, vengan de donde vengan.

Se abre así la posibilidad de afrontar una cuestión central para el movimiento: la plena incorporación a él de las clases trabajadoras. Es un objetivo y un desafío muy difícil. La iniciativa que se está considerando de convocar una huelga general con autonomía de los sindicatos es muy arriesgada, pero no es desdeñable.

Ha crecido también la participación de inmigrantes, especialmente latinoamericanos que cuentan con la ventaja para la participación del idioma común. Queda mucho por hacer, pero es vital que el movimiento sea capaz de ser solidario en las “distancias cortas”, con quienes sufren los golpes más duros de la ausencia de derechos, la represión y la crisis.

Un nuevo movimiento social, y más aún un proyecto de nuevo movimiento social, entra difícilmente en las clasificaciones políticas habituales. En todo caso, el 19-J ha concluido el debate, muy poco interesante, sobre si el movimiento era “de izquierdas”, o se limitaba a la presión sobre el sistema en nombre de reformas democráticas y una difusa demanda de justicia social. Estamos, en realidad, ante el nacimiento de un “pueblo de izquierdas” que ha estado ausente de la realidad española, o al menos no ha tenido conciencia de sí mismo, desde los tiempos de la República. La diversidad política, ideológica, de experiencias, aspiraciones y tradiciones, es enorme como no podía ser menos. Pero llama la atención la dinámica vertiginosa de maduración política común.

Es un pronóstico razonable pensar que esta dinámica de maduración, o si se quiere de “radicalización” unitaria, no podrá mantenerse durante mucho tiempo más, máxime con la perspectiva de unas elecciones generales, cuya fecha aún es dudosa entre noviembre de este año o marzo de 2012. Por eso fortalecer el “cemento común” para que pueda convivir con debates y con opciones diferentes de sectores del movimiento en determinadas circunstancias es una tarea muy importante, que debería nacer de abajo a arriba, echando raíces en las asamblea de barrios y pueblos.

Ese cemento necesita para fortalecerse, sobre todo, acción y comunicación. Por eso el activismo actual, que puede parecer excesivo, con decenas de iniciativas en estudio o en marcha, es positivo. Y el trabajo de toda la gente de comunicación: hackers, periodistas por escrito, fotografía, video… está haciendo ya una contribución magnífica al desarrollo del movimiento, pero tienen aún mucho tajo por delante; porque de ellas y ellos depende que se fortalezca la autonomía del movimiento respecto a los medios convencionales (muy necesaria, como hemos podido comprobar con la campaña orquestada tras el 15-J) y se creen espacios de debate compatibles con la marcha general del movimiento que, como hasta ahora, tendría que seguir basada en la acción.

No hay duda: ya nada será como antes y todo será mejor que antes. No ya mejor de lo que existía antes: eso era fácil de mejorar. Mejor de lo que podíamos haber imaginado.

La izquierda social y política española necesitaba un cambio radical en la movilización y las expectativas de la gente “de abajo”, especialmente la gente joven, para poder un salto adelante en cantidad y calidad, para que pudiera plantearse como una tarea actual la construcción de un referente político anticapitalista con influencia social. Pues ahí está la posibilidad material, no sólo la ilusión o la esperanza, para ese cambio.

También está ahí un desafío. Porque lo que ha ocurrido no sólo es mejor de lo que podíamos haber imaginado. Es también, y sobre todo, diferente a como podíamos haberlo imaginado. Y lo que toca ahora es aprender a jugar cuando “el movimiento real que critica el orden existente” está cambiando las reglas del juego.

*     Militante de la Izquierda Anticapitalista Española

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